Ignorada CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

Salieron del restaurante sin ninguna prisa.

La ciudad había empezado a vaciarse y el ritmo de las calles era muy distinto al que habían dejado unas horas antes alrededor de la comisaría.

Los coches pasaban con menos frecuencia, los escaparates comenzaban a apagarse y el murmullo constante del día se había transformado en algo mucho más suave.

A Claudia le encantaba Barcelona a esa hora.

Durante un rato caminaron sin hablar. No porque existiera incomodidad entre ellos, sino porque la conversación parecía haberse agotado de forma natural.

Fue Claudia quien terminó rompiendo el silencio.

—Nos vemos mañana en comisaría. A las nueve.

Alex hizo una mueca de resignación.

—Empiezo a entender que eso de dormir un poco más no entra en tus planes.

Claudia siguió caminando con las manos en los bolsillos de la chaqueta.

—Prefiero aprovechar el tiempo.

—Suena mucho mejor que decir que te gusta sacar a la gente de la cama al amanecer.

Ella lo miró de reojo.

—Porque es la verdad.

Continuaron unos metros más hasta llegar a la esquina donde sus caminos se separaban. Alex señaló la calle que descendía hacia la derecha antes de volver la vista hacia ella.

—Si quieres, puedo acompañarte un tramo.

—No hace falta. Sé llegar sola.

—No lo decía por eso.

Durante un instante sus miradas se encontraron.

—Lo sé.

Hubo un breve silencio antes de que Alex esbozara una media sonrisa.

—Bueno… al menos no me has mandado callar en los últimos cinco minutos. Creo que voy mejorando.

Claudia negó despacio, incapaz de ocultar el gesto divertido que asomó por un instante a su rostro.

—No saques conclusiones tan rápido.

—Me conformo con pequeños avances.

Ella dio un paso hacia atrás.

—Mañana. A las nueve.

—Allí estaré.

Sin añadir nada más, Claudia siguió su camino.

No se volvió. Y Alex tampoco hizo ningún intento por llamarla.

El piso permanecía en silencio cuando abrió la puerta.

Dejó las llaves sobre la encimera, se quitó la chaqueta y caminó directamente hacia el baño.

El agua caliente cayó durante varios minutos sobre sus hombros mientras intentaba vaciar la cabeza de todo lo ocurrido durante el día.

Pero no funcionó. Cuando finalmente se metió en la cama, el cansancio pesaba en cada músculo de su cuerpo, pero su mente seguía demasiado despierta.

Paula. Daniela. Las coincidencias. Las piezas que parecían formar un dibujo que nadie más terminaba de ver.

Intentó obligarse a pensar en otra cosa.

No lo consiguió. Y, de forma inesperada, entre todos aquellos pensamientos apareció Alex.

Su forma de observar a las personas. La facilidad con la que parecía detectar cosas que otros pasaban por alto.

La manera en que insistía justo en los temas que ella prefería evitar.

Aquello debería haberla irritado. Y, sin embargo, fue el último pensamiento que cruzó por su cabeza antes de quedarse dormida.

A la mañana siguiente la comisaría ya estaba funcionando a pleno rendimiento.

Las conversaciones se cruzaban por los pasillos, los teléfonos no dejaban de sonar y varios agentes entraban y salían de los despachos con una prisa cada vez más evidente.

Claudia llegó a su hora habitual. Para su sorpresa, Alex ya estaba allí.

—Vaya. Has llegado puntual.

—Te dije que lo haría.

—Una vez no demuestra nada.

—Dame una semana.

—No prometo nada.

El despacho de Rubén estaba al fondo del pasillo. Cuando llegaron hasta allí, Claudia llamó por pura costumbre antes de abrir y entrar acompañada de Alex.

—Buenos días.

—Justo a tiempo.

Rubén dejó la carpeta que estaba revisando y apoyó la espalda en la silla. La noche no parecía haber sido especialmente tranquila para él.

—Los padres han llamado varias veces esta mañana. Están presionando cada vez más.

—Queremos hablar con ellos.

Rubén permaneció unos segundos pensativo antes de abrir un cajón y sacar una hoja.

—Os daré la dirección. Pero id con cuidado. No están pasando por un buen momento.

— ¿Ha aparecido algo nuevo?

La pregunta de Alex obtuvo la respuesta que ambos esperaban.

—Nada.

—Y cuanto más tiempo pasa, peor es.

Anotaron la dirección. Cuando ya se dirigían hacia la puerta, la voz de Rubén volvió a detenerlos.

—Sea lo que sea lo que encontréis allí, quiero saberlo de inmediato.

—Te llamaremos.

La casa apareció al final de una avenida privada. O, al menos, técnicamente era una casa. Alex tardó apenas un segundo en quedarse mirando la fachada.

—Vale... ahora entiendo algunas cosas.

—Ni se te ocurra.

—Solo digo que, si alguien me hablara de un secuestro y me enseñara esta mansión, entendería por qué lo piensa media ciudad.

—Eso sigue sin convertirlo en un secuestro.

—Lo sé. Pero, si yo no supiera nada del caso, probablemente pensaría lo mismo que el resto.

Claudia mantuvo la vista fija en la mansión.

—Ese es precisamente el problema. Todo aquí invita a sacar conclusiones demasiado deprisa.

—A veces eres agotadora.

Ella ni siquiera apartó la vista de la casa.

—Y tú demasiado optimista.

La sonrisa de Alex confirmó que se estaba divirtiendo bastante más de lo que ella consideraba razonable.

Subieron los escalones de la entrada. La puerta se abrió casi de inmediato.

El hombre que apareció al otro lado llevaba un traje impecable, pero ni siquiera la elegancia conseguía ocultar el desgaste de los últimos días.

—Bueno días, policía. Venimos a hablar de Daniela.

El alivio con el que los hizo pasar resultó casi inmediato.

—Por favor. Pasen.

El interior reflejaba exactamente la misma imagen que el exterior. Todo estaba perfectamente ordenado. Cada objeto ocupaba el lugar exacto que parecía corresponderle. Aquello transmitía una sensación extraña. Como si durante años nada hubiera escapado al control de aquella familia.

Hasta ahora…

Los condujeron hasta un salón amplio donde la madre permanecía sentada. Tenía la mirada cansada y el rostro marcado por varias noches sin dormir.

— ¿Han descubierto algo?

La pregunta salió antes incluso de que terminaran de sentarse. Claudia escogió las palabras con cuidado.

—Seguimos trabajando en ello. Pero necesitamos hacerles algunas preguntas.

—Las que quieran.

— ¿Sabían que Daniela mantenía una relación con un estudiante de la universidad?

Los dos intercambiaron una mirada fugaz antes de que el padre respondiera.

—Sabíamos que estaba viendo a alguien, pero insistía en que no era nada serio. Al menos eso nos hacía creer.

—Se llama Rafael. ¿Les resulta familiar?

Esta vez fue la madre quien negó con la cabeza.

—No. Nunca llegó a decirnos su nombre.

— ¿Y de problemas? ¿Discusiones? ¿Algún comportamiento que les llamara la atención?

—No.

La respuesta llegó cargada de frustración.

—Últimamente apenas hablaba con nosotros de esas cosas.

Durante unos instantes valoró todo lo que acababan de contarles antes de formular la siguiente pregunta.

— ¿Podemos ver su habitación?

El padre no pareció sorprendido.

—Claro, lo que necesiten.

Subieron al piso superior. Mientras avanzaban por el pasillo, Claudia tuvo la sensación de que aquella casa guardaba un silencio distinto al resto. No era tranquilidad. Era ausencia… El padre abrió una puerta.

—Aquí.

La habitación estaba impecable. Demasiado impecable. Claudia avanzó despacio entre los muebles. Todo parecía estar exactamente donde debía. La cama. Los libros. La ropa. Los objetos personales. Nada fuera de lugar. Nada que llamara la atención. Y precisamente por eso algo le resultó extraño.

Alex permaneció unos pasos más atrás, observándolo todo con la misma atención silenciosa que utilizaba durante los interrogatorios. Todavía no sabían qué estaban buscando. Pero ambos tuvieron la misma sensación. Había algo allí. Algo que todavía no conseguían ver.

CAPÍTULO 19

La habitación transmitía una sensación extraña.

Claudia la percibió nada más cruzar la puerta, incluso antes de detenerse en ningún detalle concreto.

No era una cuestión de limpieza ni de orden.

Había algo más difícil de definir. Todo parecía demasiado intacto, demasiado perfecto, como si aquel espacio llevara mucho tiempo esperando a alguien que apenas regresaba de vez en cuando.

El padre permaneció unos segundos en el umbral.

—Si necesitan cualquier cosa, estaré abajo.

—Le avisaremos.

El hombre cerró la puerta con suavidad al salir.

Cuando se quedaron solos, el silencio de la habitación pareció hacerse todavía más evidente.

Claudia recorrió el espacio despacio, observando cada rincón sin tocar nada al principio.

No había ropa abandonada sobre una silla, ni libros abiertos, ni esa clase de pequeños detalles que suelen delatar una rutina diaria.

Todo estaba colocado exactamente donde debía estar.

Alex parecía haber llegado a la misma conclusión.

—Se nota que ya no vive aquí.

—Sí.

—Y aun así alguien se preocupa de que todo siga exactamente igual.

Claudia dejó que la mirada recorriera la habitación una vez más.

—Como si nunca terminara de marcharse... pero tampoco llegara a quedarse.

La sensación resultaba difícil de explicar.

Aquello parecía más un escenario cuidadosamente conservado que el dormitorio de una chica de su edad.

Acabó acercándose al escritorio. El portátil permanecía cerrado.

Junto a él había varios cuadernos alineados con una precisión casi excesiva, una lámpara sencilla y algunos objetos personales colocados de manera impecable.

Todo estaba en su sitio. Y precisamente por eso algo no terminaba de encajar.

—Si venía aquí—comentó Alex mientras observaba la habitación—no debía pasar demasiado tiempo.

Claudia no respondió. Porque estaba pensando exactamente lo mismo.

Abrió el primer cajón. Bolígrafos. Recibos.

Papeles sin importancia. Nada que justificara una segunda mirada.

El siguiente ofreció un resultado parecido.

Objetos cotidianos. Documentación sin relevancia.

Cosas que cualquiera podría guardar sin prestarles demasiada atención.

Fue al llegar al último cuando algo llamó su atención. No porque estuviera escondido. Porque parecía fuera de lugar. Al fondo había una carpeta. Sencilla. Sin ninguna marca especial. Y, aun así, algo hizo que Claudia la sacara con cuidado.

—Creo que deberías ver esto.

Alex se acercó. La carpeta se abrió sobre el escritorio. Dentro había varios recortes de prensa organizados con una meticulosidad que no parecía casual. Los dos tardaron apenas unos segundos en entender que aquello no era una simple colección de noticias.

—Esto no son recuerdos—murmuró Alex—Es una investigación.

Claudia comenzó a pasar páginas. Cada recorte llevaba anotaciones.

Algunas frases estaban subrayadas. Otras tenían observaciones escritas a mano en los márgenes.

Todas las noticias hablaban de desapariciones.

Casos antiguos. Investigaciones sin resolver.

Mujeres jóvenes. Perfiles que compartían demasiadas similitudes.

—Estaba buscando algo concreto.

La voz de Alex sonó más baja.

—O intentando relacionar casos que nadie había relacionado antes.

Claudia siguió revisando los documentos hasta que uno de ellos llamó su atención y la obligó a detenerse.

No necesitó leer el artículo completo para reconocerlo.

La fecha, el titular y apenas un par de líneas fueron suficientes para que un nudo familiar se instalara en su estómago.

Era aquel caso. El caso de su hermana. Durante unos segundos se quedó inmóvil.

El papel seguía entre sus manos, pero hacía varios segundos que había dejado de leer.

Su mente ya no estaba en aquella habitación.

—Claudia...

La voz de Alex terminó rompiendo el hilo de pensamientos en el que se había quedado atrapada.

—Esto no debería estar aquí.

La convicción con la que lo dijo hizo que Alex se acercara un poco más para observar el recorte. Era evidente que aquel artículo significaba algo mucho más importante de lo que él todavía alcanzaba a comprender.

— ¿Daniela tenía alguna relación con este caso?

—No—La respuesta llegó sin vacilar—Al menos que yo sepa.

Aquello era precisamente lo inquietante. Porque Daniela no tenía ningún motivo para haber terminado allí. Y, sin embargo, lo había hecho. Alex permaneció unos instantes observando el resto de documentos.

—Entonces alguien la llevó hasta esto.

Claudia cerró los ojos apenas un segundo.

—O llegó sola.

—Sea como sea, no estaba leyendo noticias al azar.

Aquella afirmación resumía exactamente lo que ella estaba pensando. Daniela no había reunido todo aquel material por curiosidad. Había una intención. Una dirección. Una pregunta concreta que intentaba responder.

—Estaba investigando algo.

—Y ese algo termina llegando hasta aquí.

Claudia volvió a mirar los documentos. Cada vez resultaba más evidente.

La carpeta no hablaba únicamente de Daniela.

Tampoco hablaba solo de Paula. Hablaba de algo mucho más antiguo.

Algo que llevaba años moviéndose bajo la superficie sin que nadie prestara suficiente atención.

El sonido de la carpeta al cerrarse rompió el silencio de la habitación.

—Esto empezó mucho antes de Paula.

—Y Daniela estaba acercándose demasiado.

—Sí. Demasiado.

Durante unos segundos ninguno sintió la necesidad de decir nada más. Ambos acababan de comprender exactamente lo mismo y estaban intentando asimilar el alcance de lo que aquello significaba.

—Entonces no estamos ante algo nuevo.

—No.

—Estamos llegando tarde a algo que lleva años ocurriendo.

La carpeta seguía entre sus manos, pero ya no la veía como un conjunto de artículos y anotaciones.

Cada nuevo detalle parecía añadir peso a una realidad que empezaba a resultar imposible ignorar: aquello no había comenzado con Paula ni con Daniela, y probablemente era mucho más grande de lo que habían imaginado.

—Lo cambia todo.

Alex recorrió la habitación con la mirada una última vez.

—Y también significa otra cosa.

No hizo falta que terminara la frase. Ella ya sabía lo que iba a decir.

—Daniela no desapareció por casualidad.

— No.

Aquello ya no admitía demasiadas dudas. La explicación más sencilla acababa de desaparecer.

—Estaba demasiado cerca.

—Entonces nosotros también lo estamos.

Esta vez ninguno discutió. Porque los dos habían comprendido exactamente lo mismo. Y porque, a medida que las piezas empezaban a encajar, también crecía la sensación de que la verdad que estaban a punto de descubrir era mucho peor de lo que habían imaginado.