Hydra 27. Quizá nunca se fue
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27. Quizá nunca se fue

Quizá nunca se fue

Una resaca emocional inunda mis huesos. Tras aquel primer disparo, vino otro, y otro, y otro más. Cada uno de ellos fue más liberador y emocionante que el anterior. Me recorrí la isla en busca de mis rincones favoritos, queriendo mirarlos desde esa nueva perspectiva.

Todo sigue igual. La seguridad que me da observar desde ahí detrás, el cosquilleo en el dedo índice cuando es el momento de disparar, la paz al saber que lo que ves y sientes ha quedado inmortalizado para siempre. Nada de eso se ha ido, sigue ahí. Quizá nunca se fue.

Siento que un antes y un después acaban de marcarse en mi línea temporal y me obligan a enfrentarme a la nueva Helena.

No es más valiente o sabia, tan solo se ha reencontrado con una vieja amiga, pero sigue igual de perdida y desubicada que siempre.

Me aterra pensar que, por mucho que las cosas cambien, me vaya a quedar en este estado mental para siempre.

¿Cómo se hacía para vivir sin ataduras? ¿Cómo perder el miedo al dolor y a la incertidumbre?

Todo son preguntas. Me acuesto cada noche con ellas susurrándome al oído.

¿Qué hay en el interior del carrete sin revelar?

¿Quién es Adhara y por qué había una foto de su tienda en mi casa?

¿Acaso es mi voz interior, Dios? ¿Me guía alguien o soy yo misma?

¿Por qué sigo sintiendo este vacío en el pecho cuando la noche cae y la oscuridad lo tiñe todo?

¿Quiero volver a mi vida de antes? ¿Me llena lo que hago o tan solo era una tapadera para vivir en piloto automático?

Escribo y hay algo distinto al resto de las veces que he plasmado estas preguntas sobre el papel. Las leo y ya no me asustan tanto. Siento que tienen fuerza, pero… yo también.

Tengo fuerza para venir sola hasta aquí a pesar del miedo y el riesgo.

Tengo fuerza para buscar, sin rendirme y entendiendo poco a poco lo que encuentro.

Tengo fuerza para volver a disparar a pesar de que me prometí a mí misma que jamás volvería a hacerlo.

Tengo fuerza y pienso usarla para resolver el resto de las incógnitas que me quedan por destapar. Para volver a casa, puede que más desubicada que ahora, pero ni de coña más vacía.

Hoy, después de mucho tiempo, me despierto distinta. Mi cuerpo pesa menos y mi alma vibra de emoción.