CAPÍTULO 41
Cuando llegaron al rellano, Claudia aminoró el paso de forma casi imperceptible.
No fue una decisión consciente. Algo, una sensación difícil de explicar le hizo detenerse unos segundos antes de llegar a la puerta.
Al levantar la vista comprendió el motivo.
La puerta del piso estaba entreabierta. Apenas unos centímetros separaban la hoja del marco, pero fueron suficientes para que sintiera cómo el estómago se le encogía de golpe.
—Alex...
No hizo falta añadir nada más. Él siguió inmediatamente la dirección de su mirada y la tranquilidad con la que habían regresado del paseo desapareció por completo.
Sin perder un segundo, se colocó delante de ella, obligándola a retroceder un paso mientras levantaba una mano para indicarle que permaneciera detrás.
—No avances. Quédate conmigo.
Claudia obedeció sin discutir. Nunca lo había visto reaccionar de aquella manera y eso bastó para que comprendiera que la situación era mucho más grave de lo que había imaginado.
Alex empujó la puerta con extrema precaución, abriéndola apenas lo necesario para inspeccionar el interior antes de entrar.
Sus movimientos eran lentos, medidos, atentos al menor sonido que pudiera delatar que todavía había alguien dentro.
—No te separes de mí en ningún momento—murmuró sin apartar la vista del salón.
Claudia entró unos pasos por detrás, recorriendo cada rincón con una mezcla de tensión e incertidumbre que iba creciendo a cada segundo.
El piso permanecía completamente en silencio.
Sin embargo, no era el silencio al que estaba acostumbrada.
Había algo distinto. Una sensación incómoda, casi física, que le hacía pensar que alguien había estado allí muy poco antes de que ellos regresaran.
Alex avanzó despacio hacia el salón mientras examinaba cada detalle con la atención de quien busca algo que todavía no sabe identificar.
Fue entonces cuando empezaron a aparecer las primeras señales.
Un cojín tirado en el suelo junto al sofá.
Una de las sillas del comedor estaba ligeramente desplazada.
Uno de los cajones del mueble permanecía mal cerrado.
A simple vista podían parecer descuidos insignificantes.
Juntos, componían una escena demasiado evidente para atribuirla a la casualidad.
Claudia recorrió la estancia con la mirada, intentando recordar exactamente cómo había dejado la casa antes de salir.
—Han estado aquí...
Alex avanzó un par de pasos sin perder detalle de cuanto lo rodeaba. Solo cuando terminó de inspeccionar la estancia respondió con una serenidad que contrastaba con la gravedad de la situación.
—Y lo han hecho con toda la tranquilidad del mundo.
Aquellas palabras fueron las que realmente la inquietaron. No habían entrado para revolver la casa. Habían querido que ellos supieran que alguien había estado allí.
Mientras seguían observando el salón, los dos terminaron fijándose en el mismo punto al mismo tiempo. En medio de la mesa había un sobre blanco. Estaba colocado con tanta precisión que parecía formar parte de una escena cuidadosamente preparada. Claudia sintió cómo el estómago se le encogía.
—Eso no estaba ahí cuando nos fuimos.
Alex estuvo a punto de coger el sobre, pero retiró la mano en el último instante.
—Los guantes.
Claudia desapareció un momento y regresó casi al instante con la caja de nitrilo.
Le tendió un par a Alex mientras se colocaba los suyos.
Solo cuando ambos estuvieron preparados volvió a acercarse a la mesa y tomó el sobre con extremo cuidado.
Alex tomó el sobre con extremo cuidado y lo abrió lentamente.
Sacó la hoja doblada y comenzó a leer. Apenas necesitó unas líneas para que su expresión perdiera la serenidad con la que había entrado en el piso.
Y Claudia lo conocía lo suficiente para darse cuenta.
— ¿Qué ocurre?
Alex mantuvo la vista fija en el papel unos instantes más antes de levantarla hacia ella. La forma en que apretó la mandíbula bastó para que Claudia comprendiera que acababa de leer algo mucho peor de lo que esperaba.
—No creo que te guste lo que pone aquí.
Ella dio un paso hacia él y extendió la mano.
—Déjamelo.
Alex mantuvo la hoja entre los dedos un instante más, como si al retrasar aquel gesto pudiera evitarle el golpe que estaba a punto de recibir.
Finalmente la dejó en sus manos. Claudia bajó la vista hacia el papel.
Permaneció inmóvil unos segundos antes de reunir el valor suficiente para empezar a leer.
"Has llegado demasiado lejos.
Lo que ya te arrebataron puede repetirse... y esta vez no quedará nada que encontrar.
Desaparece. Ahora."
Las palabras parecían clavarse una a una con una precisión insoportable.
Aquella amenaza no estaba dirigida a la inspectora que llevaba el caso.
Iba contra la hermana que, años atrás, había perdido, a Lucía, sin poder hacer nada para evitarlo.
Claudia permaneció inmóvil unos instantes.
Sentía la hoja entre los dedos, pero toda su atención seguía atrapada en aquellas tres frases.
Cuando consiguió hablar, apenas reconoció su propia voz.
—Sabe lo de Lucía... Eso significa que conoce mucho más de mí de lo que imaginábamos.
Alex permaneció atento a cada reacción de Claudia. La conocía lo suficiente para distinguir cuándo intentaba mantener el control y cuándo el golpe había sido demasiado fuerte incluso para ella—respondió con calma—Quien ha escrito esa nota sabía exactamente dónde hacer daño.
Claudia respiró despacio antes de dejar el documento sobre la mesa con el mismo cuidado con el que lo había cogido.
—Ha entrado en mi casa... Ha recorrido cada habitación con la tranquilidad de quien sabe que nadie va a interrumpirlo y, antes de marcharse, ha dejado esto donde estaba seguro de que lo encontraríamos.
Mientras hablaba, volvió a recorrer el salón con la mirada. Ya no veía su casa. Solo un escenario que alguien había invadido con absoluta impunidad. Alex hizo lo mismo, deteniéndose en los pequeños detalles que habían pasado desapercibidos al entrar.
—Y no parece preocuparle haber dejado ningún rastro.
Aquella observación hizo que Claudia se quedara inmóvil durante un instante. Una idea acababa de cruzársele por la cabeza.
—La caja...
Alex comprendió enseguida que acababa de recordar algo importante.
— ¿Qué pasa?
Claudia permaneció unos instantes pensativa antes de responder.
—Cuando la dejó delante de mi puerta sabía que iba a cogerla sin sospechar nada. Lo tenía todo previsto.
Alex terminó de entender adónde quería llegar.
—Sabía cómo ibas a reaccionar.
—Exacto. No fue un impulso. Calculó cada paso antes de dejarla allí. Incluso tuvo en cuenta cómo actuaríamos después como policías.
Alex apoyó la vista en la nota que seguía sobre la mesa.
Ninguno necesitó añadir nada. Los dos habían llegado exactamente a la misma conclusión: quien estaba moviendo los hilos no dejaba nada al azar.
Cada mensaje, cada amenaza y cada movimiento respondían a un plan cuidadosamente calculado.
Claudia volvió a recorrer el salón con la mirada.
Todo seguía aparentemente igual. Los muebles ocupaban su sitio, las fotografías continuaban donde siempre y nada parecía faltar.
Sin embargo, la sensación era completamente distinta.
Aquel ya no era el lugar donde se sentía segura.
Alguien había cruzado la puerta de su casa, había recorrido cada habitación con absoluta tranquilidad y había dejado una amenaza esperándola sobre la mesa.
Solo ese pensamiento bastó para tomar una decisión.
—Esta noche no voy a quedarme aquí.
No era una reacción impulsiva. Había llegado a una conclusión tan evidente como inevitable. Alex no intentó llevarle la contraria.
—Yo tampoco quiero que nos quedemos aquí.
Recogieron únicamente lo imprescindible, procurando alterar lo menos posible la escena. El resto tendría que esperar a que Científica la examinara al día siguiente.
Antes de salir, Alex comprobó la cerradura una última vez. Sabía que aquel gesto no impediría nada, pero necesitaba asegurarse de que, al menos por esa noche, dejaban el piso exactamente como lo habían encontrado.
El trayecto hasta el hotel transcurrió envuelto en un silencio muy diferente al que habían compartido durante el paseo. Ya no era un silencio cómodo. Era el de dos personas que trataban de asumir que la investigación acababa de dar un giro mucho más peligroso.
Cuando entraron en la habitación, Claudia dejó el bolso sobre una silla y permaneció inmóvil unos instantes, intentando ordenar un torbellino de pensamientos que no dejaba de crecer.
Alex cerró la puerta con llave y se acercó despacio.
No dijo nada inmediatamente. Se limitó a quedarse frente a ella, esperando a que fuera Claudia quien decidiera romper aquel silencio.
—Estoy bien.
—No hace falta que finjas conmigo.
Claudia bajó la mirada un instante y terminó apoyándose en el borde de la cama.
—No es que tenga miedo por mí—Hizo una breve pausa antes de continuar—Lo que me asusta es darme cuenta de que esto nunca ha ido solo de Paula y Daniela. Todo empezó mucho antes... y quien está moviendo los hilos lleva demasiado tiempo un paso por delante de nosotros.
Alex se acercó despacio y terminó sentándose junto a ella.
—Llevo un rato dándole vueltas a una cosa.
Claudia giró la cabeza para escucharlo.
—Hasta ahora siempre ha parecido tenerlo todo bajo control. Cada movimiento estaba pensado con tiempo y nunca dejaba nada al azar—Esperó a comprobar que ella seguía el razonamiento antes de continuar—Pero entrar en tu casa ha sido distinto, ha cometido un error.
— ¿Distinto por qué? ¿Cuál?
—Porque ha reaccionado. Entrar en tu casa no formaba parte de su plan inicial. Lo ha hecho porque siente que nos estamos acercando. Y cuando alguien deja de controlar la situación para empezar a responder a los movimientos de los demás... es cuando empieza a equivocarse.
—Con esa nota ha dejado de limitarse a esconderse. Ha pasado a reaccionar porque siente que nos estamos acercando.
Claudia repasó mentalmente todo lo ocurrido en los últimos días.
La caja, las notas, el documento del despacho de Gabriel y la amenaza que acababa de aparecer en su propia casa ya no eran episodios independientes, sino piezas de un mismo puzle que empezaba a mostrar una imagen mucho más inquietante.
Hasta ese momento habían tenido la sensación de ir siempre un paso por detrás.
Ahora, en cambio, resultaba evidente que el asesino había dejado de limitarse a ejecutar un plan cuidadosamente preparado para empezar a responder a los avances de la investigación.
Aquella idea cambió por completo la forma de interpretar todo lo que estaba ocurriendo.
—Entonces estamos mucho más cerca de él de lo que imaginábamos.
Alex sostuvo su mirada con absoluta convicción.
—Y precisamente por eso acaba de cometer el primer error que no podrá borrar.
Fuera, la ciudad continuaba ajena a todo lo que acababa de suceder.
Dentro de aquella habitación, los dos comprendían que la investigación acababa de entrar en un terreno completamente distinto.
Ya no se trataba únicamente de descubrir quién había matado a Paula.
Ahora también tenían que impedir que el asesino volviera a golpear antes de que ellos consiguieran detenerlo.