1. Libres #3
Siguieron adelante, pasado Narbondel y por la parte de la ciudad conocida como Narbondellyn, corriendo, saltado, escalando, fluyendo de un salto a una voltereta, y a otra, ejecutando una maniobra de escalada de araña en un muro casi vertical.
Pasaron el largo patio y las estructuras de la Casa Fey-Branche, e incluso, en un punto, subieron al muro norte de ese recinto, correteando como un par de ratas gigantes para huir de la ronroneante persecución de una bestia desplazadora hambrienta.
Se acercaron a la esquina noreste, donde el muro torcía en un ángulo recto.
Cuando los guardias comenzaron a gritar, Jarlaxle se inclinó hacia delante sin dejar de correr, puso la mano derecha en lo alto del muro y saltó por encima.
Finalmente, cayó de pie sobre el otro muro, de cara al complejo, para saludar con la mano a los sorprendidos centinelas Fey-Branche antes de dar un salto hacia atrás y alejarse por el este.
Zaknafein ya volaba de igual modo, incluso antes de que Jarlaxle tocara el suelo, y se giró mientras descendía del salto, como había hecho Jarlaxle, para salir corriendo en cuanto tocó el suelo.
Justo detrás de su viejo amigo, el maestro de armas saltó sobre un muro en un estrecho callejón, se tiró hacia delante sin parar de mover los pies y fue palmeando la pared opuesta manteniéndose casi horizontal, en lo alto, hasta que torció una esquina.
Allí, aun imitando a Jarlaxle, se dejó caer de pie y corrió hacia el noroeste por el sinuoso callejón.
No pudo evitar sonreír cuando oyó una saetea de ballesta golpear la pared contra la esquina que con tanta habilidad había torcido.
Siguió los talones del mercenario mientras ambos entraban en el Braeryn, donde los que conocían el reto y habían salido a mirar desde el Micónido Supurante ya los podían ver y animar silenciosamente.
Un claro en el suelo los hizo esprintar casi lado a lado hasta que Zaknafein superó a Jarlaxle, adelantándolo por la derecha.
Cuando solo dos paredes, una alta hasta el cuello y la otra hasta la cintura, eran lo único que los separaba de la puerta de la taberna, Zaknafein realizó su nuevo movimiento.
Avanzó el pie derecho, pero lo torció hacia adentro, hacia la izquierda.
Lo plantó con fuerza, dio media vuelta y se fue impulsando con la pierna izquierda detrás de la derecha, subiendo, subiendo todo lo que pudo.
Saltó hacia el aire, y pasó por encima de la pared alta hasta el cuello, y aterrizó en el otro lado, de cara a Jarlaxle, que estaba empleando la maniobra de salto hacia atrás con las manos sobre la pared.
Sin bajar el ritmo, Zaknafein saltó de nuevo en un mortal carpado sobre la segunda pared, más baja. Aterrizó con los pies que ya corrían, cargó a través del espacio que quedaba y se lanzó con el hombro contra la puerta del Micónido Supurante para atravesarla y ser recibido con crecientes vítores.
No muy lejos, cerca del Narbondellyn, dentro del mismo complejo sobre cuya pared habían corrido los dos, una joven matrona de una de las casas más antiguas de la ciudad se interesó en un mensajero procedente del Micónido Supurante.
—Ahora está con Jarlaxle —explicó el hombre, un pícaro sin casa cuya sangre estaba demasiado cargada de esporas de las setas que alteraban la mente, hongos mascados y alcohol para servir de nada a nadie, a nadie excepto a la Matrona Byrtyn.
Su maestro de armas. Avinvesa Fey, se hallaba junto al mensajero, asintiendo y sonriendo con sorna.
—Mi hermana también está ahí —dijo Avinvesa a su matrona, que lo había adquirido de la banda de Jarlaxle por una cuantiosa suma de oro y magia.
—No tienes hermanas —le recordó la matrona Byrtyn.
Al menos formalmente, para ella, la existencia previa de ese hombre estaba muerta y enterrada, y ese tipo de referencias al pasado simplemente no se podían permitir. Avinvesa no dijo nada.
Byrtyn se recostó en su cómodo trono, ponderando las noticias, y agitó la mano para que los dos varones bajaran del estrado.
—¿Por qué lo habrá dejado salir esta vez la Matrona Malicia? —preguntó a la sacerdotisa Affyn, su tercera hija, pero quizá la más impresionante, que se hallaba a su lado—. Ha lanzado muchas telarañas, y exhibir su más valorado tesoro abiertamente…
—Suponiendo que lo sepa —respondió Affyn—. La Matrona Malicia a menudo está… indispuesta, y, sin duda, su famoso maestro de armas es un rebelde.
—Y un gran amigo de Jarlaxle —admitió Byrtyn. Esta miró hacia delante de nuevo y agitó una mano hacia Avinvesa y su invitado por segunda vez, despidiéndolos.
—Este podría ser un buen momento para librarnos de Zaknafein —dijo Affyn cuando se quedaron solas.
Byrtyn asintió, considerando sus opciones.
Los movimientos ambiciosos y agresivos de la Casa Do’Urden aún no la habían puesto directamente en contra de la Casa Fey-Branche, pero parecía ser solo cuestión de tiempo; a no ser, claro, que la Casa Do’Urden sufriera la pérdida de un activo tan importante como Zaknafein.
El lazo personal también estaba ahí, porque Avinvesa, antiguamente Duvon Tr’arach, aún mantenía un malsano resentimiento contra Zaknafein, al que culpaba de la caída de su casa y su familia.
Tanto daba que Duvon solo hubiera sobrevivido gracias a los esfuerzos de Jarlaxle y su banda de alegres inadaptados; el rencor hacia Zaknafein se mantenía.
En ese mismo momento, Byrtyn había visto en los ojos de su maestro de armas el ansia que le producía la mera idea de que su rival pudiera ser expuesto y eliminado.
Matrona Byrtyn había gastado muchos recursos en Duvon; no solo para adquirirlo de Jarlaxle, sino también para entrenarlo, vestirlo, incluso colocándole mejoras de fuerza y velocidad que solo unos magos muy caros habían convertido en permanentes.
Lo había trasformado en un perfecto maestro de armas, quizá incluso lo suficientemente fuerte para vencer a Zaknafein Do’Urden… con un poco de ayuda.
—¿Cómo le va a Geldrin? —preguntó ella.
Affyn había sido claramente pillada de improviso con esa pregunta, lo que decepcionó a Byrtyn.
Estaban hablando de Zaknafein y de asuntos de la casa peligrosos e importantes, que incluían la potencial pérdida del actual maestro de armas.
¿Por qué no iba Byrtyn a preguntar sobre su propio hijo, que hacía poco había regresado de Melee-Magthere?
A fin de cuentas, él era el sucesor lógico de Avinvesa, que no tenía sangre Fey.
—Su entrenamiento avanza adecuadamente —contestó Affyn, una vez recobrada la compostura.
La Matrona Byrtyn asintió y se frotó la barbilla.
—Le falta bastante para poder asumir una posición de gran responsabilidad —añadió Affyn, aparentemente preocupada.
De nuevo, Byrtyn asintió, pero también sonrió.
—¿Puede vencer a Zaknafein? —preguntó, más para sí que para su hija.
—No —contestó Affyn, de todos modos—. ¿Geldrin? El maestro de armas Do’Urden le…