Ignorada CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

El bar estaba más animado de lo habitual.

Era la hora de comer y el murmullo constante de conversaciones llenaba el local, mezclándose con el sonido de los platos, las cafeteras y los camareros moviéndose de una mesa a otra.

Claudia atravesó el establecimiento sin detenerse a mirar a nadie.

Llevaba toda la mañana pensando en la fotografía encontrada en el piso de Daniela y en las preguntas que necesitaban respuesta.

Alex caminaba a su lado intentando seguirle el ritmo.

—Dime que esta vez sí vamos a comer—murmuró—, porque llevo toda la mañana sobreviviendo a base de café.

Claudia ni siquiera giró la cabeza.

—Primero hablamos con él.

—Perfecto. Pero cuando terminemos pienso recordarte esta conversación.

Al llegar a la barra encontraron a Marcos atendiendo como cualquier otro día. Estaba terminando de servir una consumición cuando levantó la vista y vio aparecer a Claudia. Durante un instante pareció dispuesto a saludarla con total normalidad.

—Buenas. ¿Lo de siempre?

—Ahora no.

El tono de Claudia fue suficiente para que algo cambiara en su expresión.

Marcos dejó el vaso que tenía entre las manos y dirigió toda su atención hacia ella.

Había entendido que aquella visita no tenía nada que ver con el café habitual ni con una conversación intrascendente.

Sin perder tiempo, Claudia sacó el móvil, buscó la fotografía y la dejó sobre la barra con la pantalla orientada hacia él.

—Mírala.

Marcos bajó la vista. Apenas necesitó un segundo para reconocer la imagen.

—Sí. La conocía.

Claudia no apartó los ojos de él.

—Era mi hermana.

La sorpresa apareció de inmediato en el rostro del camarero.

—No lo sabía.

Aquella reacción parecía sincera. Al menos lo suficiente para que Claudia decidiera continuar.

— ¿Qué relación tenías con ella?

La pregunta pareció llevarlo durante un instante a otra época. Cuando habló, lo hizo sin intentar ocultar nada.

—Nos veíamos, pero no era nada serio.

La respuesta dejó a Claudia inmóvil durante un instante. Nunca había oído a Lucía mencionar a Marcos. Ni una sola vez. Después de tantos años creyendo conocer cada rincón de la vida de su hermana, aquella confesión abría una grieta inesperada.

¿Cuántas cosas más había ignorado?

Alex se dio cuenta enseguida del cambio en su expresión antes de intervenir con la misma calma de siempre.

— ¿En secreto?

Marcos asintió ligeramente.

—Sí. Ella prefería que nadie lo supiera.

Claudia cambió de fotografía y volvió a colocar el móvil frente a él. Esta vez aparecía Paula.

— ¿Y a ella?

Marcos observó la imagen durante unos segundos antes de negar con la cabeza.

—No. Con Paula no—Y acto seguido añadió: —Ella estaba con otro chico.

Alex aprovechó la oportunidad y señaló la fotografía donde aparecía Paula acompañada.

— ¿Este?

Marcos volvió a mirar la pantalla.

—Sí. Mateo. Estuvieron juntos una temporada.

Aquello llamó inmediatamente la atención de Claudia y Alex. No porque confirmara nada, sino porque acababan de conseguir un nuevo nombre vinculado a toda aquella red de relaciones.

— ¿Sabes dónde podemos encontrarlo? —preguntó Alex.

—En la universidad. Que yo sepa sigue estudiando allí.

—Está bien… ¿Y Daniela? ¿Preguntó alguna vez por Lucía?

Marcos se sorprendió por el giro de la pregunta.

— ¿Por Lucía?

—Sí. ¿La mencionó alguna vez? ¿Te preguntó por ella o mostró interés por saber quién era?

—No. Que yo recuerde, nunca.

Claudia guardó el móvil mientras repasaba mentalmente todo lo que acababan de descubrir. Habían aparecido nuevas conexiones, nuevos nombres y nuevas preguntas, pero seguían sin encontrar la pieza que explicara qué había descubierto Daniela antes de desaparecer.

La expresión de Marcos se volvió más seria. Hasta entonces había respondido con relativa tranquilidad, pero empezaba a entender que aquellas preguntas estaban relacionadas con algo mucho más grave de lo que había imaginado.

— ¿Ha pasado algo?

Claudia no respondió. Simplemente se dio la vuelta y comenzó a alejarse de la barra. Alex permaneció un instante más junto a Marcos antes de señalar hacia el fondo del local.

—Vamos a sentarnos un momento. ¿Nos puedes traer algo de comer?

—Claro. Por supuesto.

Encontraron una mesa apartada del movimiento constante del local y se sentaron.

A su alrededor las conversaciones continuaban, los camareros iban y venían entre las mesas y los platos seguían saliendo de cocina, pero ninguno de los dos parecía prestar demasiada atención a lo que ocurría alrededor.

Ambos seguían dándole vueltas a todo lo que acababan de descubrir.

—Vale... eso no me lo esperaba.

Claudia permaneció unos segundos observando la superficie de la mesa antes de responder.

—Yo tampoco.

Había imaginado muchas posibilidades desde que encontró aquella fotografía, pero ninguna incluía descubrir que Marcos había formado parte de la vida de Lucía.

— ¿Tu hermana nunca te dijo nada?

Claudia volvió mentalmente a aquellos años. Por mucho que lo intentara, no conseguía recordar una sola conversación, una pista o un comentario que pudiera haberla preparado para aquel descubrimiento.

—Nada—Su voz apenas fue un murmullo—Ni una sola vez.

Antes de que pudiera añadir nada más, el camarero apareció con los platos y los dejó sobre la mesa.

—Gracias—murmuró Alex.

Esperaron a que se alejara antes de retomar la conversación. Alex cogió el tenedor, pero su mente seguía lejos de la comida.

—Entonces tenemos esto: Marcos con tu hermana, Paula con Mateo... y Daniela investigándolo todo.

Claudia asintió mientras repasaba mentalmente las conexiones.

—Y, de una forma u otra, todos terminan relacionados.

—Pero Marcos no me encaja.

—A mí tampoco.

—Demasiado normal.

—Y no encaja con la forma en que se cometieron los crímenes.

—No parece alguien capaz de planificar algo así durante tanto tiempo.

Cuanto más repasaban todo lo que acababan de descubrir, más evidente resultaba que había una persona a la que necesitaban localizar cuanto antes.

—Mateo—dijo finalmente Alex—Ese sí tenemos que verlo.

—Sí.

Aquella era probablemente la única conclusión clara que podían sacar de todo lo que habían descubierto aquella mañana. Mateo se había convertido en una pieza demasiado importante.

—Pero antes vamos a hablar con Rubén.

Alex levantó la vista del plato.

—Sí, deberíamos informarle de todo esto.

Por unos minutos dejaron a un lado fotografías, sospechas y teorías. Ninguno consiguió desconectar del todo, pero al menos intentaron concentrarse en algo tan sencillo como terminar la comida antes de que volviera a enfriarse.