CAPÍTULO 21
El piso de Daniela no se parecía en nada a la casa de sus padres.
Claudia lo percibió nada más cruzar la puerta.
Allí había vida. Una chaqueta tirada sobre el sofá, una taza permanecía olvidada sobre la mesa del salón y varios libros seguían abiertos como si alguien hubiera estado utilizándolos apenas unas horas antes.
No era desorden, sino la clase de caos cotidiano que deja una persona cuando vive realmente en un lugar.
Alex cerró la puerta tras ella y dedicó unos segundos a observar el apartamento.
—Aquí sí vivía.
—Sí.
La respuesta de Claudia llegó mientras recorría la estancia con la mirada.
—Y si Daniela estaba investigando algo, probablemente sea aquí donde encontremos la respuesta.
No necesitaron organizarse. Cada uno tomó una dirección distinta de forma casi automática.
Claudia fue directamente a la habitación.
La diferencia con el dormitorio de la casa familiar resultaba evidente.
Allí no había sensación de museo ni de espacio cuidadosamente conservado.
La cama seguía medio deshecha, varias prendas caían sobre una silla y el espejo estaba rodeado de pequeñas notas que empezaban a despegarse por las esquinas.
Todo transmitía la sensación de alguien que tenía demasiadas cosas en la cabeza como para preocuparse por mantener el orden perfecto.
Alex apareció unos momentos después en la puerta.
—Esto tiene mejor pinta.
Claudia apenas respondió. Ya estaba concentrada en revisar cada rincón de la habitación.
Abrió cajones, hojeó cuadernos, revisó libros y apartó montones de papeles con una paciencia metódica que Alex ya conocía bien.
No parecía tener claro qué estaba buscando, pero sí la certeza de que lo reconocería en cuanto lo encontrara.
Pasaron varios minutos. Demasiados para no haber encontrado nada relevante.
Fue entonces cuando la voz de Alex llegó desde el salón.
—Claudia.
Había algo en su tono que hizo que levantara la cabeza de inmediato.
Cuando salió de la habitación, lo encontró junto a la mesa observando varias fotografías dispersas sobre la superficie.
Parecían imágenes corrientes, de esas que alguien deja olvidadas sin prestarles demasiada atención.
Claudia se acercó y comenzó a examinarlas una a una.
Daniela con amigas. Daniela en la universidad. Daniela sonriendo en una terraza mientras alguien tomaba la fotografía desde el otro lado de la mesa. Todo parecía normal hasta que una imagen consiguió detenerla.
—Paula.
Claudia se detuvo unos segundos en la fotografía. Ya sabían que Daniela y ella eran amigas, pero aquella imagen mostraba algo más que una simple relación ocasional. Parecían cómodas juntas, cercanas, como si compartieran mucho más de lo que habían contado los que las conocían.
—Eran bastante amiga.
—Más de lo que parecía—comentó Alex mientras observaba la fotografía.
Claudia no respondió enseguida. Continuó revisando el resto de las imágenes mientras intentaba entender por qué Daniela había conservado aquellas fotografías.
No tardó en encontrar algo más. En otra de las imágenes, Paula aparecía junto a un chico que ninguno de los dos había visto antes.
Claudia observó la fotografía durante unos segundos.
—Este no es Rafael.
—No.
Alex tampoco parecía reconocerlo.
—Pues ya tenemos a otra persona a la que localizar.
Claudia estaba a punto de responder cuando otra fotografía llamó su atención. Era más antigua que las demás. Se notaba en los colores desgastados, en la calidad de la imagen y en la forma en que había sido tomada. La cogió con cuidado. Y entonces todo lo demás desapareció.
Durante unos segundos dejó de escuchar los ruidos del piso, la voz de Alex y cualquier pensamiento relacionado con la investigación. Porque conocía perfectamente a una de las personas que aparecían en aquella fotografía. Lucía. Su hermana.
—Claudia...
La voz de Alex sonó distante. Ella seguía observando la imagen.
No era Lucía lo que había conseguido paralizarla.
Era la persona que estaba a su lado. Un chico.
Alguien a quien veía prácticamente todos los días.
Entrecerró los ojos mientras repasaba los rasgos una vez más, intentando convencerse de que estaba equivocada. Pero no lo estaba.
—No puede ser...
Alex se acercó inmediatamente.
— ¿Qué ocurre?
Claudia levantó la vista hacia él sin apartar la fotografía de las manos. Todavía estaba intentando asumir lo que acababa de descubrir.
—Es Marcos.
— ¿Quién?
—El camarero del bar que está debajo de la comisaría.
Durante unos segundos ninguno añadió nada más. Alex volvió a mirar la fotografía. Después volvió a mirar a Claudia.
— ¿Estás segura? Se ve un poco borrosa.
—Sí. Lo veo todos los días desde hace años.
No tuvo que pensárselo dos veces. Alex observó la fotografía durante unos segundos más, intentando encajar aquella nueva pieza.
—Entonces conocía a tu hermana.
Claudia bajó la mirada hacia la imagen que seguía sosteniendo entre las manos.
Aquel descubrimiento le provocaba una sensación difícil de describir, una mezcla incómoda de sorpresa e inquietud, como si acabara de abrir una puerta hacia una parte de la vida de Lucía cuya existencia nunca había llegado a imaginar.
—Y yo no tenía ni idea.
No había rabia en su voz. Solo una mezcla incómoda de sorpresa y desconcierto. Alex volvió a mirar la fotografía mientras encajaba mentalmente aquella nueva pieza. Cuanto más pensaba en ello, más evidente parecía una posibilidad que hasta ese momento no habían considerado.
Claudia dejó la fotografía junto al resto y apoyó las manos sobre la mesa durante un instante. Cada nueva pieza parecía conducir a la siguiente con una facilidad inquietante, como si alguien hubiera dejado un rastro esperando a que finalmente lo encontraran.
— Daniela estaba investigando todo esto.
Aquello cambiaba por completo la perspectiva del caso. Ya no estaban siguiendo únicamente los pasos de una joven desaparecida; estaban reconstruyendo una investigación que alguien había comenzado antes que ellos y que, por algún motivo, nunca había llegado a completarse.
—Tenemos que volver a hablar con él.
—Sí…
Alex señaló la fotografía donde aparecía Paula con el otro chico.
—Y también con este.
—Uno a uno.
Pero mientras pronunciaba aquellas palabras, su mente ya estaba varios pasos por delante. Había regresado al bar. A Marcos.
Y a la incómoda sensación de que, después de tantos años, seguía sin conocer toda la verdad sobre su propia hermana.