CAPÍTULO 39 #2
Aquella pregunta provocó una reacción tan breve que habría pasado desapercibida para cualquiera. Pero no para ellos. Los dedos de Gabriel dejaron de moverse sobre la mesa durante apenas un instante. Después negó con aparente tranquilidad.
—No. Nunca.
Claudia mantuvo el silencio un segundo más de lo habitual antes de ponerse en pie.
—De acuerdo. Si recuerda cualquier detalle, por insignificante que le parezca, llámeme.
—Así lo haré.
Claudia dio por terminada la conversación y se dirigió hacia la puerta. Antes de salir tuvo la sensación de que Gabriel estaba deseando quedarse de nuevo a solas en aquel despacho. Esperaron a doblar el pasillo antes de hablar. Alex sacó la hoja doblada del interior de su carpeta y se la entregó.
—Échale un vistazo.
Claudia la observó con detenimiento. No tardó en reconocer el gramaje, el tono ligeramente marfil del papel y el acabado satinado. No era una prueba concluyente. Pero tampoco parecía una simple coincidencia.
—Es prácticamente idéntico al de la nota.
—Eso mismo he pensado.
Continuaron caminando mientras Claudia seguía examinando la hoja.
—Necesitamos que Científica los compare. Y va siendo hora de enseñarle las notas a Rubén.
—Y hacerlo sin que Gabriel sospeche que hemos sacado ese papel de su despacho. Si ya es hora de contarle todo a Rubén.
Claudia dobló el documento con cuidado y volvió a guardarlo.
—Si realmente está implicado, el simple hecho de saber que nos hemos fijado en ese detalle podría hacer que destruyera cualquier otra prueba.
Alex mantuvo el paso a su lado mientras repasaba mentalmente todo lo ocurrido desde que habían entrado en aquel despacho.
—Eso significa que, a partir de ahora, cada conversación con él tendrá que parecer completamente rutinaria. Ni una pregunta fuera de lugar, ni un gesto que pueda hacerle sospechar que estamos empezando a verlo de otra manera.
Rubén levantó la vista cuando los vio aparecer por la puerta de su despacho.
—Espero que traigáis algo más que una corazonada.
Claudia dejó la carpeta sobre la mesa.
—Eso intentamos averiguar.
Rubén dedicó unos segundos a revisar la documentación que Claudia acababa de dejar sobre la mesa. Solo cuando terminó volvió a fijarse en ellos.
—Supongo que esa segunda visita no ha sido únicamente para repetir las mismas preguntas.
—No. Esta vez queríamos centrar toda la conversación en Daniela.
Rubén dejó la carpeta a un lado sin apartar la atención de ambos.
—Entonces contadme qué habéis visto. Y no solo lo que os ha dicho Gabriel. También aquello que no termina de convenceros.
Claudia intercambió una breve mirada con Alex antes de abrir la carpeta.
—Hay algo que no te hemos contado hasta ahora.
Extrajo una pequeña bolsa de pruebas y la dejó sobre la mesa. En su interior había un papel doblado. Rubén sacó unos guantes del cajón y después de ponérselos lo abrió despacio.
IGNORADA.
Su expresión cambió apenas un instante antes de volver a levantar la vista.
— ¿Dónde apareció esto?
—Dentro del bolso de Paula cuando lo encontramos.
— ¿Me estás diciendo que es la misma nota que apareció cuando encontramos a tu hermana? ¿Y me lo cuentas ahora?
—Precisamente por eso. Si lo hubiera dicho desde el principio, sabía que me apartarías del caso por mi implicación personal. Necesitaba reunir más pruebas.
Durante unos segundos, Rubén no respondió. Y Alex aprovechó ese silencio para continuar.
—Esta mañana encontré un documento en el despacho de Gabriel. El papel, la impresión y el acabado son prácticamente idénticos a los de esa nota.
Claudia volvió a introducir la mano en la carpeta.
—Y hay algo más—sacó otro papel y lo colocó junto al primero—Alguien dejó una caja delante de la puerta de mi casa. Dentro había esta nota…y un animal muerto.
— ¿Por qué no me habéis informado de esto en cuanto ocurrió? Claudia esto es muy serio.
—Queríamos entender primero si era una amenaza aislada o si estaba relacionada con la otra nota. Cuando Alex encontró el documento en la universidad, comprendimos que ya no podíamos seguir tratándolo como hechos independientes.
Alex continuó la explicación sin perder de vista la reacción de Rubén.
—Mientras hablaban conseguí hacerme con una de las hojas que tenía en la bandeja del archivador.
Durante unos instantes, Rubén no dijo absolutamente nada. Su atención pasó de Alex a Claudia antes de volver a detenerse en la carpeta que descansaba sobre la mesa.
—Espero que tengáis una buena razón para haber asumido ese riesgo. Eso no figuraba exactamente en el protocolo.
—Tampoco dejar escapar a un posible sospechoso mientras esperamos una orden judicial.
Durante un instante, Rubén no respondió. Después dejó escapar una breve sonrisa.
—No puedo decir que apruebe el método...—Hizo una breve pausa antes de continuar—pero reconozco que habría hecho exactamente lo mismo.
Rubén volvió a fijarse en el papel durante unos instantes antes de preguntar con absoluta naturalidad:
— ¿Y la caja?
—La tenemos guardada.
—Perfecto. No la toquéis más. Quiero que llegue a Científica exactamente en el mismo estado en el que la encontrasteis.
Aunque parezca una caja corriente, cualquier detalle puede ser importante: huellas, fibras, restos de ADN, el tipo de cartón...
cualquier cosa que nos ayude a saber de dónde ha salido o quién la manipuló.
Claudia intercambió una rápida mirada con Alex antes de responder.
—La movimos para meterla en casa, pero después no hemos vuelto a tocarla. Sigue exactamente donde la dejamos.
—No pasa nada. Era inevitable que la cogierais.
Lo importante es que, a partir de ahora, nadie vuelva a manipularla.
Avisaré a Científica para que pase a recogerla o, si preferís, la lleváis vosotros siguiendo el protocolo—Solo entonces volvió a levantar la vista hacia ellos—Ahora decidme una vez más por qué habéis esperado hasta este momento para contármelo.
—Queríamos entender primero si aquello era un intento de asustarnos o si formaba parte de algo más. Esta mañana, cuando Alex encontró esa hoja en el despacho de Gabriel, todo empezó a encajar de otra manera.
Sacó entonces la nota encontrada en el bolso de Paula y la colocó junto a la de la caja. Después añadió el documento que Alex había cogido en la universidad. Los tres papeles quedaron alineados sobre la mesa.
Rubén no los tocó. Se limitó a observarlos con detenimiento, recorriendo uno a uno los bordes, el color y el acabado del papel antes de volver a levantar la vista.
— ¿Habéis comparado ya el gramaje o es solo una impresión visual?
—Solo una primera comparación—respondió Alex—pero el parecido es demasiado evidente para ignorarlo. El tacto, el grosor e incluso el acabado son prácticamente iguales. No demuestra nada por sí solo, pero sí lo suficiente como para que Científica tenga que analizarlos cuanto antes.
Rubén permaneció unos segundos valorando aquellas palabras. No hizo ningún comentario inmediato. Su expresión seguía siendo tan serena que resultaba imposible adivinar que conclusión acababa de sacar.
—De acuerdo. Que Científica trabaje con los tres documentos. Quiero un informe completo sobre el papel, la impresión, las fibras y cualquier elemento que permita saber si proceden del mismo lugar.
Hizo una breve pausa antes de añadir, esta vez con un tono mucho más firme:
—Y hasta que tengamos esos resultados, nadie vuelve a mencionar este asunto delante de Gabriel. Si realmente guarda alguna relación con las notas, lo último que necesitamos es que intuya que estamos empezando a conectar las piezas.
Claudia intercambió una rápida mirada con Alex antes de responder.
—Era exactamente lo que teníamos pensado. Si sospecha que hemos encontrado un vínculo entre los documentos, desaparecerá cualquier posibilidad de llegar hasta quien está detrás de todo esto.
Rubén cerró despacio la carpeta y apoyó ambas manos sobre ella.
—Entonces seguimos adelante... pero a partir de ahora no quiero que volváis a ocultarme nada, por insignificante que os parezca. En una investigación como esta, un detalle fuera de tiempo puede echar por tierra meses de trabajo.
—No volverá a ocurrir.
—Esperemos a que Científica hable. Traed a primera hora la caja con las notas. Hasta entonces, cada paso tendrá que estar medido.
Nadie discutió aquella decisión. Las piezas empezaban a encajar con una claridad que no habían tenido hasta entonces y eso hacía la situación mucho más delicada.
Si Gabriel estaba realmente implicado, o sabía quién era, bastaría una sospecha, una pregunta fuera de lugar o un movimiento precipitado para que todo el trabajo realizado hasta ese momento se viniera abajo.
La investigación acababa de entrar en una fase completamente distinta.