CAPÍTULO 25
Salieron de la universidad sin ninguna prisa. A medida que se alejaban del campus, el ruido de los estudiantes y las conversaciones fue quedando atrás, sustituido poco a poco por el tráfico de la ciudad y el sonido distante de una tarde que empezaba a apagarse.
Ambos seguían dándole vueltas a todo lo que acababan de descubrir. Habían encontrado nuevas conexiones, nuevos nombres y nuevas preguntas, pero seguían sin acercarse a una respuesta clara.
—Creo que nos hemos ganado un descanso. Algo de comer, una cerveza... o cualquier cosa que no implique seguir interrogando gente durante un par de horas. Mañana todo esto va a seguir ahí, pero igual lo vemos con otra perspectiva. Claudia avanzó unos pasos más antes de responder.
—Ven a mi casa.
Alex arqueó una ceja con gesto divertido y sorprendido a la vez, esperaba una negativa como siempre, pero no una invitación así.
— ¿Eso es un "vamos a seguir trabajando" o me estás invitando oficialmente?
—Tengo algo que enseñarte.
La sonrisa que apareció en el rostro de Alex se hizo un poco más amplia.
—Sabía que acabarías cayendo rendida a mis pies, pero reconozco que no esperaba que sucediera tan rápido.
Claudia ni siquiera se molestó en mirarlo.
—Ni en tus mejores sueños.
—Bueno, tenía que intentarlo.
El trayecto hasta el piso transcurrió con una tranquilidad distinta a la de otros días. Seguían hablando del caso de vez en cuando, pero sin la presión constante que los había acompañado durante las últimas jornadas.
Cuando llegaron, Claudia abrió la puerta y entró directamente.
El piso estaba exactamente igual que siempre.
Todo ocupaba su lugar habitual. No había objetos fuera de sitio, ropa abandonada sobre una silla ni nada que rompiera el orden casi obsesivo con el que organizaba su espacio.
Dejó las llaves en el pequeño cuenco de la entrada y colgó la chaqueta en el perchero con un gesto automático.
Alex observó el apartamento mientras avanzaba unos pasos.
—Vale... esto sí que no me lo esperaba inspectora.
— ¿Qué cosa?
—Que alguien pueda tener absolutamente todo tan controlado.
Ella se encogió de hombros.
—Me ayuda a pensar.
Alex siguió recorriendo el salón con la mirada.
—Pues me gusta. Y sí, soy consciente de que no suena especialmente romántico, pero pretendía ser un cumplido.
Aquello consiguió arrancarle una pequeña sonrisa.
—Vivo sola.
—Se nota.
— ¿Eso también era un cumplido?
—En tu caso sí. No termino de imaginarte compartiendo armario, estanterías o espacio vital con otra persona.
Ella negó con la cabeza, aunque la sonrisa seguía ahí.
—No soy tan complicada.
—No, claro. Solo parece que cada objeto de esta casa tiene asignadas unas coordenadas exactas.
—Las tiene—Esta vez no pudo evitar reírse más de lo que pretendía —Si tienes algún problema con eso...
Alex levantó las manos.
—Vale, me rindo.
Aquello le arrancó una segunda sonrisa antes de dirigirse hacia el salón. Abrió uno de los cajones del mueble y sacó una pequeña bolsa transparente. Después la dejó sobre la mesa.
—Esto estaba en el bolso de Paula.
La expresión de Alex cambió de inmediato. Se acercó mientras Claudia extraía la nota y se la tendía. La leyó despacio.
—"Ignorada"
Alex permaneció unos segundos observando la nota antes de volver la atención hacia Claudia. La sorpresa apareció de forma inmediata en su expresión cuando comprendió lo que aquello significaba.
—La misma apareció en el caso de mi hermana.
— ¿La misma exactamente?
—Sí.
El ambiente cambió al instante. Alex volvió a mirar la nota, como si esperara encontrar algo más escondido entre aquellas pocas letras.
—Entonces esto no empezó con Paula.
—No.
Claudia permaneció inmóvil mientras hablaba.
—Lleva mucho tiempo ocurriendo.
— ¿Rubén sabe algo de esto?
—No.
— ¿Porque no confías en él o porque quieres estar completamente segura antes de enseñarle algo así?
—Un poco de las dos cosas.
Aquella confesión pareció acercarlos más que muchas conversaciones anteriores. Alex apoyó una mano sobre el borde de la mesa.
—Tiene sentido—Su voz sonó más suave—Y me alegra que me lo hayas enseñado a mí.
Claudia no respondió, pero tampoco apartó la mirada. Durante unos segundos ninguno sintió la necesidad de añadir nada más. Fue Alex quien acabó desviando el tema.
— ¿Pedimos algo de cenar?
Claudia asintió.
—Sí…
Pidieron algo sencillo y, cuando la comida llegó, terminaron sentados en el suelo del salón, apoyados contra el sofá.
La mesa baja estaba cubierta de recipientes abiertos y un par de copas de vino a medio llenar.
La tensión de la investigación parecía haberse quedado temporalmente al otro lado de la puerta.
Permanecieron un buen rato en silencio simplemente cenando y mirándose.
Claudia sostenía la copa entre los dedos mientras observaba distraídamente el líquido moverse en su interior. Hasta que decidió hablar.
—Mis padres murieron cuando éramos pequeñas—No levantó la vista al decirlo—Fue un accidente.
Guardó silencio unos instantes. Alex no dijo nada. Permaneció escuchándola con atención, consciente de que había tardado demasiado tiempo en hablar de aquello como para llenarlo ahora con comentarios o intentos de consuelo.
—Desde entonces solo quedábamos nosotras dos.
Claudia giró lentamente la copa entre los dedos mientras buscaba las palabras adecuadas. Hacía años que no hablaba de Lucía de aquella manera y, al hacerlo, los recuerdos regresaban con una facilidad que resultaba incómoda.
—Yo siempre fui la responsable. La que tenía que estar pendiente de todo. La que organizaba las cosas. La que intentaba que nada se rompiera—Una pequeña sonrisa asomó a sus labios al pensar en ella—Lucía era justo lo contrario.
Durante unos instantes pareció quedarse observando algún recuerdo que solo existía en su cabeza.
—Era más libre. Más impulsiva. Más valiente en algunas cosas—Alex seguía escuchándola sin apartar la atención de ella—Y quizá por eso nunca me contó todo—La reflexión llegó casi en voz baja, como si llevara años rondándole por la cabeza—Cuando pasó... yo no estaba.
Aquella vez sí buscó los ojos de Alex.
—Y eso es algo que no voy a poder cambiar nunca.
Alex dejó la copa sobre la mesa con cuidado antes de responder.
—No debe de ser fácil vivir con algo así. Pero tú no eres culpable.
Claudia bajó la vista durante un instante y dejó escapar un pequeño suspiro.
—No lo es. Por eso no hablo de ello.
—Pues hoy has hecho una excepción.
Claudia no respondió, pero tampoco intentó esquivar aquella mirada.
Había pasado demasiado tiempo levantando muros para no darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Entre ellos ya existía algo más que una relación profesional.
Había confianza, complicidad y una cercanía que se había ido construyendo casi sin que ninguno de los dos lo advirtiera.
Durante unos instantes ninguno apartó la vista.
Fue entonces cuando Alex se inclinó despacio hacia ella y la besó.
Por un instante Claudia olvidó el caso, la investigación y todo aquello que llevaba demasiado tiempo ocupando cada rincón de su cabeza.
Respondió sin pensar, dejándose llevar por una cercanía que había ido creciendo entre ellos casi desde el primer día.
Pero la sensación duró poco…Terminó apartándose con suavidad, más por miedo a lo que significaba que por falta de ganas.
—No...
La palabra escapó de sus labios casi en un susurro.
Lo que acababa de ocurrir no le resultaba desagradable; precisamente ese era el problema.
Hacía demasiado tiempo que no permitía que nadie se acercara de aquella manera y no estaba segura de saber qué hacer con todo lo que aquello removía dentro de ella.
Terminó levantándose y dio un pequeño paso atrás.
—Será mejor que lo dejemos aquí.
Alex asintió y dejó que aquel momento terminara exactamente donde Claudia había decidido.
Después caminaron juntos hasta la entrada.
Lo que acababa de ocurrir seguía presente entre ellos, aunque de una forma distinta a la que cualquiera habría esperado.
No había incomodidad ni arrepentimiento, solo demasiadas emociones mezcladas con una investigación que ya ocupaba buena parte de sus vidas.
Cuando llegó a la puerta, Alex se giró hacia ella antes de marcharse.
—Claudia... —Ella levantó la vista—Gracias por confiar en mí.
La seriedad con la que lo dijo hizo que aquellas palabras tuvieran más peso que cualquier otra cosa que hubiera dicho durante la noche.
—Vamos a llegar hasta el final.
Claudia percibió la convicción en su voz. No hablaba solo del caso.
—Descansa.
Ella asintió suavemente.
—Tú también.
Alex salió al rellano y la puerta se cerró tras él.
El silencio regresó al piso, aunque ya no parecía exactamente el mismo.
Claudia permaneció unos instantes junto a la entrada antes de volver despacio al salón.
Todo seguía exactamente igual que unas horas antes.
La nota continuaba sobre la mesa. Las copas seguían donde las habían dejado.
Nada había cambiado realmente. Y, sin embargo, ella sentía que sí.
Más tarde, ya en la cama, intentó centrar la mente en la investigación.
Repasó nombres, fotografías, declaraciones y conexiones que todavía no terminaban de encajar.
Pensó en Paula, en Daniela, en Marcos, en Mateo y en aquella nota que parecía unir casos separados por demasiados años como para tratarse de una coincidencia.
Pero cuando el cansancio empezó a vencerla, descubrió que no era eso lo que ocupaba realmente sus pensamientos.
Lo que regresaba una y otra vez era la conversación que había compartido con Alex, todo lo que le había contado sobre Lucía y la facilidad con la que, casi sin darse cuenta, había terminado mostrando una parte de sí misma que llevaba años manteniendo oculta.