CAPÍTULO 37
Las palabras de Rubén seguían rondándole la cabeza mientras caminaba junto a Alex por el pasillo.
Había intentado quitarles importancia, convencerse de que solo eran las advertencias habituales de un inspector preocupado por dos agentes demasiado implicados en una investigación complicada.
Sin embargo, cuanto más las repasaba, más le costaba desprenderse de la incómoda sensación de que detrás de aquellas preguntas había algo que no terminaba de entender.
Alex llevaba un buen rato observándola de reojo.
—Desde que saliste del despacho no has dejado de pensar en esa conversación.
— ¿Tan evidente soy?
—Un poco sí. Además, después del beso de hace un momento esperaba, como mínimo, haber conseguido distraerte un poco más.
Ella negó divertida mientras seguía caminando.
—Has conseguido distraerme... aproximadamente treinta segundos.
—Vaya. Tendré que mejorar mi técnica.
—No creo que ese sea el problema.
—Me quedo con esa parte.
La conversación se apagó de forma natural mientras recorrían el pasillo en dirección a su despacho.
Claudia volvió a perderse unos instantes en sus pensamientos, incapaz de sacarse de la cabeza la conversación con Rubén.
Fue entonces cuando un agente apareció al fondo del pasillo y se dirigió directamente hacia ellos.
—Inspectora.
Los dos levantaron la vista al mismo tiempo.
—Hay un chico preguntando por vosotros desde hace unos minutos. Dice que se llama Mateo y asegura que necesita hablar con los dos cuanto antes.
Claudia y Alex intercambiaron una rápida mirada.
— ¿Está solo? —preguntó ella.
—Sí. Lo hemos dejado esperando en la sala de visitas.
—Gracias.
No hicieron falta más palabras. Bastó un gesto entre ambos para cambiar inmediatamente de dirección. Alex intercambió una rápida mirada con ella.
—No esperaba volver a verlo tan pronto.
—Yo tampoco.
Mateo estaba sentado en una de las sillas, inclinado hacia delante, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas. No levantó la cabeza al oír abrirse la puerta. Solo cuando Claudia habló reaccionó.
—Mateo.
El joven se incorporó de inmediato. Había algo diferente en él. No solo era el cansancio que reflejaba su rostro o la palidez de su piel; también transmitía una inquietud que resultaba imposible disimular.
—Gracias por recibirme.
Claudia cerró la puerta antes de responder.
—Nos han dicho que querías hablar con nosotros.
Mateo tragó saliva nervioso.
—Sí... necesitaba hacerlo.
Alex permaneció unos pasos por detrás, observándolo con atención.
— ¿Ha ocurrido algo?
El joven vaciló unos segundos hasta que se decidió a hablar.
—No exactamente.
Aquella respuesta no convenció a ninguno de los dos. Claudia se acercó despacio hasta quedar frente a él.
—Mateo, si has venido hasta aquí es porque hay algo que te preocupa. Empieza por el principio.
Él respiró hondo antes de hablar.
—Ayer no os conté toda la verdad.
Ni Alex ni Claudia apartaron la atención de él.
—Lo habíamos imaginado. Lo que todavía no entendemos es por qué decidiste callártelo.
Mateo bajó la vista y dejó escapar el aire lentamente, como si llevara demasiado tiempo cargando con aquello.
—Porque pensé que, si no decía nada, todo acabaría ahí. Creí que era mejor olvidarme de lo que había visto y seguir con mi vida.
Claudia esperó unos segundos antes de responder.
—Cuando una chica desaparece, guardar silencio nunca ayuda a nadie.
Mateo asintió con pesar.
—Lo sé. Ahora lo sé... pero ayer solo quería mantenerme al margen. No quería que me relacionaran con todo esto.
Alex aprovechó aquella grieta.
— ¿Y qué ha cambiado desde entonces para que aparezcas hoy aquí?
—Que ya no estoy tan seguro de poder mantenerme al margen.
—Las cosas casi nunca funcionan así.
—Ya me he dado cuenta.
Durante unos instantes volvió a reinar el silencio. Era evidente que seguía debatiéndose entre callar o contarlo todo. Claudia decidió no presionarlo. Esperó. Y aquella espera terminó dando resultado.
—Paula no se relacionaba solo con gente de la universidad.
—Eso ya empezábamos a sospecharlo.
—No... Vosotros sabéis una parte—Hizo una breve pausa antes de continuar—Pero yo vi algo que no os conté.
El ambiente cambió por completo. Claudia dio un paso más hacia él.
— ¿Qué viste?
Mateo respiró profundamente antes de responder.
—Hace unas semanas la vi cerca de la universidad con un hombre.
Alex intercambió una rápida mirada con Claudia.
— ¿Un profesor?
—No.
— ¿Trabajaba allí?
—Tampoco.
—Entonces explícanos por qué te llamó la atención.
Mateo buscó las palabras durante unos segundos.
—Porque desentonaba por completo con aquel sitio. No parecía estudiante, ni profesor, ni padre de ningún alumno. Era como si hubiera aparecido allí únicamente para verla a ella.
Claudia permaneció en silencio mientras procesaba aquella información.
— ¿Puedes describírnoslo?
Mateo permaneció unos segundos intentando reconstruir aquella imagen.
—No recuerdo demasiados detalles. Estaría cerca de los cuarenta, quizá alguno más. Iba bien vestido, pero no era eso lo que llamaba la atención.
—Entonces, ¿qué fue?
—La forma en que la miraba... y la forma en que ella estaba con él.
Alex dejó que pasaran unos instantes antes de intervenir.
—Explícate mejor por favor.
—Paula siempre iba de un lado para otro, hablaba con todo el mundo, se reía... Era imposible verla quieta—Levantó la vista hacia ambos—Ese día no era la misma.
Aquellas palabras hicieron que Claudia prestara todavía más atención.
— ¿En qué había cambiado?
—Parecía... pendiente de él constantemente. Como si esperara que le dijera qué hacer o qué iba a pasar después. No sé cómo explicarlo.
— ¿Te dio la impresión de que le tuviera miedo?
—No. Miedo no. — Dudó un instante antes de añadir: —Pero tampoco parecía ella.
Aquella explicación abría más preguntas de las que resolvía. Claudia respiró despacio antes de continuar.
— ¿Pudiste escuchar alguna parte de la conversación?
—No. Estaban demasiado lejos y apenas permanecí allí unos segundos antes de seguir caminando.
— ¿Crees que llegaron a verte?
Mateo negó lentamente mientras repasaba mentalmente aquella escena.
—No. O al menos eso creo. Si me hubieran visto, estoy seguro de que lo habría notado. Ellos solo parecían pendientes de lo que estaba ocurriendo entre los dos.
Alex dio un paso hacia él.
— ¿Y por qué has decidido venir precisamente hoy?
El joven bajó la mirada y tardó varios segundos en responder. Cuando lo hizo, su voz sonó mucho menos firme que al principio.
—Porque desde ayer tengo la sensación de que alguien sabe que os oculté esa información.
Ni Claudia ni Alex dijeron nada. Mateo continuó hablando casi sin darse cuenta.
—Al salir de la universidad vi un coche parado frente a la facultad. No le di importancia. Esta mañana ha vuelto a aparecer cerca de mi casa.
Alex inclinó la cabeza esta vez con preocupación.
— ¿El mismo coche?
—Creo que sí.
— ¿Estás seguro?
Mateo negó con frustración.
—No del todo. Podría estar equivocándome... pero cada vez que miro hacia atrás vuelve a estar ahí. A veces cambia de calle, otras desaparece unos minutos y luego vuelve a aparecer. Igual estoy exagerando...
— ¿Has visto a la persona que lo conduce?
—No. Los cristales son demasiado oscuros.
Claudia permaneció pensativa unos segundos. No parecía el relato de alguien que buscara llamar la atención. Lo que veía delante era un chico asustado que empezaba a arrepentirse de haber callado demasiado tiempo.
—Mateo.
Al oír su nombre, levantó la vista y fijó toda la atención en Claudia, como si intentara adivinar por el tono de su voz la importancia de lo que estaba a punto de decirle.
—Necesito que me escuches con mucha atención, porque lo que voy a pedirte a partir de ahora no es una simple recomendación.
El joven respondió con un leve movimiento de cabeza, dejando claro que estaba dispuesto a escucharla.
—A partir de este momento no vas a enfrentarte a esto tú solo. Si vuelves a ver ese coche, si recibes una llamada extraña, un mensaje o notas cualquier cosa fuera de lo normal, nos llamas inmediatamente. No importa la hora.
— ¿Creéis que tiene algo que ver con Paula?
Claudia no quiso responder demasiado deprisa. Fue Alex quien tomó la palabra.
—Todavía no podemos asegurarlo—respondió Alex con calma—pero tampoco vamos a correr el riesgo de equivocarnos.
Mateo permaneció unos instantes en silencio, asimilando el alcance de aquellas palabras. Cuando volvió a hablar, su voz sonó mucho más apagada que al principio.
—Entiendo...
Claudia tomó entonces la palabra.
—Y hay otra cosa que quiero que tengas muy presente.
Durante unos días procura no volver solo a casa.
Quédate con algún familiar o con alguien de confianza y, si notas cualquier cosa fuera de lo normal, nos llamas inmediatamente.
No intentes averiguar por tu cuenta si alguien te sigue ni pienses que estás exagerando.
Prefiero que nos llames diez veces sin motivo antes que una sola cuando ya sea demasiado tarde.
Mateo la escuchó sin apartar la vista de ella. El miedo seguía reflejándose en su rostro, pero, por primera vez desde que había entrado en la comisaría, pareció sentir que no tenía que enfrentarse a aquello él solo.
—Lo haré. Gracias.
Claudia sacó una tarjeta del bolsillo de la chaqueta y se la tendió.
—Aquí tienes mi número directo y el de Alex. Si recuerdas el más mínimo detalle sobre ese hombre, aunque ahora mismo te parezca insignificante, quiero que nos llames en cuanto lo recuerdes.
Mateo cogió la tarjeta y la observó unos segundos antes de guardarla en la cartera.
—No dejaré pasar nada por alto.
Permaneció unos segundos más con ellos antes de abandonar lentamente la sala. La puerta acababa de cerrarse cuando Alex rompió el silencio.
—No me gusta nada.
Claudia seguía mirando hacia el pasillo por el que Mateo acababa de desaparecer.
—A mí tampoco.
Permaneció pensativa unos instantes antes de volver la vista hacia Alex.
—Si ese hombre existe, llevamos demasiado tiempo buscándolo sin saberlo.
Alex asintió despacio.