Ignorada CAPÍTULO 32
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CAPÍTULO 32

La conversación con Mateo los acompañó hasta la salida de la universidad.

Claudia seguía repasando mentalmente cada una de sus respuestas.

Había algo en aquella entrevista que no terminaba de convencerla.

No porque creyera que Mateo estuviera mintiendo descaradamente, sino porque tenía la sensación de que se había pasado toda la conversación caminando por el borde de la verdad sin llegar a cruzarlo.

—No me convence.

Alex, que parecía estar siguiendo exactamente el mismo hilo de pensamiento, no necesitó preguntarle a qué se refería.

—A mí tampoco. Pero al menos hemos dejado de dar vueltas sobre lo mismo.

Claudia se tomó un momento antes de responder. La conversación con Mateo había servido para confirmar algunas sospechas, pero también había dejado la incómoda sensación de que seguían mirando solo una parte de la historia.

—Sí, ahora sabemos que existe una pieza que todavía no vemos, pero seguimos sin tener claro cuál es.

Durante unos segundos continuaron caminando en silencio. A su alrededor, la vida en la universidad seguía desarrollándose con absoluta normalidad, ajena a todo lo que ellos llevaban días intentando descifrar.

—Puede que no parezca mucho—acabó diciendo Alex— pero eso también es avanzar.

Claudia no discutió. En el fondo sabía que tenía razón. El problema era que cada nuevo descubrimiento parecía abrir dos preguntas más, y empezaba a resultarle difícil distinguir si realmente se acercaban a algo o simplemente estaban ampliando el laberinto.

Llegaron al coche y subieron sin necesidad de añadir nada más. El tráfico de Barcelona comenzaba a complicarse a aquella hora y durante varios minutos avanzaron entre semáforos, peatones y calles cada vez más concurridas. El silencio se mantuvo hasta que Alex decidió romperlo.

—Voy a proponerte algo y, antes de descartarlo, vas a escucharme hasta el final.

Claudia apartó la vista de la carretera el tiempo justo para mirarlo.

—Eso rara vez termina bien.

—Dame treinta segundos.

—Tienes diez.

Aquello consiguió arrancarle una sonrisa.

—Nos damos una vuelta antes de volver a la comisaría. Nada importante, nada relacionado con el caso. Solo salir un rato, despejar la cabeza y fingir durante unos minutos que no llevamos días obsesionados con la misma investigación.

Claudia mantuvo la vista fija en la carretera.

—Estamos en mitad de una investigación.

—Precisamente por eso.

Ella permaneció callada unos segundos. Y al final cedió.

—Cinco minutos.

—Diez.

—Cinco.

Alex decidió no seguir negociando. Aun así, la sonrisa permaneció en su sitio cuando Claudia giró en la siguiente calle. Aparcaron cerca del Parque de la Ciutadella.

El cambio de ambiente fue inmediato. El ruido constante del tráfico quedó atrás y fue sustituido por conversaciones lejanas, pasos tranquilos y el sonido del agua mezclándose con el movimiento de la gente.

Todo parecía desarrollarse a un ritmo distinto al de la investigación que llevaban días persiguiendo.

Caminaron entre los senderos sin prisa. Claudia no prestaba demasiada atención a lo que ocurría a su alrededor, pero incluso ella parecía algo menos tensa.

—No está mal.

Alex giró la cabeza hacia ella y no pudo evitar sonreír al escuchar aquella valoración tan escueta. Después de conocerla un poco mejor, sabía perfectamente que aquello era lo más cerca que Claudia iba a estar de admitir que estaba disfrutando del momento.

—Eso, viniendo de ti, es prácticamente una declaración de entusiasmo.

—No exageres.

Continuaron avanzando entre familias, turistas y grupos de estudiantes que disfrutaban de la tarde sin preocuparse por nada más. Al pasar junto a un pequeño puesto, Alex señaló hacia él.

—Helado.

Claudia lo miró con incredulidad.

— ¿En serio?

—Confía en mí.

—Eso es exactamente lo que me preocupa.

—Todo forma parte de un proceso muy elaborado.

—No quiero ni imaginarlo.

Alex abrió la boca como si estuviera a punto de explicarlo de verdad, pero la expresión de Claudia le hizo cambiar de idea.

—Mejor para ti.

Ella negó con la cabeza, aunque aquella conversación absurda estaba consiguiendo exactamente lo que él pretendía: que dejara de pensar en la investigación durante unos minutos. A pesar de sus protestas, terminó acercándose con él al puesto.

Pocos minutos después caminaban de nuevo por el parque, cada uno con un helado en la mano.

Durante un rato no hablaron del caso ni de desapariciones, ni de pistas que no encajaban.

Se limitaron a pasear entre la gente, disfrutando de una normalidad que ambos llevaban demasiado tiempo sin permitirse.

—No voy a admitir que esto ha sido buena idea.

—No hace falta. Ya sé que lo estás pensando.

—No lo estoy pensando idiota.

—Claro que sí. Y gracias por lo de idiota, saliendo de ti es todo un alago—Comentó con ese tono irónico que ya tanto le caracterizaba.

Claudia optó por ignorarlo, aunque una pequeña sonrisa apareció durante un instante antes de desaparecer.

Aquella pequeña pausa les permitió olvidarse del caso durante unos minutos, pero la investigación terminó regresando de forma inevitable.

Llevaba demasiado tiempo formando parte de sus días como para mantenerse al margen mucho tiempo.

—Lo de Mateo sigue sin convencerme—comentó Claudia—No estaba mintiendo por completo, pero tampoco estaba siendo sincero.

—Sí. Tenía mucho cuidado con lo que decía. Parecía medir cada palabra antes de soltarla.

Claudia avanzó unos pasos en silencio, dándole vueltas a todo lo que acababan de descubrir. Cuanto más recordaba las respuestas de Mateo, más evidente le parecía que había intentado mantenerse cerca de la verdad sin llegar a contarla por completo.

—Desaparecer durante uno o dos días no es algo que ocurra por casualidad.

—Y tampoco algo que hagas una sola vez.

—Exacto.

Alex se quedó pensativo mientras terminaba el helado. La imagen de Paula desapareciendo durante días enteros y regresando después como si nada hubiera ocurrido encajaba cada vez menos con la versión superficial que todos les habían contado.

—Eso significa que había una rutina.

—Y alguien más implicado.

La idea resultaba difícil de ignorar. Cada nueva pieza parecía señalar hacia una persona que todavía no había aparecido en la investigación, o ellos no se habían dado cuenta.

—Lo extraño es que nadie mencione a esa persona—añadió Alex al cabo de unos segundos.

—Porque no quieren hacerlo.

—O porque tienen motivos para callarse.

Claudia no respondió de inmediato. Aquella posibilidad también llevaba tiempo rondándole la cabeza.

Siguieron caminando junto a la fuente. El sonido del agua llegaba hasta ellos mezclado con conversaciones lejanas y risas dispersas.

—Voy a hacerte una pregunta y espero una respuesta.

Claudia lo miró de reojo.

—Eso depende de la pregunta.

— ¿Siempre has sido así?

— ¿Así cómo?

—Con todo bajo control. Siempre pendiente de cada detalle. Siempre intentando que nada se salga de su sitio.

Claudia dejó escapar una pequeña sonrisa sin apartar la vista del camino.

—Funciona.

—No digo que no—Alex caminó unos metros más antes de continuar.

Después de todo el tiempo que llevaban trabajando juntos, empezaba a conocer lo suficiente a Claudia como para entender que aquella necesidad de tenerlo todo bajo control no era una simple manía.

Era la forma que había encontrado de seguir adelante—Solo digo que debe de ser agotador.

Aquella observación la hizo pensar más de lo que estaba dispuesta a reconocer.

—No te estoy obligando a quedarte.

—Ya lo sé.

El convencimiento con el que pronunció aquellas palabras hizo que Claudia girara la cabeza hacia él.

—Pero quiero hacerlo.

No había ironía ni dobles sentidos. Tampoco una de esas bromas con las que solía esquivar las conversaciones incómodas. Era simplemente la verdad. Claudia siguió caminando sin responder. No porque estuviera buscando qué decir, sino porque aquella vez no parecía necesario añadir nada más.

El paseo continuó mientras el parque iba quedando atrás poco a poco. Entre los árboles empezaban a colarse de nuevo los sonidos de la ciudad y el tráfico recuperaba el protagonismo que había perdido durante aquel breve paréntesis.

Cuando alcanzaron las calles principales, ambos sabían que el descanso había terminado y que la investigación volvería a ocupar el lugar de siempre. Pero algo entre ellos había cambiado ligeramente durante aquel rato, aunque ninguno sintiera la necesidad de ponerle nombre.

—Bueno —dijo Alex—Se acabó el descanso.

—Sí. Se acabó.

Se detuvieron un momento antes de cruzar la calle hacia el coche. El caso seguía siendo complicado. Las preguntas continuaban acumulándose y las respuestas todavía parecían insuficientes. Sin embargo, algo había cambiado.

Las dudas seguían ahí, pero ya no parecían avanzar a ciegas. Entre todas las contradicciones, los silencios y las medias verdades empezaban a dibujarse una dirección que hasta entonces había permanecido oculta.

—Vamos.

La determinación con la que lo dijo hizo que sonara menos a una simple invitación y más a una decisión. Y mientras regresaban al coche, Claudia tuvo la sensación de que las respuestas no estaban tan lejos como habían parecido hasta entonces.