CAPÍTULO 24
La universidad estaba llena de vida cuando llegaron.
Grupos de estudiantes cruzaban el campus cargados con apuntes, cafés y conversaciones que parecían mucho más importantes que cualquier otra cosa.
Todo seguía el ritmo habitual de un día cualquiera, ajeno a la investigación que había llevado a Claudia y Alex hasta allí.
Avanzaron entre los estudiantes sin un destino claro.
Preguntaron a dos chicos que negaron con la cabeza antes de acercarse a un tercer grupo.
—Estamos buscando a Mateo. Estudia tercero de Criminología y comparte clase con Paula Ríos.
Una de las chicas intercambió una mirada con sus compañeros.
— ¿Mateo?
Alex asintió.
—Sí.
—Acaba de salir de clase. Si no ha cambiado de idea, estará en la zona de la cafetería.
Mateo estaba apoyado cerca de una ventana, distraído con el móvil y completamente ajeno a la atención que estaba a punto de recibir. Levantó la vista al escuchar que lo llamaban y tardó apenas un instante en darse cuenta de que aquellos dos desconocidos no habían ido hasta allí por casualidad.
— ¿Mateo?
—Sí.
—Policía. Necesitamos hablar contigo.
La expresión del joven cambió de inmediato. Guardó el móvil y miró alrededor de forma instintiva, como si esperara encontrar una salida sencilla a aquella situación.
—Vale...
Su incomodidad era evidente.
— ¿Aquí?
—Mejor damos un paseo—respondió Alex.
Se alejaron de la zona más concurrida y caminaron hasta un lugar algo más tranquilo. Mateo los acompañó sin protestar, aunque cada vez parecía menos cómodo.
— ¿Qué ocurre?
Claudia decidió ir directamente al asunto.
—Paula.
El nombre bastó para alterar su expresión.
— ¿Qué pasa con ella?
—Ha muerto. ¿No lo sabías?
Durante un instante el chico pareció incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.
— ¿Qué...cómo que ha muerto?
La sorpresa fue tan inmediata que incluso Claudia dudó por un momento de que estuviera fingiendo.
—No sabía nada—Se pasó una mano por el pelo mientras intentaba asimilar la noticia—No tenía ni idea.
Claudia dejó que pasaran unos instantes mientras observaba su reacción. La sorpresa parecía auténtica, pero eso no significaba que estuviera siendo completamente sincero.
—Estuviste con ella.
Mateo acabó asintiendo, aunque era evidente que no le gustaba hablar de aquel tema.
—Sí... pero no era nada serio.
Alex aprovechó la forma en que había respondido para profundizar un poco más.
— ¿Por decisión tuya?
—No. Era cosa suya.
—Explícalo mejor.
El joven tardó unos segundos antes de responder, como si aquella parte de la historia fuera más incómoda de contar que el resto.
—Quedábamos de vez en cuando, nada más. Ella no quería que nadie lo supiera. No quería etiquetas, ni compromisos, ni explicaciones.
— ¿Y a ti te parecía bien?
—Al principio sí. Después ya no tanto.
Aquella respuesta dejó entrever algo más de lo que probablemente pretendía.
— ¿Discutisteis por eso?
—Alguna vez.
— ¿Cuándo fue la última vez que la viste?
—Hace unos días.
Claudia siguió observándolo sin decir nada. A veces bastaba con esperar un poco para que las versiones empezaran a cambiar por sí solas.
—Piénsalo bien.
Mateo evitó su mirada y durante un instante pareció debatirse entre mantener la primera respuesta o decir la verdad.
—El mismo día que desapareció.
Aquella rectificación no pasó desapercibida para ninguno de los dos.
— ¿Y no pensaste que eso podía ser importante? —preguntó Alex.
—No sabía que había desaparecido hasta que lo vi en las noticias.
La conversación había dejado atrás las respuestas cómodas. Claudia podía verlo en la forma en que Mateo elegía cada palabra.
—Pero discutisteis.
El joven tardó unos segundos en responder.
—Sí. Pero no fue nada importante.
Claudia no se mostró convencida.
— ¿Nada?
Mateo apartó la vista hacia algún punto indefinido del campus antes de responder.
—Se enfadó.
— ¿Por qué? ¿Qué ocurrió?
La pregunta quedó suspendida entre ellos más tiempo del esperado. Cuando finalmente habló, su respuesta sonó poco convincente incluso para él.
—No me acuerdo.
Alex permaneció observándolo sin intervenir. A esas alturas resultaba evidente que recordaba mucho más de lo que estaba dispuesto a contar.
—Claro que te acuerdas.
Aquello hizo que desviara la mirada.
—No quería seguir viéndome.
— ¿Y tú, también querías poner fin a la relación?
Mateo no contestó, pero la expresión que cruzó por su rostro resultó mucho más reveladora que cualquier explicación. Claudia comprendió que insistir por ahí no iba a llevarlos más lejos y decidió probar con otra línea.
—Hay otra persona sobre la que queremos preguntarte. Marcos. El camarero del bar al que solíais ir.
—Sí, claro. Lo conozco. Coincidíamos allí muchas veces cuando ellas organizaban alguna salida.
Aquello añadía una conexión más entre nombres que, en teoría, no deberían haber tenido relación y que, sin embargo, aparecían una y otra vez en el mismo lugar.
Claudia dejó pasar unos segundos antes de formular la siguiente pregunta.
— ¿Y Daniela?
—La conocía de la universidad. Nos habíamos visto varias veces, coincidimos por ahí, pero tampoco teníamos mucha relación.
Ninguno de los dos investigadores parecía creer que Mateo les hubiera contado todo, pero tampoco tenían nada que les permitiera presionarlo más en ese momento.
—De momento es suficiente.
Mateo asintió, aunque la tranquilidad con la que los había recibido había desaparecido por completo.
—Si necesitáis algo más...
—Te encontraremos.
Ninguno añadió nada más. Cuando se alejaron, Mateo seguía donde lo habían dejado, observándolos con una expresión difícil de interpretar.
Durante varios metros ninguno dijo nada.
Ambos seguían repasando la conversación, separando lo que Mateo había contado de todo aquello que había intentado ocultar.
—Está escondiendo algo—dijo Claudia finalmente.
—Sí.
Alex llegó a la misma conclusión sin necesidad de pensarlo demasiado.
—Pero no creo que sea esto.
—Yo tampoco.
—También lo creo.
La ruptura con Paula parecía haber dejado más huella de la que Mateo estaba dispuesto a admitir, pero aquello no significaba necesariamente que estuviera relacionado con su muerte.
Mientras abandonaban el campus, ambos seguían dándole vueltas a la misma idea.
Habían encontrado otra pieza del rompecabezas, pero la imagen completa continuaba lejos de estar clara.
Y cuanto más avanzaban, más evidente resultaba que había personas que todavía no les estaban contando toda la verdad.