41. Todo lo que soy #4
»Fui, muy poco a poco, encontrándome cada vez mejor.
No tenía respuestas de nada. Llevaba meses sin entender qué había pasado exactamente aquella noche lluviosa de sábado.
Mis padres me lo contaban una y otra vez y yo hilaba cabos.
Menos mal que todo fue con la luz apagada.
Si ya me traumatizó la situación, no me quiero imaginar lo que hubiera sido ver a mi hermana en el momento de electrocutarse o la cara desencajada de mis padres al encontrarse el cuerpo de su hija de veintiséis años desplomado sobre el suelo.
Todo fue a oscuras y es algo por lo que doy las gracias.
Porque de esa forma quedará en mi imaginación y las imágenes, en mi memoria, son más borrosas y menos reales.
»A partir de ahí ya es historia. El psicólogo, la vuelta al instituto, las discusiones en casa, la culpa del accidente, el arrepentimiento por no haber estado junto a mi familia y el peso por la ausencia de mi hermana cada mañana al levantarme.
Por mucho que hablara con mi madre o con la psicóloga sobre el tema, de nada me valía.
No había respuestas a mi dolor. Nadie me decía lo que yo quería oír. Nadie me decía “va a volver”.
»Desprenderme de la culpa fue algo que me llevó muchos años. Es, probablemente, uno de los peores sentimientos que he experimentado jamás. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero hay algo que no: el vacío que se crea en tu interior al entender que nada te devolverá lo que más anhelas en el mundo.
»Sofía se fue y ya no siente. Ella no se siente vacía, no siente dolor. Se fue rápido. La electricidad y el líquido conductor apagaron su cuerpo en un segundo, liberando su alma. Ahora ella descansa en paz. No está sufriendo. Pero yo sí. Porque la recuerdo y anhelo tenerla cerca de mí.
»Es curioso, porque oigo mucho sobre la pérdida del amor de tu vida, de un padre o de un hijo, pero no escuchamos tantas cosas sobre lo que supone perder a un hermano.
Y,como te decía antes, Sofía no llegó a mi vida.
No me la presentaron. Desde el día en que nací, ella estaba ahí.
Es una pérdida extraña e indescriptible.
El amor de tu vida es alguien que complementa tu vida.
Alguien externo a ti que conociste de mayor y que amas y amarás siempre, pero un hermano no complementa tu vida, sino que la completa.
Y, de repente, de un día para otro, tus tops están siempre en su sitio porque nadie te los quita sin permiso.
Nadie abre tu puerta sin llamar para tumbarse a tu lado y molestarte en lo que sea que estés haciendo.
Una mañana tras otra hay la misma cantidad de cereales porque ya solo los comes tú y no tienes que dejar una pizca para que nadie se enfade por habértelos terminado.
No existen risas detrás de ti al caerte por las escaleras de casa.
La parte de atrás del coche es más espaciosa y silenciosa que nunca.
La puerta de casa se abre menos veces al día.
Comienzas a olvidar cómo eran sus pasos o cómo sonaba su llavero antes de girar en la cerradura.
El paragüero guarda un paraguas menos y en Navidades ponéis una silla vacía porque quitarla tendría aún menos sentido.
»De un día para otro, los ojos que te miraron con curiosidad en tu primer día de vida ya no están ni estarán nunca.
No estarán el día de tu boda, el día de tu graduación ni el día que te compres la casa en la que tenías pensado vivir con ella puerta con puerta hasta ser ancianas.
En mi cabeza, por edad, por norma, Sofía tendría que haber vivido conmigo ochenta años más.
¡Ochenta como mínimo! Y, sin que nadie me avisara aquel sábado al despertarme, aquella noche tan solo me quedó eso, ochenta años por delante con su ausencia y su recuerdo.
»Después de aquel año, esto es lo que soy. Esta persona que has conocido con veintiséis años y poco mundo recorrido. Algo de lo que no consiguió convencerme la psicóloga fue que sentir es algo bueno. Me negaba rotundamente a amar la vida o a alguien tanto como había amado a Sofía.
»Me trabajé mucho a mí misma para centrarme únicamente en mi lado más racional, analítico y eficiente.
Clara siempre dice que metí a la Helena soñadora y sensible en una jaula e hice como que había perdido la llave.
Yopino que tiene razón. Me creí mi propia mentira, que realmente la había perdido.
Me olvidé de mis sueños y bloqueé cualquier sensación que pudiera descolocar mínimamente mis planes.
Me convertí en una especie de robot que trabaja para sus padres, que lucha por heredar la empresa algún día y para comprarse un piso en pleno centro de Madrid.
En pleno barullo. Donde el ruido no deje espacio a lo emocional o a los avisos del corazón.
»Acabé olvidándome de dónde estaba la llave y de que la otra Helena existía.
Decidí dividir mi vida en dos. Un antes y un después.
Nunca más volví a coger una cámara de fotos, nunca más fui a la tienda de revelados.
Tampoco entré de nuevo al estudio, que mi madre mantuvo intacto.
Todo está como lo dejamos aquella tarde.
Con una bandeja menos y un poco más de polvo, pero igual.
»Me he mantenido distante y disociada de lo que ocurrió todo este tiempo.
Para el mundo, soy la chica maja y agradable con la que tomarse un vino, hermética, independientemente de las copas que lleve encima.
Sonrío y soy simpática hasta que intentas indagar un poco en mi corazón.
Si haces eso, saldré por patas y cerraré la puerta para no cruzarme contigo nunca más.
»Pero son muchas cosas las que han pasado este año y que me han llevado hasta este punto.
Hasta estar abriéndome con un desconocido en un velero rumbo a Creta.
Antes de este viaje, de esta isla, de Adhara, de Éter y de ti, fue Adri.
Ymi madre, mi padre y Clara. Fueron los gritos de la Helena encerrada queriendo salir.
Fue la disociación en el trabajo. La puerta del estudio invitándome a entrar.
La tienda de revelados anunciando que iba a cerrar.
Los gatos. Aquella caja y aquel carrete.
Fue como si todos hubieran decidido ponerse de acuerdo para hablarme al mismo tiempo.