CAPÍTULO 49 #2
—Mucho más que eso. Rubén siempre creyó que le debía la vida.
Si aquel expediente hubiera salido adelante, jamás habría podido ingresar en el cuerpo—Alex hizo una breve pausa antes de continuar—Pasaron los años.
Cada uno siguió su camino hasta que apareció el caso de Lucía.
Fue entonces cuando Rubén descubrió quién era realmente Gabriel...
y también todo lo que llevaba haciendo desde mucho antes.
Claudia sintió un vuelco en el estómago.
— ¿Ya había otras chicas?
—Sí. Gabriel confesó que Lucía no fue la primera.
Lucía escuchó sin querer una conversación telefónica entre Rubén y Gabriel, y ahí fue cuando empezó a investigar.
Rubén encontró indicios suficientes para detenerlo, pero hacerlo significaba entregar a la persona que, según él, le había salvado la vida años atrás.
—Y decidió devolverle el favor...
—Si—La voz de Alex sonó más dura—Al principio solo manipuló algunas pruebas.
Convenció a los agentes de que determinadas pistas no tenían importancia, desvió la investigación y consiguió que el caso terminara enfriándose.
Pensó que sería algo puntual, que después Gabriel desaparecería de su vida y todo acabaría ahí.
Claudia dejó escapar una risa amarga antes de añadir:
—Pero no terminó.
—No. Cada mentira lo obligó a contar otra.
Después llegaron más desapariciones, más pruebas que ocultar y más decisiones que justificar.
Cuando quiso reaccionar llevaba tantos años protegiéndolo que denunciarlo significaba destruir su carrera, perderlo todo y reconocer que había permitido morir a varias chicas.
Claudia permaneció inmóvil. Y entonces otra idea la golpeó de repente.
—Mi psicólogo...
Alex asintió despacio.
—También fue decisión de Rubén.
Ella lo miró sin dar crédito.
—Fue él quien insistió en que acudieras a Gabriel. Sabía que confiabas plenamente en su criterio y estaba convencido de que nunca sospecharías de la persona que te ayudaba a superar la muerte de tu hermana.
Claudia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Mientras yo intentaba entender lo que había pasado con Lucía...
—Gabriel escuchaba todo lo que recordabas, todo lo que te inquietaba y cada paso que dabas. Si alguna vez te acercabas demasiado a la verdad, él sería el primero en saberlo.
Claudia cerró los ojos con fuerza. Ahora entendía por qué, durante tantos años, siempre había sentido que alguien iba un paso por delante de ella.
Nunca había sido casualidad. Habían estado observándola desde el principio.
Aquello dolía casi tanto como descubrir que Rubén era culpable.
Porque comprendía que, en algún momento, el hombre que había sido como un padre para ella había dejado de pensar en las víctimas para empezar a pensar únicamente en sí mismo.
Cuando volvió a abrir los ojos, encontró a Alex observándola en silencio.
— ¿Sabes qué es lo más extraño? —preguntó ella.
— ¿Qué?
—Que pensaba que, cuando todo terminara, sentiría que recuperaba una parte de mí. Y lo único que noto es agotamiento.
Alex sonrió con suavidad.
—Eso es porque llevas demasiado tiempo luchando.
—Puede ser...
Durante unos instantes ninguno de los dos dijo nada. El silencio ya no pesaba como antes. Después de todo lo que habían vivido, había cosas que no necesitaban explicarse. Fue Claudia quien rompió el silencio.
—Gracias.
Alex soltó una pequeña risa, más de incredulidad que de otra cosa.
—Después de todo lo que ha pasado... ¿de verdad la primera palabra que se te ocurre es esa?
Ella también sonrió, aunque el cansancio seguía pesándole en cada gesto.
—Llevo un rato dándole vueltas desde que me desperté. Podría decir muchas cosas... pero esa es la única que no deja de repetirse en mi cabeza.
Alex guardó silencio. Sabía que aún no había terminado.
—Cuando abrí los ojos y te vi aquí... entendí que no te habías ido en ningún momento.
Él bajó la vista hacia sus manos, como si aquello le resultara mucho más difícil de escuchar que cualquiera de las escenas que habían vivido durante la investigación.
—No podía hacerlo.
La respuesta fue tan sencilla que Claudia tardó unos segundos en reaccionar.
— ¿Por qué?
Alex dejó escapar el aire despacio antes de contestar.
—Porque no soportaba la idea de que despertaras sola. Bastante has tenido que enfrentarte tú sola a demasiadas cosas durante estos años. No había otro lugar donde quisiera estar.
Aquellas palabras rompieron algo dentro de ella. Durante años había aprendido a desconfiar, a cargar sola con todo y a no esperar que nadie permaneciera a su lado cuando las cosas se complicaban. Él había hecho exactamente lo contrario.
Con un pequeño esfuerzo, Claudia deslizó la mano sobre la sábana hasta rozar la suya. Alex reaccionó casi por instinto. Entrelazó sus dedos con los de ella y los sostuvo con cuidado, como si temiera hacerle daño. Ninguno de los dos apartó la mano.
— ¿Y ahora qué? —preguntó Claudia en voz baja.
Alex sonrió apenas un poco, él también estaba agotado por todo lo ocurrido.
—Ahora te recuperas.
—Sabes que no hablo del hospital.
Él soltó una pequeña risa.
—Sí... lo sé—La observó unos segundos antes de continuar—Supongo que ahora tendremos que aprender a vivir sin que un asesinato sea lo primero en lo que pensemos al despertar.
Claudia no pudo evitar sonreír.
—Suena raro.
—Mucho.
Volvieron a quedarse en silencio. Esta vez no era un silencio lleno de preguntas, sino de respuestas. Alex acarició con el pulgar su mano.
— ¿Sabes una cosa?
— ¿Qué?
—Cuando te encontré en aquel cobertizo... pensé que te perdía—La voz se le quebró apenas un instante—Y en ese momento comprendí que ya no sabía imaginar mi vida sin ti.
Claudia sintió un nudo en la garganta. Durante unos segundos fue incapaz de decir nada. Solo lo miró. Después apretó un poco más su mano.
—No pienso ponértelo tan fácil.
Alex dejó escapar una risa sincera, la primera en mucho tiempo.
—Menos mal. Porque empezaba a cansarme de hablarte mientras estabas dormida.
Ella lo observó con incredulidad.
— ¿Has estado haciéndolo?
—Más de lo que me gustaría reconocer.
—Estás fatal.
—Puede—Esbozó una pequeña sonrisa—Pero la próxima vez avísame antes de decidir asustarme de esa manera.
Ella no apartó la vista de él. Durante demasiado tiempo había escondido lo que sentía detrás del trabajo, la culpa y el miedo. Ya no quería seguir haciéndolo.
—No creo que vuelva a tener que enfrentarme a nada de eso.
—No—Apretó un poco más su mano—Porque la próxima vez no vas a hacerlo sola.
Claudia sintió cómo una lágrima resbalaba por su mejilla. Esta vez no era de tristeza. Era la primera que derramaba sin culpa.
Fuera, el hospital seguía inmerso en su rutina.
Los pasos recorrían el pasillo, los monitores marcaban el paso de las horas y las puertas continuaban abriéndose y cerrándose como cualquier otro día.
Dentro de aquella habitación, sin embargo, algo había cambiado para siempre.
El caso había terminado. Las respuestas habían llegado.
Y, aunque las cicatrices tardarían tiempo en desaparecer, ambos sabían que el camino que les esperaba ya no tendrían que recorrerlo por separado.