Ignorada CAPÍTULO 49
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CAPÍTULO 49

Un pitido constante, suave pero insistente, fue atravesando poco a poco la oscuridad en la que Claudia llevaba quién sabía cuánto tiempo atrapada.

Después llegó la luz, demasiado intensa al principio, obligándola a entrecerrar los ojos mientras todo a su alrededor seguía envuelto en una neblina confusa.

Parpadeó varias veces hasta que las formas comenzaron a definirse.

Un techo blanco. Las paredes. El olor inconfundible del desinfectante. Un hospital.

Intentó incorporarse por puro impulso, pero un dolor punzante le atravesó la cabeza y la obligó a detenerse de inmediato. Permaneció inmóvil unos segundos, respirando despacio mientras esperaba a que aquella punzada remitiera lo suficiente para poder volver a abrir los ojos con normalidad.

Fue entonces cuando vio a Alex. Sentado junto a la cama, con los codos apoyados sobre las rodillas y la mirada perdida en algún punto del suelo. La barba empezaba a cubrirle el rostro más de lo habitual y el cansancio se reflejaba en unas ojeras que no había intentado ocultar.

Al notar el movimiento levantó la vista de golpe. Durante un instante ninguno de los dos dijo nada. Después Alex se puso en pie casi sin darse cuenta.

—Claudia...

Solo pronunció su nombre, pero en aquella palabra había más alivio que en cualquier otra cosa que pudiera haber dicho. Ella intentó responder, aunque la garganta apenas le permitió dejar escapar un hilo de voz.

— ¿Qué... qué ha pasado?

Una sonrisa cansada asomó por un instante en el rostro de Alex.

—Has decidido darnos el susto de nuestra vida.

Claudia intentó sonreír, aunque apenas lo consiguió. Bastó un instante para que la memoria le devolviera imágenes que habría preferido olvidar: el cobertizo, Gabriel, la traición de Rubén y el golpe que la dejó inconsciente. Alzó la vista enseguida y buscó los ojos de Alex.

—Daniela...

—Está bien—La respuesta llegó antes incluso de que terminara la pregunta—La encontraron contigo. Tiene algunos golpes y un buen susto encima, pero está fuera de peligro. Los médicos dicen que se recuperará completamente.

Claudia cerró los ojos unos segundos. Una parte del peso que llevaba sobre los hombros desapareció en ese mismo instante.

—Menos mal...

Alex permaneció observándola en silencio. Había imaginado muchas veces aquel momento durante las horas que pasó sentado junto a aquella cama, pero ahora que ella volvía a mirarlo descubría que ninguna de las palabras que había preparado servía realmente para describir lo que había sentido.

Claudia permaneció unos segundos en silencio. Aún había una pregunta que necesitaba hacer.

— ¿Y Gabriel?

Alex no apartó la vista de ella.

—Está detenido. Igual que Rubén.

Claudia dejó escapar el aire muy despacio. Había esperado escuchar esas palabras durante años, convencida de que, cuando llegara ese momento, sentiría alivio. Sin embargo, lo único que encontró fue la certeza de que nada podría devolverle a Lucía ni borrar todo lo que había ocurrido.

— ¿No intentaron escapar?

—Gabriel lo intentó durante unos segundos, pero los agentes llegaron justo a tiempo. Rubén ni siquiera opuso resistencia.

Claudia bajó la vista hacia las sábanas.

—Supongo que ya sabía que todo había terminado.

—Creo que sí.

Durante unos instantes solo se escuchó el sonido del monitor que marcaba el ritmo de sus pulsaciones. Hasta que Claudia rompió el silencio.

—Entonces... supongo que se acabó.

Alex tardó unos segundos en responder.

—Sí. Al menos el caso.

Claudia lo observó en silencio.

— ¿Y lo demás?

Él entendió enseguida lo que quería decir. No hablaba de la investigación, sino de Lucía, de la culpa que llevaba arrastrando desde hacía años y de todas las respuestas que había buscado sin descanso. Acercó un poco más la silla y esperó a que ella volviera a mirarlo antes de continuar.

—Gabriel ha empezado a declarar.

Claudia lo observó sin apartar la mirada.

— ¿Ha confesado?

—Sí. Aunque no de la manera que esperaríamos cualquiera de nosotros —Alex apoyó los brazos sobre las piernas antes de continuar—No habla como alguien que crea haber cometido un crimen. Está convencido de que hizo lo correcto.

Claudia lo miró con incredulidad.

— ¿Cómo puede pensar eso?

—Porque nunca vio a aquellas chicas como víctimas—Alex continuó hablando con calma—Según él, todas respondían al mismo perfil.

Decía que manipulaban a quienes tenían alrededor, que utilizaban a la gente cuando les convenía y que jamás asumían las consecuencias de lo que hacían.

Creó una idea completamente distorsionada de ellas y terminó creyéndose que estaba haciendo algo necesario.

Claudia permaneció unos segundos en silencio antes de responder.

—Se convirtió en juez.

—Y en verdugo.

Alex hizo una breve pausa antes de añadir:

—Lo más inquietante es que nunca perdió el control.

Cada decisión estaba pensada. Elegía a las víctimas después de observarlas durante semanas, incluso meses.

Hablaba con ellas como orientador en la Universidad, se ganaba su confianza y buscaba cualquier detalle que confirmara la idea que ya tenía formada en su cabeza.

Claudia dejó escapar lentamente el aire.

—No buscaba la verdad...

—Solo necesitaba encontrar algo que justificara lo que ya había decidido hacer.

Claudia permaneció unos instantes mirando el techo de la habitación. Entonces una idea volvió de golpe a su memoria.

— ¿Y las notas? —Preguntó Claudia después de unos segundos— ¿Por qué dejaba siempre la misma palabra?

Alex permaneció un instante en silencio antes de responder.

—También habló de eso—Claudia esperó—Para Gabriel, "Ignorada" nunca fue un mensaje dirigido a la policía. Ni siquiera a las víctimas.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—Entonces... ¿a quién iba dirigido?

—A él mismo—Claudia no apartó la vista de Alex—Decía que todas tenían algo en común.

Estaba convencido de que utilizaban a los chicos que se enamoraban de ellas, jugaban con sus sentimientos y seguían adelante sin detenerse a pensar en el daño que dejaban detrás—Alex hizo una breve pausa antes de continuar—Según él, todas ignoraban ese sufrimiento.

Por eso las llamaba así. No porque fueran mujeres ignoradas, sino porque eran mujeres que ignoraban el dolor que provocaban.

Claudia permaneció en silencio. Ahora empezaba a entenderlo de verdad.

—Está completamente loco. ¿Y por eso las secuestraba?

Alex asintió.

—Creía que todavía podía hacerlas cambiar. Durante los primeros días hablaba con ellas, les hacía preguntas y esperaba que reconocieran lo que habían hecho. Pensaba que, si eran capaces de arrepentirse de verdad, demostrarían que todavía había algo que salvar.

—Pero eso nunca ocurría.

—No—Alex negó lentamente—Porque ellas ni siquiera entendían de qué las estaba acusando.

Algunas apenas recordaban a aquellos chicos.

Otras simplemente habían decidido no continuar una relación.

Pero Gabriel interpretaba cualquier respuesta como una nueva demostración de que seguían sin asumir el daño que habían causado.

Claudia sintió un escalofrío.

—Y cuando llegaba a esa conclusión...

—Escribía la nota, y cuando las mataba la dejaba junto al cuerpo.

Alex sostuvo su mirada.

—"Ignorada". Para él significaba que seguían ignorando el sufrimiento que habían provocado. Era la prueba que necesitaba para convencerse de que ya no merecían otra oportunidad.

Claudia cerró los ojos un instante. Ahora todo cobraba sentido. La palabra nunca había sido una firma. Era un juicio. La condena que Gabriel imponía antes de decidir quién viviría... y quién moriría.

Claudia permaneció unos instantes en silencio, con la mirada perdida en algún punto del techo. Había esperado aquel momento durante años. Había imaginado cientos de veces cómo sería descubrir la verdad sobre Lucía. Sin embargo, ahora que por fin la conocía, no sentía alivio. Solo un enorme vacío.

—Entonces... Lucía nunca fue una víctima elegida desde el principio.

Alex negó despacio.

—No. Gabriel contó que todo cambió cuando empezó a hacer preguntas. Descubrió cosas que nunca debería haber sabido y él entendió que, tarde o temprano, acabaría desenmascarándolo. Como ha ocurrido con Daniela. En el caso de Lucía dejó la nota para no cambiar el patrón.

Claudia bajó la mirada.

—Así que la mató para protegerse...—Alex asintió con gravedad—He pasado media vida pensando que, si aquel día hubiera hecho algo distinto, Lucía seguiría viva. Me repetía una y otra vez que tendría que haber insistido más, acompañarla o darme cuenta antes de que algo no iba bien.

Alex esperó a que terminara antes de responder.

—Nada de eso habría cambiado el final.

— ¿Cómo puedes decir eso?

—Porque Gabriel ya había tomado una decisión. Lucía no murió por un error tuyo. Murió porque descubrió una verdad que él no estaba dispuesto a permitir que saliera a la luz.

Las lágrimas comenzaron a humedecer los ojos de Claudia.

—Y, aun así, nunca he conseguido dejar de sentirme culpable.

Alex acercó un poco más la silla y cogió su mano.

—Lo sé. Pero esa culpa nunca fue tuya.

Claudia permaneció en silencio unos instantes antes de formular la pregunta que llevaba años persiguiéndola.

— ¿Y Rubén?

Alex respiró hondo, sabía que esto le dolía bastante.

—Gabriel habló de él durante el interrogatorio.

No intentó justificarlo, pero explicó cómo empezó todo.

Se conocían desde la universidad. El padre de Gabriel era profesor y, cuando Rubén estaba a punto de ser expulsado por un error muy grave que habría acabado con su carrera antes incluso de empezar, fue él quien manipuló el expediente para que todo desapareciera. Nadie llegó a enterarse nunca.

—Así que le debía la carrera.