Ignorada CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

La mañana había comenzado incluso antes de que la comisaría recuperara su ritmo habitual.

Alex ya ocupaba uno de los extremos de la barra cuando los primeros agentes empezaban a entrar en la cafetería.

Tenía delante una taza de café casi terminada y la expresión de alguien que llevaba demasiado tiempo dándole vueltas a las mismas ideas.

Al otro lado de la barra, Marcos preparaba cafés con la tranquilidad de siempre.

—Hoy vienes temprano —comentó.

—Hoy no he dormido mucho —respondió Alex—así que he decidido adelantar el problema.

Marcos dejó una taza limpia sobre la barra mientras negaba con la cabeza.

—Eso no suele funcionar.

—Lo sé, pero al menos da la impresión de que estás haciendo algo productivo.

La puerta de la cafetería se abrió pocos minutos después. Claudia entró con el mismo paso decidido de siempre, aunque Alex ya empezaba a reconocer cuándo llegaba especialmente concentrada en el caso. Antes incluso de que se acercara, levantó la taza en su dirección.

—Te he pedido uno.

—Gracias.

Claudia se colocó junto a él y observó el café durante un instante.

— ¿Desde cuándo haces de camarero?

—Desde que veo que llegas sin desayunar. Empiezo a preocuparme por tu rendimiento.

Aquello consiguió suavizar ligeramente su expresión.

—Mi rendimiento está perfectamente.

—Podría estar mejor.

—No te acostumbres.

—Tranquila, es un gesto puntual. No conviertas esto en algo importante.

Claudia tomó un sorbo de café antes de volver a lo que realmente ocupaba su cabeza.

—He estado pensando en la llamada de anoche.

—Menos mal que has especificado. Durante un segundo pensé que hablábamos de otra cosa.

Ella ignoró el comentario sin el menor esfuerzo.

—Si Paula pasaba noches fuera de casa y nadie sabe dónde estaba, significa que se nos está escapando algo importante.

—Y no parece algo que ocurriera una sola vez—añadió Alex—Si era una costumbre, alguien tendría que saberlo.

Claudia apoyó la taza sobre la barra y se tomó un momento para ordenar las ideas. Lo que más le inquietaba no era que Paula hubiera ocultado algo, sino que nadie pareciera conocer esa parte de su vida.

—Exacto. Sus padres no saben nada, sus amigas no han mencionado nada y nosotros tampoco hemos encontrado a nadie que pueda explicar dónde estaba.

—O sí lo hemos encontrado y todavía no ha decidido contárnoslo.

Aquella posibilidad encajaba demasiado bien con todo lo que estaban descubriendo.

—Eso es precisamente lo que no me gusta.

—A mí tampoco.

La conversación regresó de forma natural al terreno profesional.

— ¿Subimos?

—Sí.

El despacho de Rubén ya estaba abierto cuando llegaron. El inspector revisaba varios documentos sobre la mesa y levantó la vista en cuanto los vio entrar.

—Buenos días.

—Buenos días jefe.

Claudia fue directamente al asunto.

—Anoche llamó la madre de Paula.

— ¿Ha recordado algo más?

—Dice que algunas noches no dormía en casa. Ocurría con cierta frecuencia, pero nunca explicaba dónde estaba ni con quién.

— ¿Y eso no lo comentó cuando hablasteis con ellos?

—No porque nunca le dio importancia. Pensaba que se quedaba con amigas.

—El problema es que ninguna de las personas con las que hemos hablado ha mencionado algo parecido—añadió Alex.

Rubén se acomodó en la silla mientras valoraba la información.

—Entonces tenemos dos opciones. O estaba mintiendo a sus padres o existe alguien que todavía no ha aparecido en la investigación.

—Es la conclusión a la que hemos llegado nosotros también.

Durante unos momentos permaneció en silencio, repasando mentalmente las posibilidades.

—Bien. Entonces volvemos a los chicos.

— ¿Mateo y Rafael?

—Mateo, Rafael y cualquiera que pudiera moverse en ese círculo. Si existe una persona que todavía no conocemos, es muy probable que aparezca por ahí.

—Eso vamos a hacer.

—Y no os conforméis con las primeras respuestas. Cuando la gente cree que ya sabemos más de lo que realmente sabemos, suele cometer errores.

Aquello arrancó una media sonrisa a Alex.

—Por suerte, sabemos aprovechar bastante bien esos errores.

Rubén no respondió, pero la expresión con la que los observó dejaba claro que esperaba exactamente eso.

—Mantenedme informado.

—Lo haremos.

Abandonaron el despacho y se encontraron con una comisaría mucho más activa que a primera hora de la mañana. Agentes entrando y saliendo, teléfonos sonando y conversaciones cruzándose en todas direcciones.

— ¿Universidad otra vez? —preguntó Alex mientras avanzaban por el pasillo.

—Sí. Y esta vez vamos a presionar un poco más.

—Pobre Mateo.

La reacción de Claudia fue casi imperceptible.

—Si sabe algo, terminará contándolo.

—Y si no sabe nada...

—Entonces tendremos que encontrar a quien sí lo sabe.

Aquella respuesta bastó para que Alex entendiera que llevaba toda la mañana pensando exactamente en lo mismo.

—Vale. Pues vamos a encontrarlo.

Subieron al coche y cerraron las puertas. Claudia mantenía las manos sobre el volante, pero su atención parecía estar mucho más lejos que el aparcamiento de la comisaría.

—No es casualidad.

Alex la observó durante un instante.

— ¿Qué cosa?

—Todo esto.

Claudia no necesitó desarrollar la idea para que él la entendiera.

Ambos llevaban demasiado tiempo persiguiendo las mismas piezas como para no llegar a la misma conclusión.

Las noches fuera de casa, los silencios, las medias verdades y las contradicciones que aparecían cada vez que creían estar acercándose a una respuesta formaban ya un patrón demasiado evidente para ignorarlo.

Arrancó el motor y el coche se incorporó al tráfico de la ciudad.

Todavía estaban lejos de comprender qué estaba ocurriendo realmente, pero algo había cambiado.

Después de días avanzando entre pistas que parecían conducir siempre al mismo lugar, comenzaban a intuir que existía una parte de la historia que nadie les había contado.

Cada nueva conversación reforzaba la misma impresión. Las respuestas no parecían estar en todo lo que habían descubierto hasta entonces, sino precisamente en aquello que alguien llevaba demasiado tiempo esforzándose por ocultar.