CAPÍTULO 40
Nada más cerrar la puerta del piso, Claudia dejó las llaves sobre el mueble de la entrada y se quitó la chaqueta mientras avanzaba hacia el salón.
Llevaba todo el camino de vuelta repasando una y otra vez las mismas imágenes en su cabeza y ya no estaba dispuesta a seguir dándoles vueltas sin comprobar lo que empezaba a parecer demasiado evidente.
Alex la siguió sin necesidad de preguntarle qué pensaba hacer. Había recorrido exactamente el mismo camino mental durante el trayecto desde la universidad. Claudia abrió el cajón del aparador y sacó una caja de guantes de nitrilo.
—Será mejor que le hagamos caso a Rubén por una vez.
Alex sonrió mientras cogía un par.
—No pensaba darle ese disgusto precisamente ahora.
Los dos se colocaron los guantes con la naturalidad de quien llevaba años acostumbrado a tratar cualquier objeto como una posible prueba. Solo entonces Claudia sacó con cuidado la nota encontrada en el bolso de Paula.
IGNORADA.
A continuación, extrajo la que había aparecido dentro de la caja y la dejó junto a la primera.
DEJA DE INVESTIGAR.
Alex abrió la carpeta y depositó a su lado la hoja que había cogido del despacho de Gabriel.
Los tres documentos quedaron alineados sobre la mesa.
Los dos parecían observarlos desde un ángulo distinto, como si esperaran que, después de todo lo ocurrido durante los últimos días, alguno de aquellos papeles terminara revelando algo que hasta entonces había permanecido oculto.
Claudia desplazó una de las notas hacia Alex y esperó a que se acercara.
—Olvídate por un momento de lo que pone. Quiero que te fijes solo en el papel.
Él comprendió enseguida lo que pretendía. Fue comparando los bordes con calma, girando ligeramente las hojas para observar cómo reflejaban la luz antes de levantar de nuevo la vista.
—Si no supiera de dónde ha salido cada una, diría que pertenecen al mismo tipo de papel.
Sin responder, Claudia tomó la tercera hoja y la colocó junto a las otras dos, alineando con cuidado los bordes.
—Eso es lo que me preocupa. Hay demasiadas coincidencias para que todo esto sea fruto del azar.
—El grosor también coincide... y la textura es demasiado parecida como para despacharla como una simple casualidad.
Alex fue pasando la vista de un documento a otro mientras asentía para sí.
—No es el papel que cualquiera compra en una papelería para imprimir cuatro folios. Tiene un acabado distinto.
—Exacto. Y eso significa que quien escribió estas notas no utilizó lo primero que encontró a mano.
Claudia volvió a dejarlas sobre la mesa con el mismo cuidado con el que las había cogido.
—Todo está pensado de antemano. La caja, los mensajes, el momento en que aparecen... No hay nada improvisado.
Alex permaneció unos segundos observando los tres papeles antes de verbalizar la idea que ambos llevaban un rato compartiendo.
—Más que amenazas, parecen movimientos calculados para dirigir la investigación hacia donde le interesa.
Claudia permaneció unos segundos observando las tres notas antes de responder, como si aquella idea acabara de encajar con otras muchas que llevaba tiempo intentando ordenar.
—Control... Eso es lo que ha buscado desde el principio.
Alex volvió a fijarse en los papeles mientras terminaba de desarrollar el razonamiento.
—Exactamente. No pretende asustarte para que abandones el caso. Lo que quiere es decidir hacia dónde diriges cada paso de la investigación... y, sobre todo, apartarte de aquello que realmente podría ponerlo en peligro.
Aquella reflexión hizo que Claudia enlazara varias piezas de golpe.
—Y eso cambia muchas cosas.
Alex comprendió enseguida hacia dónde se dirigía.
—Empiezas a descartar a los estudiantes.
—Pueden ocultar información o incluso mentir para protegerse, pero esto está muy por encima de ellos.
Hace falta tiempo, planificación y conocer demasiado bien cómo funciona todo para preparar algo así sin dejar cabos sueltos.
Ni si quiera el hombre misterioso…pondría la mano en el fuego que es otra pieza más puesta por el asesino para dirigir nuestros pasos hacia otro lado.
Alex volvió a fijarse en las tres hojas.
—Alguien acostumbrado a moverse sin llamar la atención.
—Y con acceso suficiente para saber qué hacemos, cuándo lo hacemos y cómo vamos a reaccionar.
La conclusión resultaba inquietante. Claudia dejó escapar el aire lentamente mientras recogía los documentos.
—Eso significa que no estamos buscando a alguien que apareció de repente. Llevamos demasiado tiempo cruzándonos con él sin darnos cuenta.
Claudia guardó las tres hojas en la carpeta con el mismo cuidado con el que las había sacado. Durante unos segundos permaneció inmóvil, apoyando ambas manos sobre la mesa como si, por mucho que acabaran de descubrir, todavía necesitara ordenar todas las piezas en su cabeza.
Alex la observó en silencio antes de acercarse hasta ella.
—Ya está.
Ella siguió mirando la carpeta. Alex dejó escapar una sonrisa resignada mientras cerraba la carpeta con toda la naturalidad del mundo y la apartaba unos centímetros de su alcance.
—Precisamente por eso.
Claudia siguió el movimiento con la mirada y, cuando comprendió lo que acababa de hacer, volvió a fijarse en él entre divertida e incrédula.
— ¿Acabas de requisarme el trabajo?
—Acabo de impedir que pases las próximas tres horas buscando respuestas que hoy no vas a encontrar.
Ella apoyó una mano en la cadera mientras negaba despacio, sin saber muy bien si discutir o empezar a reírse.
—Todavía quedan muchas cosas por revisar.
—Y seguirán esperándote dentro de una hora... igual que mañana por la mañana. Lo único que va a cambiar si continúas es que llegarás agotada a las mismas conclusiones.
—No. Ahora es cuando empieza todo de verdad.
—No sabía que ahora también decidías cuándo termino de trabajar.
—No lo decido. Lo intento.
Claudia intentó mantener el gesto serio unos segundos más, pero la expresión de Alex terminó por hacerle perder la batalla.
—Eres un caso perdido. Qué pesado puedes llegar a ser.
Él aceptó la crítica con una naturalidad casi ofensiva.
—Eso mismo llevo oyéndolo desde que aparecí con la maleta y, curiosamente, aquí sigo.
Claudia acabó riéndose, incapaz de sostener por más tiempo aquella falsa actitud de indiferencia.
—No confundas que aún no te haya echado con que me haya acostumbrado a tenerte rondando por casa.
—Creo que esa discusión la perdí... o la gané... hace un par de días.
Alex cogió las llaves del mueble de la entrada y se las hizo girar entre los dedos.
—Vamos.
— ¿Adónde?
—A cualquier sitio donde esté prohibido hablar de asesinos, notas, cajas y profesores universitarios.
Ella lo miró con una mezcla de diversión y resignación.
—Ese sitio no existe.
—Pues tendremos que inventarlo.
Media hora después caminaban sin rumbo fijo por el centro de Barcelona. Al doblar una esquina, la silueta inconfundible de la Sagrada Familia apareció durante unos instantes entre los edificios, iluminada por la luz cálida del atardecer.
Claudia levantó la vista apenas un segundo ante de continuar caminando.
A su alrededor, las terrazas rebosaban de conversaciones, los turistas se detenían para hacer fotografías y la ciudad seguía con su ritmo habitual, completamente ajena a la investigación que llevaba días ocupando cada uno de sus pensamientos.
Hacía tiempo que no paseaba sin mirar constantemente el teléfono o sin pensar en el siguiente paso de una investigación.
Aquella sensación le resultaba casi extraña.
— ¿Te has dado cuenta de que llevas casi cinco minutos sin mencionar el caso?
Alex la miró con una sonrisa de satisfacción, como si acabara de conseguir una victoria inesperada.
—Créeme, soy perfectamente consciente. Empiezo a pensar que merezco algún tipo de reconocimiento.
Claudia soltó una risa divertida antes de negar con la cabeza.
—No hablaba de ti.
Él frunció el ceño con fingida extrañeza.
— ¿Ah, no?
—Hablaba de mí. Creo que es la primera vez en varios días que consigo caminar sin darle vueltas a la investigación cada diez segundos.
Alex aprovechó la confesión para sonreír todavía más.
—Entonces la victoria es doble.
Ella le dio un suave golpe con el hombro mientras seguían caminando.
—No te pongas tan orgulloso. Como sigas sacando pecho, voy a volver a hablar del caso solo para llevarte la contraria.
—Ni se te ocurra. Me ha costado demasiado convencerte de que el asesino puede sobrevivir un par de horas sin que lo persigas.
Continuaron caminando unos metros más hasta detenerse frente a una pequeña pizzería. Alex señaló el cartel.
—Dime que no vas a decir que prefieres cocinar.
Claudia soltó una carcajada.
—Después de verte aparecer con una maleta en mi casa, me esperaba cualquier cosa menos que fueras tú quien me invitara a cenar.
—No te acostumbres.
Ella levantó una ceja al escuchar aquellas palabras.
— ¿Acabas de utilizar mi propia frase contra mí?
—Llevo días aprendiendo de la mejor.
Entraron todavía sonriendo.
Mientras esperaban las pizzas discutieron durante varios minutos sobre qué película verían al volver a casa. Claudia defendía que una buena película siempre era un thriller. Alex insistía en que, después de pasarse el día persiguiendo asesinos, lo último que necesitaban era sentarse frente a otro.
—Una comedia.
—Ni hablar.
—Entonces una de aventuras.
—Peor.
— ¿Romántica?
Claudia lo miró fingiendo escandalizarse.
—No pienso reconocer delante de un policía que veo películas románticas.
—No hace falta. Ya lo haré yo cuando alguien me pregunte.
Claudia cogió una aceituna del plato y se la lanzó con toda la intención de borrar aquella sonrisa de suficiencia.
—No tienes remedio.
Alex la atrapó al vuelo con una naturalidad que la hizo arquear una ceja.
—Puede ser... pero, aun sabiendo eso, has decidido seguir soportándome.
Ella intentó responder con la misma seguridad de siempre, aunque la sonrisa terminó delatándola.
—Digamos que empiezo a acostumbrarme a tenerte cerca.
Aquellas palabras hicieron que la expresión de Alex cambiara por completo. La diversión dio paso a una mirada mucho más cálida mientras, casi sin pensarlo, buscaba su mano sobre la mesa y entrelazaba los dedos con los de ella.
—No imaginas lo bien que suena eso.
Claudia no hizo el menor intento por retirarse. Al contrario, respondió al gesto apretando suavemente su mano.
—Procura que no tenga que arrepentirme de haberlo dicho.
Alex sostuvo su mirada con una media sonrisa.
—Haré todo lo posible para que eso no ocurra.
Cuando terminaron de cenar, decidieron volver caminando. La noche era agradable y, por primera vez en varios días, ninguno tenía prisa por llegar a ningún sitio. Alex pasó un brazo por sus hombros mientras cruzaban la calle.
— ¿Ves? Al final has conseguido pasar toda una tarde sin obsesionarte con el caso.
Claudia sonrió mientras apoyaba la cabeza unos segundos sobre él.
—No cantes victoria. Mañana volveré a ser insoportable.
—Eso no me preocupa.
— ¿Ah, no?
—No.
La miró de reojo con una sonrisa tranquila.
—Empiezo a conocer bastante bien a la mujer que hay detrás de la inspectora.
Claudia no respondió. Se limitó a entrelazar los dedos con los de él mientras se acercaban al portal, completamente ajena a que, unos minutos después, aquella sensación de calma estaba a punto de desaparecer por completo.