Ignorada CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

La universidad estaba mucho más animada que el día anterior.

El bullicio de estudiantes llenaba los pasillos y las zonas comunes, creando una sensación de normalidad que a Claudia le resultaba cada vez más ajena.

Caminaba junto a Alex sin detenerse, observando el movimiento a su alrededor mientras repasaba mentalmente todo lo que habían descubierto durante las últimas horas.

— ¿Por dónde empezamos? —preguntó Alex, bajando ligeramente la voz.

—Por Mateo. Ayer se dejó demasiadas cosas sin contar.

—Sí, y ninguna especialmente pequeña.

No tardaron en encontrarlo. Estaba en la misma zona que el día anterior, apoyado junto a una de las ventanas de la cafetería y hablando con otros dos chicos de su clase.

Parecía relajado, completamente integrado en una conversación cualquiera, hasta que los vio acercarse.

La charla se interrumpió de inmediato cuando los vio acercarse.

—Mateo.

La expresión de resignación apareció en su rostro antes incluso de que hablara.

—Otra vez...

—Sí —respondió Alex con tranquilidad—Y esta vez será mucho más sencillo si no tenemos que repetir las mismas preguntas.

Mateo lanzó una rápida mirada hacia los chicos con los que estaba hablando, dejando bastante claro que prefería no mantener aquella conversación delante de ellos.

— ¿Podemos...?

—Claro. A solas.

Se apartaron unos metros hacia una zona más tranquila del pasillo, lejos del tránsito constante de estudiantes.

—Ya os dije todo lo que sabía.

Claudia lo observó durante unos instantes.

—No exactamente.

— ¿Cómo qué no?

—Ayer nos contaste que veías a Paula de vez en cuando, que aquello no era nada serio y que la última vez que estuviste con ella fue el mismo día de su desaparición —intervino Alex—. Pero hay partes que siguen sin cuadrarnos.

Mateo cruzó los brazos.

—Porque no hay más.

—Sí las hay.

La reacción fue casi imperceptible, pero tanto Claudia como Alex la detectaron al momento.

— ¿Como cuáles?

—Como el hecho de que Paula no siempre dormía en casa.

La referencia a Paula consiguió romper parte de la seguridad con la que había respondido hasta entonces. La incomodidad apareció durante un instante y desapareció enseguida, pero Claudia y Alex ya la habían visto.

— ¿Eso tampoco te suena?

—No... Bueno... sí.

La duda con la que respondió confirmó lo que ambos ya sospechaban.

—Entonces explícalo.

Mateo guardó silencio durante unos instantes antes de decidirse a hablar.

—A veces se quedaba por ahí.

— ¿Por ahí dónde?

—No sé... con gente.

La explicación resultó tan poco convincente que ni siquiera él pareció creérsela demasiado.

—No.

— ¿No qué?

—Que sí lo sabes.

La insistencia de Claudia pareció dejarle claro que ya no tenía sentido seguir esquivando la cuestión.

—No era asunto mío.

—Pero lo sabías.

Mateo evitó responder de inmediato. Durante unos segundos pareció debatirse entre seguir ocultándolo o admitir lo evidente.

—Alguna vez, sí.

Alex aprovechó la pequeña grieta que acababa de abrirse.

— ¿Con quién se quedaba?

El joven volvió a dudar antes de contestar.

—Con alguien.

— ¿Un chico?

Mateo negó con la cabeza.

—No siempre.

Aquellas dos palabras cambiaron por completo el sentido de la conversación.

—Entonces no era algo puntual —señaló Alex—Era algo que ocurría con frecuencia.

Mateo pareció quedarse sin argumentos para seguir sosteniendo su versión, y Claudia no dejó pasar la oportunidad de profundizar un poco más.

—Ahora mismo no nos interesa decidir qué detalles son importantes y cuáles no. Lo único que necesitamos es que nos cuentes la verdad.

El joven bajó la mirada hacia el suelo.

—No sé quién era. Solo sé que desaparecía durante uno o dos días y luego volvía como si no hubiera pasado nada.

— ¿Uno o dos días?

—No ocurría siempre, pero sí algunas veces.

Claudia procesó la información sin apartar la vista de él. Aquello no encajaba con nada de lo que habían descubierto hasta ese momento.

— ¿Alguna vez te dijo dónde iba?

—No.

— ¿O con quién estaba?

—Tampoco.

— ¿Y nunca te pareció raro?

Mateo se encogió ligeramente de hombros.

—Sí, claro que me parecía raro. Pero Paula era así. Hacía lo que quería y no le gustaba dar explicaciones.

Claudia comprendió que no iba a sacar mucho más de aquella línea y optó por cambiar de enfoque.

— ¿Y Daniela?

La mención del nombre pareció cogerlo desprevenido.

— ¿Qué pasa con ella?

— ¿Hacía algo parecido?

La pregunta lo obligó a pensar durante unos segundos.

—No lo sé. Nunca me fijé tanto.

No era una respuesta especialmente útil, pero tampoco sonó a mentira.

—De momento es suficiente.

El alivio fue evidente en su expresión.

—Si recuerdo algo más, os llamaré.

—No te preocupes. Si hay algo más, acabaremos encontrándolo.

Se alejaron por el pasillo mientras el ruido habitual de la universidad volvía a mezclarse a su alrededor. Caminaron unos metros sin hablar, cada uno ocupado en ordenar las nuevas piezas que acababan de aparecer.

—Vale —dijo Alex al final—Esto ya es otra cosa.

—Sí.

—No estamos hablando de una chica que salía de vez en cuando y ya está.

—No.

Claudia volvió la vista hacia el lugar donde habían dejado a Mateo.

—Hay una parte de la historia que nadie nos ha contado.

—Y probablemente alguien que todavía no ha aparecido.

Aquella posibilidad empezaba a ganar fuerza con cada conversación.

Mientras continuaban avanzando entre grupos de estudiantes que seguían ajenos a todo aquello, ambos compartían la misma impresión. La investigación continuaba llena de preguntas y de piezas difíciles de encajar, pero al menos habían dejado de avanzar en círculos.

Las respuestas seguían lejos, aunque cada vez parecía más evidente que no estaban escondidas en lo que todos les habían contado, sino precisamente en aquello que alguien llevaba demasiado tiempo intentando esconder.