CAPÍTULO 36 #3
—He estado con otras personas, claro, pero esto es diferente. Contigo no siento que tenga que aparentar nada. Cuando estamos trabajando discutimos, nos llevamos la contraria y, aun así, lo único que quiero al terminar el día es seguir estando cerca de ti.
La sinceridad con la que Alex acababa de abrirse encontró a Claudia completamente desprevenida. No era un hombre dado a las grandes declaraciones y, precisamente por eso, aquellas palabras tenían mucho más valor.
—No eres precisamente malo diciendo estas cosas.
—Créeme, estoy improvisando.
Aquella respuesta consiguió que ambos soltaran una pequeña risa, aliviando la intensidad del momento. Claudia dejó la taza sobre la mesa y buscó las palabras con calma.
—A mí todo esto también me ha pillado por sorpresa. Después de lo que pasó con Paula y de cómo empezó esta investigación, lo último que esperaba era terminar sintiendo algo por mi compañero.
Alex aprovechó la ocasión para bromear.
—Perfilador... recuerda que soy perfilador. Tiene bastante más prestigio.
Ella negó divertida.
—No empieces otra vez. Sigues siendo mi compañero.
—Me conformo.
La conversación fue apagándose de forma natural mientras el bullicio de la cafetería ocupaba el espacio entre ellos.
Casi sin darse cuenta, las manos quedaron muy cerca sobre la mesa.
Alex deslizó la suya apenas unos centímetros hasta rozar con suavidad los dedos de Claudia, esperando casi instintivamente su reacción.
Ella no se apartó. Sus dedos buscaron los de él con la misma naturalidad con la que, apenas unas horas antes, habían empezado a derribar las barreras que ambos llevaban demasiado tiempo levantando.
No era un gesto impulsivo ni una demostración exagerada de afecto.
Era algo mucho más sencillo. Y precisamente por eso resultaba tan especial.
Marcos apareció entonces con los platos, obligándolos a recuperar la distancia justo antes de que pudiera descubrirlos.
—Menos mal. Empezaba a pensar que hoy habíais venido solo a miraros.
Alex le miró entre risas.
—No seas exagerado.
—Yo solo digo lo que veo.
Claudia negó con una sonrisa mientras Marcos se alejaba hacia la barra.
—Creo que a este hombre le gusta demasiado meterse donde no le llaman.
—Sí... pero hay que reconocer que cocina bastante bien.
Mientras comían, la conversación se alejó por un rato de la investigación.
Recordaron alguna anécdota de la academia, se rieron de un par de meteduras de pata de sus primeros años en la policía y, durante un instante, resultó extraño comprobar que también sabían estar juntos sin hablar de informes, sospechosos o escenas del crimen.
Sin embargo, aquella tregua duró menos de lo que a ambos les habría gustado. Claudia fue la primera en regresar al caso.
—No consigo quitarme a Mateo de la cabeza.
Alex levantó la vista del plato. Hacía un rato que intuía que aquella conversación terminaría llevándolos exactamente hasta ese punto.
—Yo tampoco.
—Hay algo que no deja de darme vueltas. Ese hombre apareció junto a la universidad como si conociera perfectamente los movimientos de Paula, y ahora resulta que alguien intenta intimidarnos después de tantos años.
Alex terminó de tragar antes de responder.
—Todo encaja demasiado bien para ser una casualidad.
—Si ese hombre no pertenecía a la universidad, tenía un motivo muy concreto para estar allí.
Y si nadie recuerda haberlo visto, significa que procuró no llamar la atención.
Alex tardó unos instantes en responder, repasando mentalmente todo lo que habían descubierto desde que el caso había vuelto a abrirse.
—O existe otra posibilidad... que quienes sí lo vieron hayan decidido callar.
Aquella idea abrió una línea de investigación que ninguno había tenido en cuenta hasta ese momento. Claudia fue enlazando una pieza con otra casi sin darse cuenta.
—Eso explicaría muchas cosas. El miedo de Mateo, el silencio de algunos compañeros de Paula... incluso la caja.
Alex terminó de dejar el vaso sobre la mesa.
—La caja nunca pretendió asustarte.
Ella levantó la vista.
—No—Ya no le quedaba ninguna duda—Lo que buscaba era mucho más peligroso. Quería que empezáramos a desconfiar de nuestro propio criterio, que invirtiéramos el tiempo mirando en la dirección equivocada mientras quien está detrás de todo esto seguía moviéndose con tranquilidad.
Alex permaneció pensativo mientras terminaba de encajar todas las piezas.
—Y lo peor es que sabe perfectamente cómo trabajamos.
Claudia no necesitó darle muchas vueltas.
—Eso significa que nos conoce... o que ha tenido tiempo suficiente para estudiarnos.
La idea transformaba por completo todo lo que creían saber hasta ese momento. Si estaban en lo cierto, el asesino no solo había conseguido mantenerse oculto durante años. También había aprendido a anticiparse a quienes intentaban encontrarlo.
Claudia dejó la vista perdida unos instantes sobre la mesa, consciente de que la investigación acababa de entrar en un terreno mucho más peligroso.
Porque quizá la pregunta ya no fuera quién había matado a Paula y posiblemente tenía a Daniela.
La verdadera pregunta era cuánto tiempo llevaba el asesino esperándolos.