Ignorada CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Claudia salió del despacho con la sensación de que, si permanecía allí un minuto más, acabaría discutiendo otra vez con Rubén.

No estaba enfadada. O al menos no exactamente.

Lo que sentía era peor. Impotencia. Porque estaba convencida de que iba por el camino correcto y, sin embargo, parecía que era la única que lo veía.

Cruzó el pasillo sin prestar demasiada atención a las personas que se apartaban para dejarla pasar.

Algunos intentaron saludarla. Otros simplemente observaron cómo avanzaba con paso decidido.

Escuchó la puerta abrirse detrás de ella. Y unos segundos después, aquella voz.

—Voy a tomarme como algo personal que hayas salido tan rápido.

Claudia cerró los ojos un instante. Solo un instante. Respiró y después siguió caminando.

—No todo gira a tu alrededor.

—Menos mal. Sería agotador.

Claudia terminó sonriendo muy a su pesar antes de volver a recuperar la compostura. Era algo que muy a su pesar Alex conseguía con facilidad.

— ¿Siempre eres así?

Alex fingió pensárselo unos segundos.

—Depende.

— ¿De qué?

—De con quién esté hablando.

Claudia negó con una mezcla de resignación y diversión.

—Confirmado. Eres un pesado.

—Eso ya me lo habían dicho alguna vez.

Sin molestarse en discutirlo, siguió caminando.

Lo sorprendente fue que Alex no intentó ponerse a su altura inmediatamente.

Se limitó a acompañarla unos pasos por detrás, como si supiera exactamente cuánto podía insistir antes de resultar insoportable.

Y eso, de alguna manera, resultaba todavía más irritante.

Cuando llegó a la cafetería de siempre, entró sin pensar demasiado.

Necesitaba un café. Y unos minutos sin escuchar a nadie cuestionar cada una de sus conclusiones.

El local estaba bastante lleno. El murmullo de las conversaciones se mezclaba con el ruido de la cafetera y el sonido constante de platos y tazas.

Era un ruido familiar. Cómodo. De esos que consiguen que una persona se sienta invisible durante un rato.

Claudia recorrió el local con la mirada y terminó ocupando uno de los taburetes de la barra, el mismo de casi siempre.

— ¿Lo de siempre? —preguntó el camarero al verla.

—Si, Por favor.

Dejó el bolso sobre la barra mientras esperaba. Durante unos segundos se quedó observando el reflejo de las luces sobre la máquina de café. Pensando en Daniela y en Paula. Pensando en todas las piezas que empezaban a encajar de una forma que no le gustaba en absoluto.

—Empiezo a sospechar que eliges los bares con bastante criterio.

Claudia ni siquiera necesitó girarse, reconoció la voz al instante.

—Y yo empiezo a sospechar que tienes demasiado tiempo libre.

Alex apareció a su lado como si aquella conversación llevara varios minutos en marcha.

—Eso ha sonado casi cariñoso.

—Necesitas subirte menos el ego.

—Voy tomando nota de tus consejos.

El camarero dejó un café frente a Claudia y otro delante de Alex sin necesidad de preguntar. La sorpresa se reflejó durante un instante en el rostro de Claudia.

— ¿Ya eres cliente habitual?

—No—Alex cogió la taza—Pero tengo cara de tomar café.

—Eso no significa nada.

—Significa muchísimo. Mira a Rubén. Tiene cara de café y de hipertensión.

Aquello consiguió arrancarle una sonrisa. Pequeña. Breve. Pero sonrisa, al fin y al cabo. Alex la vio. Y, para su desgracia, también lo supo.

—Ahí está.

— ¿Qué?

—La prueba de que no eres tan desagradable como intentas aparentar.

—No te hagas demasiadas ilusiones.

—Creo que esas ilusiones se me pasaron hace un rato.

El camarero se alejó para atender a otros clientes y el murmullo del local volvió a adueñarse del ambiente. Claudia dio un sorbo al café antes de dejar la taza sobre la barra.

—Paula venía aquí.

Alex giró la cabeza. El tono había cambiado. Y los dos lo notaron. Claudia levantó la mano para llamar la atención del camarero.

— ¿Tienes un momento?

Él se acercó enseguida, secándose las manos en el paño que llevaba al hombro.

—Claro. ¿Qué necesitas?

Claudia sacó el móvil y buscó una fotografía de Paula antes de girar la pantalla hacia él.

—La chica que salió hace unos días en las noticias. Paula Ríos. ¿La recuerdas?

El camarero apenas necesitó un vistazo para asentir.

—Sí, claro que la recuerdo.

— ¿Solía venir por aquí?

El joven se tomó unos segundos antes de responder, intentando ordenar los recuerdos.

—No era una clienta habitual, pero sí aparecía de vez en cuando. Sobre todo, por las tardes.

Claudia continuó observándolo con atención.

— ¿Venía sola o acostumbraba a estar con alguien?

—La mayoría de las veces estaba sola, aunque alguna vez la vi acompañada.

Claudia sacó otra fotografía del móvil y la dejó junto a la de Paula.

— ¿Y a ella la conoces?

El camarero observó la pantalla apenas un instante antes de asentir.

—Sí... Claro. Daniela.

Claudia intercambió una rápida mirada con Alex antes de continuar.

—¿Las veías venir juntas?

—Sí. No siempre, pero bastantes veces. A veces llegaban juntas, pedían un café y se quedaban un rato hablando. Otras venía solo Paula.

Alex se acomodó ligeramente, como si acabara de encontrar algo mucho más interesante de lo que esperaba.

—Debe de ser difícil acordarse de todo el mundo.

—Exacto.

La respuesta llegó sin apenas vacilar, pero la sonrisa que apareció después pareció menos espontánea. Claudia apoyó el café sobre la barra y miró de reojo a Alex. Él seguía observando al camarero.

—Si recuerdas cualquier cosa, llámanos.

—Por supuesto.

El camarero se alejó enseguida, quizá con más prisa de la que habría sido normal. Claudia siguió observándolo mientras atendía otra mesa, sin perder de vista ninguno de sus movimientos.

—Ha mentido.

Alex no respondió inmediatamente. Dio un último sorbo al café antes de dejar la taza sobre el plato.

—Es una posibilidad.

Claudia giró despacio la cabeza hacia él.

—No. Estoy segura.

—También podría estar simplemente nervioso. Acaba de hablar con dos policías sobre una chica asesinada. No todo el mundo reacciona igual en una situación así.

—No era solo nerviosismo. Ha dudado justo cuando le he enseñado la foto de Daniela. Y después ha empezado a medir cada palabra.

Alex permaneció pensativo unos segundos antes de mirarla.

—Eso sí lo he visto—Ella esperó, convencida de que todavía no había terminado—Pero una cosa es detectar una mentira y otra muy distinta saber por qué está mintiendo.

Claudia apoyó los codos sobre la barra, sin apartar la vista del camarero.

—Entonces dime qué crees que intenta ocultar.

Alex permaneció unos segundos observándola sin perder la calma.

No había rastro de incomodidad en su expresión, ni parecía sentirse cuestionado por la forma en que Claudia lo miraba.

Al contrario, transmitía esa serenidad de quien estaba acostumbrado a mantener la cabeza fría incluso cuando los demás empezaban a sacar conclusiones.

—Lo único que intento decir es que todavía no sabemos por qué ha mentido. Y esa diferencia puede cambiar por completo una investigación.

Claudia no respondió enseguida. Una parte de ella seguía convencida de que el camarero ocultaba algo. La otra sabía que Alex acababa de señalar un detalle que no podía ignorar.

—Eso no cambia el hecho de que nos está escondiendo información.

—En eso estamos completamente de acuerdo.

—Mira por dónde... al final vamos a coincidir en algo.

—Creo que deberíamos marcar la fecha en el calendario.

—No te acostumbres.

Alex esperó a que ella diera otro sorbo al café antes de responder con la misma tranquilidad de siempre.

—Tranquila. Prefiero ir ganándome esas victorias poco a poco.

Claudia volvió a dirigir la mirada hacia el camarero, que seguía atendiendo mesas como si aquella conversación nunca hubiera existido.

Algo le decía que volverían a verlo muy pronto.

Después miró de reojo a Alex. La investigación acababa de regalarle dos incógnitas.

Y todavía no tenía claro cuál de las dos iba a darle más problemas.