Ignorada CAPÍTULO 36 #2
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CAPÍTULO 36 #2

—Y si Mateo tiene razón, es posible que él tampoco sea el único al que están vigilando.

Aquella posibilidad hizo que ambos guardaran silencio. La investigación acababa de dar un giro importante. Hasta ese momento habían creído que perseguían a alguien que siempre iba un paso por delante. Ahora empezaban a plantearse algo mucho más inquietante.

Tal vez no fueran ellos quienes seguían al asesino. Tal vez fuera el asesino quien llevaba tiempo siguiéndolos a ellos. Ahora alguien empezaba a moverse demasiado cerca de ellos.

CAPÍTULO 37

Cuando salieron de la comisaría, el bullicio de la calle los envolvió de inmediato.

Barcelona seguía moviéndose al mismo ritmo de siempre, ajena a las preguntas que ellos acumulaban desde hacía días.

La gente caminaba deprisa, los semáforos marcaban el paso del tráfico y las terrazas comenzaban a llenarse de personas que aprovechaban la hora de comer, como si en algún lugar de la ciudad no hubiera una investigación avanzando cada vez por terrenos más inquietantes.

Claudia respiró hondo mientras se ajustaba la chaqueta.

—Creo que, si no como algo en los próximos diez minutos, voy a dejar de pensar con claridad.

Alex la miró con una sonrisa divertida.

—Eso explica muchas cosas.

Ella giró la cabeza hacia él con expresión resignada. Ya intuía por dónde iban los tiros.

—Ni se te ocurra terminar esa frase.

—Solo iba a decir que ahora entiendo por qué llevas toda la mañana con tan poca paciencia.

— ¿Tan poca?

—Digamos que has estado a punto de detenerme tres veces antes del mediodía.

Claudia soltó una risa.

—Y todavía quedan varias horas de servicio.

—Entonces será mejor que te alimente cuanto antes.

Caminaron unos metros más hasta llegar a la cafetería donde solían comer cuando el trabajo no les daba tiempo para volver a casa.

En cuanto cruzaron la puerta, el aroma del café recién hecho y el murmullo de las conversaciones consiguieron apartarlos durante unos instantes de todo lo relacionado con la investigación.

Marcos levantó la vista desde detrás de la barra y sonrió al verlos entrar.

—Ya pensaba que hoy me ibais a dejar sin clientes.

—No hemos tenido elección—respondió Alex mientras se acercaban.

—Eso decís siempre.

Alex le pidió las cartas al camarero y Claudia abrió la boca para llevarle la contraria, pero terminó cerrándola con una sonrisa. Marcos los observó unos segundos con una sonrisa divertida antes de dejar las cartas sobre la barra.

—Déjame adivinar... ¿Lo de siempre?

Alex ni siquiera necesitó consultar la carta.

—Ya sabes que somos poco originales.

—Habla por ti. ¿Desde cuándo decides también lo que voy a comer?

Él fingió pensárselo un momento.

—Desde el día en que descubrí que siempre terminas quitándome la razón... y, aun así, acabas pidiendo exactamente lo que iba a pedir yo.

Claudia negó divertida.

—Eso ha ocurrido una vez.

—Tres.

—Dos.

—Lo ves... ni siquiera te has molestado en negarlo.

Marcos soltó una carcajada mientras recogía las cartas.

—Voy preparando la comida antes de que empecéis a discutir.

—Eso no era una discusión —protestó Alex.

—Claro que no. Solo lleváis cinco minutos aquí y ya parecéis un matrimonio.

Claudia estuvo a punto de responder, pero prefirió seguir caminando hacia la mesa del fondo mientras notaba cómo el comentario conseguía sacarle un ligero rubor. Alex se inclinó un poco hacia ella y le susurró al oído:

—Creo que le caes bien.

—Creo que habla demasiado.

—También.

Tomaron asiento junto a la ventana y, mientras esperaban la comida, Claudia dejó el móvil sobre la mesa con la intención de olvidarse de él durante un rato.

Le sorprendió darse cuenta de que no necesitaba llenar aquel momento con palabras.

Después de todo lo que habían vivido en los últimos días, compartir aquella pausa con Alex empezaba a resultarle tan natural como respirar.

—Necesitaba parar un rato.

Alex dejó la taza sobre el plato sin perder la cercanía que había entre los dos desde que se sentaron.

—La verdad es que llevas varios días necesitando hacerlo.

A Claudia se le escapó una sonrisa, incapaz de discutir algo que sabía que era cierto.

— ¿Tan evidente resulta?

—Más de lo que imaginas. Cuando empiezas a sobrevivir únicamente a base de café y contestas con cuatro palabras contadas, sé que llevas demasiado tiempo exigiéndote más de la cuenta.

Aquello la hizo bajar la guardia durante un instante.

—No imaginaba que me tuvieras tan calada.

—No tiene ningún mérito. Después de todo este tiempo ya sé cuándo intentas convencer a los demás de que estás bien... y cuándo en realidad solo estás intentando convencerte a ti misma.

—No sabía que fueras tan observador.

—Digamos que mi trabajo me obliga a fijarme en detalles que otros pasan por alto.

Claudia sonrió con cierta incredulidad.

—Eso sirve para leer a un sospechoso... no para conocer a una persona.

—Quizá—Su voz sonó distinta al continuar—Pero contigo nunca ha sido solo cuestión de observar.

Solo la serenidad de alguien que llevaba un buen rato buscando el momento adecuado para decir algo.

— ¿Qué pasa?

Alex guardó silencio unos instantes antes de responder.

—Llevo toda la mañana dándole vueltas a lo de anoche... y a esta mañana.

Claudia comprendió enseguida a qué se refería. No sintió la necesidad de desviar la conversación ni de buscar una salida fácil. Después de todo lo que había ocurrido entre ellos durante las últimas horas, fingir que nada había cambiado habría resultado absurdo.

—No quiero hacer como si no hubiera ocurrido.

Ella permaneció callada un instante. No necesitaba buscar una respuesta complicada; la más sencilla era también la más sincera.

—Yo tampoco.

Algo se relajó en la expresión de Alex, como si aquellas dos palabras hubieran disipado una duda que llevaba demasiado tiempo acompañándolo.

—Me alegra oír eso.

Claudia jugueteó distraídamente con el sobre de azúcar que había sobre la mesa.

—Pero tampoco quiero que todo cambie de un día para otro.

— ¿Te refieres a nosotros... o al trabajo?

—A las dos cosas.

Los dos comprendían perfectamente lo que implicaban aquellas palabras. No era el miedo a reconocer lo que sentían, sino la posibilidad de que todo aquello terminara interfiriendo en una investigación que ya era lo bastante compleja por sí sola.

Alex terminó inclinándose ligeramente hacia delante.

—Tranquila. No estoy esperando que empecemos a comportarnos como una pareja de película. Bastante tenemos con intentar resolver un caso en el que cada día aparecen más preguntas que respuestas.

Claudia sonrió.

—Gracias.

— ¿Por qué?

—Porque acabas de decir exactamente lo que necesitaba escuchar.

Alex respiró despacio antes de continuar. Durante un momento pareció ordenar las ideas, consciente de que lo siguiente le costaba bastante más decirlo.

—Hay otra cosa que quería decirte.

Claudia comprendió por el tono de su voz que aquello le costaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—No pretendo ponerte ninguna etiqueta ni pedirte explicaciones por lo que pasó anoche. Solo necesitaba que supieras que, para mí, no fue algo impulsivo.

—Lo sé.

—No, Claudia... creo que no llegas a entenderlo del todo—Buscó las palabras con cuidado antes de continuar—Hace mucho tiempo que no sentía algo así. De hecho, cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que nunca me había pasado.

Aquella confesión hizo que Claudia dejara de pensar en cualquier otra cosa. Durante un momento solo fue capaz de mirarlo, intentando asimilar la sinceridad con la que acababa de abrirse ante ella.

— ¿Nunca?

Alex negó despacio.