CAPÍTULO 29
La comisaría había recuperado aparentemente su ritmo habitual, pero para Claudia todo parecía distinto. Después de los últimos descubrimientos era incapaz de recorrer aquellos pasillos sin la sensación de que se les estaba escapando algo importante.
Entró directamente en su despacho, dejó el bolso sobre la mesa y se dirigió a la pared donde había ido colocando fotografías, nombres y conexiones desde que comenzó la investigación.
Permaneció observándola unos instantes, repasando una vez más cada rostro y cada hilo que habían conseguido reconstruir, como si en cualquier momento las piezas fueran a ordenarse solas.
Alex apareció detrás de ella. Claudia ni siquiera se volvió. Continuó desplazando algunas fotografías de un lado a otro mientras intentaba encontrar una relación que todavía se les estaba escapando.
—Míralas bien.
Alex se acercó hasta situarse a su lado y recorrió la pared con la mirada, deteniéndose en cada rostro y en cada conexión que habían ido construyendo durante los últimos días.
—Mismo perfil, misma edad, mismo entorno...
—Y relaciones que terminan cruzándose unas con otras de formas que parecen demasiado precisas para ser casualidad.
Claudia permaneció observando el conjunto unos instantes antes de señalar una de las fotografías.
—Sí, pero seguimos sin responder la pregunta más importante.
— ¿Por qué ellas?
—Exactamente.
La pregunta llevaba días acompañándolos. Habían encontrado conexiones, nombres y secretos, pero nada explicaba por qué aquellas chicas habían terminado convirtiéndose en el centro de todo.
—Entonces llevamos demasiado tiempo mirando donde no toca.
—Empiezo a pensar lo mismo. Tenemos nombres, relaciones y sospechosos potenciales, pero sigo convencida de que el verdadero motivo está en otra parte. No creo que estemos viendo el centro del problema.
— Vale... ahora sí parece que estamos metidos en algo serio.
Aquella conclusión sonaba cada vez más razonable.
Durante unos momentos ambos permanecieron concentrados en la misma idea.
Habían investigado a Marcos, a Mateo, a Rafael y a todas las personas que aparecían alrededor de las víctimas, pero ninguna terminaba de encajar del todo. Alex cogió una de las fotografías.
—Mateo, Marcos, Rafael... todos parecen importantes hasta que los observas con calma.
Aquello consiguió que apareciera una leve sonrisa en el rostro de Claudia.
—Empiezas a pensar como yo.
—No sé si eso debería preocuparme.
—Probablemente sí.
Durante un instante ambos compartieron aquella pequeña tregua que de vez en cuando conseguía abrirse paso entre el caso y todas las preguntas sin respuesta.
Sin embargo, la sensación duró poco. Bastó con volver la vista hacia las fotografías para que la investigación recuperara de nuevo todo el protagonismo.
—Necesito café—anunció Alex—Y algo de comer antes de que empiece a construir teorías imposibles.
—Llegas tarde. Las teorías imposibles ya han empezado.
—Entonces necesito comida urgentemente.
Claudia terminó de colocar la última fotografía.
—Vamos.
La cafetería estaba sorprendentemente tranquila para aquella hora.
El ruido habitual de la comisaría apenas llegaba hasta allí y el ambiente parecía ajeno a todo lo que estaba ocurriendo.
Marcos seguía detrás de la barra. Como siempre.
Y precisamente eso era lo que empezaba a resultar extraño.
Cuando los vio acercarse, sonrió con absoluta normalidad.
— ¿Lo de siempre?
—Un café.
—Y algo de comer—añadió Alex—Mi supervivencia depende de ello.
Marcos soltó una pequeña sonrisa mientras preparaba el pedido.
—Se os ve bastante ocupados últimamente.
—Un poco—respondió Alex con naturalidad.
Claudia aprovechó la oportunidad para seguir tirando de aquel comentario. Cualquier detalle podía resultar útil, incluso uno tan aparentemente inocente como ese.
— ¿Por qué lo dices?
Marcos se encogió ligeramente de hombros mientras terminaba de colocar una taza sobre la barra.
—No sé. Hay más movimiento de lo normal. Se nota cuando algo importante está pasando.
Claudia escuchó la respuesta sin apartar la atención de él. No había nada extraño en sus palabras y, sin embargo, seguía teniendo la incómoda sensación de que algo no terminaba de encajar.
—Ya...
Tomó el café de la barra y esperó a que Alex recogiera lo suyo antes de dirigirse hacia una mesa.
—Gracias.
Se alejaron hasta una mesa apartada y durante unos minutos permanecieron en silencio.
Alex dio un bocado al sándwich mientras seguía observando a Marcos tras la barra.
Cuanto más lo veía comportarse con absoluta normalidad, más difícil le resultaba ignorar la sensación de que algo no terminaba de encajar.
—Vale. No sé si es cosa mía, pero ahora todo lo que dice me parece raro.
—No eres el único.
Alex volvió la vista hacia ella.
— ¿A ti también te pasa?
Claudia llevaba tiempo intentando ponerle nombre a aquella sensación sin conseguirlo.
—Sí. Y eso es precisamente lo que más me molesta. No sabría explicar qué es, pero hay algo que no termina de convencerme.
—Eso es lo que me preocupa.
Claudia dirigió la mirada hacia la barra. Marcos seguía atendiendo clientes, preparando cafés y moviéndose por el local con la misma naturalidad de siempre. Nada en él parecía encajar con la imagen que llevaban días intentando construir.
—No encaja.
—Entonces no es él.
La conclusión parecía lógica, pero no terminaba de resolver el problema.
—No creo que lo sea.
La verdadera dificultad era que tampoco podían apartarlo completamente de la ecuación. Cada nuevo descubrimiento terminaba devolviéndolos a él de una forma u otra.
—Pero está demasiado cerca de todo esto como para que sea una coincidencia.
Ninguno de los dos necesitaba discutir aquella idea. Marcos aparecía una y otra vez alrededor de las víctimas, pero cuanto más investigaban sobre él, más difícil resultaba verlo como la persona que estaban buscando.
—Entonces alguien está moviendo las piezas.
—Y nosotros seguimos viendo solo una parte del tablero.
La reflexión resumía perfectamente el punto en el que se encontraba la investigación. Llevaban días reuniendo nombres, reconstruyendo relaciones y descubriendo secretos que parecían importantes, pero seguían sin encontrar a la persona que realmente estaba detrás de todo aquello.
Claudia volvió la vista hacia la barra. Marcos seguía trabajando como si nada. Atendía clientes, preparaba cafés y sonreía de vez en cuando, completamente ajeno a las sospechas que giraban constantemente a su alrededor.
Sin embargo, por primera vez desde que habían comenzado a investigar, tuvo la sensación de que estaban haciendo las preguntas equivocadas.
Quizá el problema nunca había sido Marcos.
Quizá solo era otra pieza más. Y si aquello era cierto, significaba que la persona que buscaban seguía oculta, observando desde algún lugar mientras ellos seguían avanzando a ciegas.
CAPÍTULO 29
La tarde se había ido apagando poco a poco dentro de la comisaría, pero en el despacho de Claudia el tiempo parecía haberse quedado detenido.
Las fotografías seguían ocupando la pared, acompañadas de nombres, fechas y conexiones que, sobre el papel, parecían tener sentido.
Sin embargo, cuanto más tiempo pasaban observándolas, más difícil resultaba distinguir algo realmente útil entre toda aquella información.
Alex permanecía junto a la mesa con varios documentos abiertos delante, aunque hacía rato que había dejado de leerlos.
—Te voy a decir una cosa—murmuró finalmente—y no es especialmente buena.
Claudia mantuvo la vista fija en las fotografías durante unos instantes, como si esperara que alguna de ellas terminara ofreciéndole una respuesta que todavía se les escapaba.
—Dime.
—Creo que estamos exactamente igual que hace unas horas... solo que mucho más cansados.
Aquella conclusión era difícil de discutir. Después de todo el día persiguiendo pistas y reconstruyendo conexiones, la sensación seguía siendo la misma: tenían muchas piezas sobre la mesa, pero ninguna terminaba de mostrarles la imagen completa.
—Totalmente...
La sensación era frustrante. Habían dedicado el día entero a seguir pistas, entrevistar personas y reconstruir relaciones, pero seguían sin acercarse a una explicación convincente.
—Y eso es precisamente lo que me molesta—añadió— Todo está demasiado bien colocado.
— ¿Otra vez con eso?
—Sí. Cuanto más lo miro, menos me gusta. Todo parece encajar a la perfección hasta que intentas profundizar un poco. Entonces ya no hay nada.
Alex dejó los papeles sobre la mesa.
—Como si alguien hubiera dejado solo lo necesario para que todo pareciera lógico.
—Pero no real.
Aquella era exactamente la sensación que llevaba horas acompañándola. Antes de que pudieran seguir desarrollando la idea, el teléfono rompió la quietud del despacho. Claudia respondió casi por reflejo.
— ¿Sí?
Durante unos instantes solo se escuchó la respiración de la persona que había llamado. Finalmente, una voz femenina rompió el silencio.
—Hola... soy la madre de Paula.
Claudia se incorporó en la silla y puso el altavoz.
—Dígame.
—Perdón por llamar a estas horas. No sabía si esto tenía importancia, pero llevo un rato pensando en ello y he creído que debía contárselo.
Alex dejó de prestar atención a los documentos y dirigió toda su atención hacia la conversación.
—Ha hecho bien en llamar. Cuénteme.
La mujer respiró hondo antes de hablar.
—Seguramente sea una tontería, pero algunas noches Paula no dormía en casa.
Aquello consiguió captar inmediatamente el interés de Claudia.
— ¿Se quedaba con amigas?
—Eso decía. El problema es que nunca explicaba con quién.
Aquello llamó inmediatamente la atención de Claudia. No era extraño que una chica de su edad pasara noches fuera de casa, pero sí resultaba llamativo que, después de tanto tiempo, sus propios padres no fueran capaces de mencionar un solo nombre.
— ¿Era algo frecuente?
—No demasiado, pero sí lo suficiente como para que ahora me haya llamado la atención.
Al otro lado de la línea se hizo un breve silencio.
—Después de que se fueran ustedes, me quedé pensando en todo lo que hablamos y me di cuenta de que, en realidad, nunca supe dónde estaba esas noches.
Claudia se acercó a la mesa y tomó asiento mientras intentaba ordenar la información que acababa de recibir.
— ¿Recuerda si coincidía con algún día concreto? ¿Fines de semana, entre semana...?
—No. Era bastante irregular. Precisamente por eso nunca me pareció extraño. Decía que se quedaba con alguna amiga y no le di más importancia.
Aquello empezaba a resultar cada vez más interesante.
— ¿Llegó a mencionar algún nombre?
—No. Y ahora que lo pienso, eso es lo que más raro me parece.
—Ha hecho bien en llamarnos. No es un detalle sin importancia.
La mujer dudó antes de formular la siguiente pregunta.
— ¿Cree que puede tener relación con lo que le pasó?
Claudia intercambió una breve mirada con Alex, apoyó una mano sobre la mesa mientras valoraba la mejor forma de responder.
—Es posible. Vamos a investigarlo.
—De acuerdo.
—Y si recuerda cualquier otra cosa, por pequeña que parezca, llámenos.
—Lo haré.
Claudia dejó el móvil sobre la mesa y se quedó pensativa.
La conversación apenas había durado unos minutos, pero acababa de aportar más información útil que buena parte de las entrevistas realizadas durante el día.
Alex observó su expresión y entendió enseguida que estaba llegando a la misma conclusión.
—Vale. Eso ya no entra en la categoría de "no tenemos nada".
—No.
Aquella información abría una puerta completamente nueva.
—Paula decía que dormía en casa de amigas, pero ninguna de las personas con las que hemos hablado ha mencionado algo parecido.
—Y tampoco tenemos a nadie que pueda confirmar dónde estaba esas noches.
—Lo que significa que estaba ocultando algo.
—O a alguien.
La idea encajaba mejor de lo que a ambos les habría gustado admitir. Cuanto más repasaban lo que sabían sobre Paula, más evidente resultaba que existía una parte de su vida que nadie parecía conocer realmente.
—Y debía de ser lo bastante importante como para mantenerlo en secreto incluso con sus padres.
Alex intentaba encajar aquella nueva posibilidad con todo lo que habían descubierto hasta ese momento. Cuanto más lo analizaba, más incómodo le resultaba.
—Eso ya me gusta bastante menos.
Aquello arrancó una pequeña reacción en Claudia.
—A mí tampoco me gusta.
Sin embargo, aquella incomodidad era diferente.
Hasta ese momento habían pasado horas revisando pistas, nombres y conexiones que parecían encajar demasiado bien, como si alguien hubiera dejado el camino marcado delante de ellos.
Aquello, en cambio, tenía otro aspecto. No parecía una pieza colocada para ser encontrada, sino un detalle surgido de forma inesperada, algo que nadie había previsto que apareciera.
Claudia volvió la vista hacia la pared cubierta de fotografías.
Las imágenes seguían siendo las mismas. Los nombres, las conexiones y las preguntas sin respuesta continuaban exactamente dónde estaban unos minutos antes.
Pero algo había cambiado. La historia que todos les habían contado acababa de mostrar una grieta.
Y, mientras observaba las fotografías, tuvo la sensación de que la verdad no estaba en todo lo que habían descubierto hasta entonces, sino precisamente en aquello que alguien había intentado mantener oculto.