Ignorada CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

El trayecto de vuelta a la comisaría transcurrió en un silencio poco habitual incluso para ellos.

Claudia permaneció todo el camino con la carpeta apoyada sobre las piernas, sin abrirla una sola vez.

No lo necesitaba. Las imágenes de aquellos recortes seguían perfectamente presentes en su cabeza.

Cuanto más pensaba en ellos, más conexiones aparecían y más difícil resultaba ignorar la sensación de que llevaban demasiado tiempo mirando en la dirección equivocada.

Alex respetó aquel silencio. Ya la conocía lo suficiente para saber que, cuando entraba en ese estado, cualquier intento de conversación sería inútil. Estaba encajando piezas, repasando detalles y construyendo conclusiones a una velocidad que pocas personas podían seguir.

En el interior, la jornada seguía su curso ajena a ellos.

Agentes entrando y saliendo de los despachos, teléfonos que no dejaban de reclamar atención y un ir y venir constante por los pasillos componían la rutina de una comisaría donde nunca parecía existir un momento de calma.

Claudia no perdió el tiempo. Se dirigió directamente hacia el despacho de Rubén y llamó a la puerta con la misma determinación con la que había salido aquella mañana.

— ¿Se puede?

—Adelante.

Rubén levantó la vista de los documentos que estaba revisando. Al principio su expresión no cambió, pero la carpeta que Claudia llevaba bajo el brazo pareció llamar inmediatamente su atención.

— ¿Qué habéis encontrado?

Claudia dejó la carpeta sobre la mesa sin rodeos.

—Estaba en la habitación de Daniela. No era algo que encontrases a simple vista.

Rubén observó la carpeta durante unos segundos antes de abrirla.

— ¿Y qué contiene exactamente?

Alex se mantuvo en silencio, dejando que fuera Rubén quien revisara el contenido de la carpeta mientras intentaba interpretar cada una de sus reacciones.

—Recortes de prensa. Todos relacionados con desapariciones de chicas jóvenes. Están organizados, anotados y llenos de observaciones. No parece la colección de alguien con simple curiosidad.

Rubén comenzó a revisar los documentos con calma, pasando las páginas una tras otra sin mostrar demasiado en el rostro.

—Podría ser interés personal. Hay gente que desarrolla auténticas obsesiones con este tipo de casos.

—No es eso. Daniela no estaba acumulando información al azar. Estaba siguiendo una línea concreta.

La seguridad con la que lo dijo hizo que Rubén interrumpiera la lectura. Sus ojos abandonaron los documentos y se posaron directamente en ella.

— ¿Qué línea?

—Un patrón.

Durante unos segundos el despacho quedó en silencio. Rubén apoyó la carpeta sobre la mesa y entrelazó las manos delante de él, invitándola a continuar.

—Explícate.

—Desapariciones similares, víctimas con perfiles parecidos y casos que abarcan varios años. No estaba mirando una noticia aislada. Estaba intentando relacionarlos.

Alex intervino entonces.

—Y Paula encaja perfectamente dentro de ese mismo grupo.

El comentario quedó flotando unos segundos en el despacho mientras Rubén repasaba mentalmente todo lo que acababa de escuchar. Cuando finalmente habló, lo hizo con la misma cautela que había mantenido durante toda la conversación.

—Eso no significa necesariamente que exista una conexión.

Claudia no se sorprendió. Desde el momento en que había dejado la carpeta sobre la mesa sabía exactamente cuál iba a ser su reacción.

—Sí significa que existe.

—No, Claudia. Significa que alguien creyó verla.

—No.

La seguridad con la que respondió dejó claro que no estaba planteando una posibilidad, sino defendiendo algo de lo que llevaba demasiado tiempo convencida.

—Significa que está ahí.

Rubén apoyó la espalda en la silla y la observó durante unos segundos. Conocía aquella expresión. Sabía que, cuando llegaba a ese punto, resultaba casi imposible hacerla cambiar de idea.

—Estás intentando unir demasiadas cosas.

—Llevo años observando las mismas cosas.

Claudia decidió seguir adelante sin darle tiempo a desviar la conversación.

—La forma en que aparecen los cuerpos. El nivel de planificación. La ausencia de errores. La manera en que desaparecen las víctimas. Todo encaja.

Mientras hablaba, la carpeta seguía sobre la mesa entre los dos como una prueba incómoda que ninguno podía ignorar.

—Y ahora aparece esto.

La atención de Rubén regresó a los documentos durante unos segundos. Era evidente que estaba intentando encontrar una explicación distinta, algo que desmontara las conclusiones a las que Claudia había llegado.

—Eso sigue sin ser una prueba.

—No he dicho que lo sea.

Claudia sabía perfectamente dónde terminaban los hechos y dónde empezaban las sospechas, pero también sabía que algunas coincidencias dejaban de serlo cuando se repetían demasiadas veces.

—Pero demuestra que Daniela estaba investigando exactamente lo mismo que yo.

—O que simplemente llegó a conclusiones equivocadas.

Claudia no pareció siquiera considerar aquella posibilidad.

—No lo creo.

— ¿Y por qué estás tan segura?

Aquella vez no necesitó detenerse a pensar la respuesta.

—Porque uno de esos casos era el de mi hermana.

Durante unos segundos nadie añadió nada más.

La conversación acababa de abandonar el terreno profesional para entrar en algo mucho más personal, y los tres fueron conscientes de ello al mismo tiempo.

Alex permaneció en silencio, mientras Rubén observaba a Claudia con atención, sabiendo que detrás de aquellas palabras había años de preguntas sin respuesta y una herida que nunca había terminado de cerrarse.

—Estás mezclando asuntos personales con la investigación.

—No—Aquella vez su voz sonó incluso más firme—Lo que ocurre es que llevo demasiado tiempo mirando esto para no reconocerlo cuando aparece delante de mí.

Rubén permaneció unos instantes en silencio, valorando sus palabras antes de responder. Era evidente que entendía por qué Claudia estaba tan convencida, pero eso no significaba que estuviera dispuesto a seguirla sin pruebas.

—Lo que yo veo es una desaparición, una víctima confirmada y una teoría para la que todavía no tenemos pruebas suficientes.

La discusión amenazaba con volver al mismo punto, así que Alex intervino antes de que ninguno de los dos se encerrara aún más en su postura.

—Pero si Daniela estaba investigando estos casos, su desaparición deja de encajar con la hipótesis del secuestro.

Rubén se tomó unos segundos para considerar aquella posibilidad antes de formular la pregunta que realmente importaba.

— ¿Y qué propones entonces?

—Que dejemos de investigar esto como un posible secuestro y empecemos a tratar la desaparición de Daniela como un caso relacionado con las otras víctimas. Daniela no desapareció por quién era. Desapareció por lo que estaba a punto de descubrir.

El silencio se adueñó de la sala. Nadie se atrevió a rebatir aquella posibilidad. Cuantas más piezas encajaban, más difícil resultaba seguir creyendo que todo era una coincidencia. Finalmente, Rubén decidió devolver la conversación a un terreno más práctico.

—De momento vamos a trabajar con hechos.

Su atención regresó a la carpeta mientras repasaba mentalmente todo lo que sabían hasta ese momento y, sobre todo, todo lo que todavía les faltaba por descubrir.

—Tenemos que averiguar hasta dónde llegó Daniela, con quién habló y qué descubrió exactamente.

Aquello era algo en lo que ninguno tenía motivos para discrepar. Más allá de las sospechas y de las conexiones que todavía no podían demostrar, todas las respuestas seguían conduciendo al mismo lugar.

—Quiero que reviséis el piso donde vivía. Ordenadores, apuntes, contactos, mensajes… cualquier cosa que pueda indicar qué estaba investigando.

—Era nuestro siguiente paso.

—Bien. Y quiero saber cualquier novedad en cuanto aparezca.

—Como siempre.

La frase pareció arrastrar algo más que una simple respuesta profesional. Rubén no hizo ningún comentario, pero la breve mirada que intercambiaron bastó para dejar claro que ninguno había cambiado de opinión.

Poco después abandonaron el despacho. Al otro lado de la puerta, los teléfonos seguían sonando, los agentes continuaban cruzando los pasillos y la investigación seguía avanzando como si aquella conversación nunca hubiera ocurrido.

Durante unos metros caminaron sin hablar, hasta que Alex terminó verbalizando lo que ambos estaban pensando.

—No le ha gustado nada.

Claudia esbozó una sonrisa cansada mientras avanzaban por el pasillo.

—No precisamente.

—No me ha dado la impresión de que fuera porque crea que estamos equivocados.

—Al contrario. Empieza a pensar que podríamos tener razón. Y eso es lo que realmente le preocupa.

Alex guardó silencio unos instantes antes de volver a hablar.

—Porque, si nuestra teoría es correcta, Daniela deja de ser un caso aislado.

—Exacto. Ya no estaríamos investigando únicamente la desaparición de una estudiante. Estaríamos destapando algo que podría llevar años ocurriendo sin que nadie lo relacionara.

—Eso cambia por completo la investigación.

—Y también la presión. Si estamos en lo cierto, el responsable ha conseguido pasar desapercibido durante demasiado tiempo.

El silencio los acompañó hasta el final del pasillo. Ninguno necesitó volver sobre la conversación. Habían visto lo suficiente para comprender que ya no podían seguir mirando el caso de la misma manera.

La carpeta de Daniela no solo abría una nueva línea de investigación. Acababa de demostrar que todas las piezas pertenecían al mismo puzle. Y, si estaban en lo cierto, acababan de dar el primer paso para descubrir a alguien que llevaba demasiado tiempo escondiéndose a plena vista.