Ilimitado (Generations 2) 5. Justa y no limpia #3
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5. Justa y no limpia #3

Pero, en ese momento, con esos trucos fallidos y de nuevo sobre sus talones, Duvon no se alarmaba y su expresión mostraba inquietud, no susto.

Había querido vencer a Zaknafein él solo, únicamente con su inteligencia y osadía.

Eso no quería decir que creyera que corría el peligro de perder.

Y Zaknafein sabía que debía creerlo. Sus dos espadas se fueron hacia delante, luego retrocedieron con tal velocidad que Duvon no las alcanzó con su bloqueo.

De vuelta hacia el torso de Duvon fueron las dos espadas, inicialmente paralelas, pero luego abriéndose en un ángulo más ancho.

Así, la hoja izquierda evitó un poderoso tajo de la espada derecha de Duvon, un rápido bloqueo que el maestro de armas Fey-Branche, sin duda, esperaba que desviara ambas armas, inofensivas, hacia un lado.

Su segunda espada se elevaba para introducirse sobre el bloqueo, y Duvon tuvo que saltar hacia atrás y bajar la espada rápidamente ante él solo para evitar la estocada de Zaknafein.

Aun así, fue alcanzado, dolorosamente si su gañido servía de indicación, en el muslo izquierdo.

Duvon retrocedió otro paso y rotó hacia su derecha, pensando en dar una vuelta completa para acabar equilibrado al frente y a un lado.

Pero Zaknafein era demasiado rápido para eso, y su persecución obligó a Duvon a interrumpir su giro a mitad de camino y a lanzarse corriendo hacia la pared natural de la estalagmita que bordeaba el callejón.

Hacia arriba fue con sorprendente gracia y velocidad, justo delante de las espadas de Zaknafein.

Saltó y dio una voltereta en el aire, un movimiento que normalmente le hubiera devuelto al suelo, detrás de Zaknafein.

Pero no esta vez, porque Duvon, con sus propias espadas en movimiento con las que fingía su pretensión de cubrir esa distancia, acortó su salto hacia atrás y regresó al mismo punto desde el que había saltado, pero esta vez de cara a su oponente.

Zaknafein consiguió alcanzar con un doloroso golpe a Duvon en la espinilla, y solo la armadura le salvó de una herida muy grave.

Pero Duvon pilló el ritmo rápidamente mientras se defendía con sus espadas moviéndose por abajo. Zaknafein, aunque se mantenía en el suelo, le seguía el ritmo, porque ahí él tenía la iniciativa. Duvon se movía como loco de un lado al otro; blandía las espadas en un extraño ángulo.

Finalmente, este consiguió ascender más en la estalagmita, a lo que Zaknafein empezó a subirla, pero solo un paso. Desde ahí tomó impulso y saltó hacia atrás, para aterrizar en la mitad del callejón, de cara a su rival y haciéndole gestos para que se acercara.

Duvon miró hacia el lado, solo un instante, pero Zaknafein lo vio.

Luego, saltó hacia él desde lo alto. Zaknafein notó un cosquilleó, como si una pluma le pasara inofensiva por la frente.

Eso fue todo.

Como Jarlaxle le había prometido.

Zaknafein se quedó muy tieso, parpadeando despistado, bajando las espadas.

Duvon fue a por él, blandiendo las espadas en círculos a ambos lados, hacia atrás y hacia arriba, hacia delante y hacia abajo.

Finalizó ese furioso ritmo perfectamente mientras cubría los últimos pasos, con las espadas hacia arriba, detenidas en un alineamiento perfecto para bajar hacia el pecho del impotente Zaknafein.

El maestro de armas de la Casa Fey-Branche, anterior primogénito y maestro de armas de la Casa Tr’arach, gritó su victoria…

Demasiado pronto.

Porque de repente Zaknafein ya no estaba allí, y las espadas de Duvon se clavaron en el aire.

Una pierna le golpeó en la parte delantera del tobillo adelantado, y una segunda pierna se le cerró con fuerza sobre la corva de la rodilla de atrás y luego también la rodilla de delante, al juntar las piernas.

Duvon se cayó de cabeza por el callejón, rebotando, y luego rodó y se retorció, hasta ponerse de rodillas desesperadamente, mirando hacia atrás y cortando el aire con las espadas para detener cualquier acercamiento inesperado.

Pero, claro, de nuevo Zaknafein ya no estaba allí, no en la línea de la defensa de Duvon como mínimo.

No, estaba en el aire; había efectuado un gran salto y un giro, con sus espadas en el pecho, apuntando hacia abajo.

Aterrizó detrás de Duvon, justo detrás, y siguió cayendo, llevando las espadas hacia abajo con su peso, el impulso y la fuerza de Zaknafein luchando contra la magnífica armadura.

En el lado derecho de la cabeza de Duvon, la punta de la espada se torció, pero aun así le hizo un corte desde el final del cuello hasta el pecho.

La espada de la izquierda le pilló más directamente, y Zaknafein ajustó rápidamente su peso para presionarla hacia abajo, hasta finalmente atravesar la obstinada armadura y penetrar en la suave piel de la clavícula de Duvon, justo en el hoyuelo.

Hacia abajo se deslizaron las espadas, y una brillante línea roja apareció en el pecho derecho del drow condenado, mientras la sangre salía a chorros de la herida de su izquierda.

Los espectadores gritaron, vitorearon, chillaron negando las apuestas perdidas, y por encima de todos ellos Zaknafein oyó la voz de Jarlaxle: «¡Bah!».