22. Fue real
Fue real
Fue ayer por la tarde, en el puerto, persiguiendo al mismo gato que me llevó hasta la puerta mágica.
Vi a alguien. Bueno, ahí está el problema, no lo vi, lo sentí.
Nada más verlo pude notar cómo el corazón se me salía del pecho.
Nunca me había pasado algo parecido. He visto a muchos chicos guapos en mi vida y no creo que tenga nada que ver con su atractivo físico, pues ya lo habría experimentado antes.
Los hombres, el romance. No estoy hecha para esas mierdas.
Lo estuve en su día, pero ya no. No puedo permitirme sentir de esa forma.
Tendrías que ver las tonterías que le dije.
No era yo. Yél… Él me respondía tan seguro, tan calmado.
Diría que le causé indiferencia si no fuera por la chispa que se encendió en sus ojos al cruzarse con los míos.
Pondría la mano en el fuego por ese gesto, sutil y fugaz, que se le escapó al mirarme antes de presentarnos. Fue real.
Me dijo algo que no entendí. ¿Insegura, yo?
¿Por él? Más quisiera. Menudo chulo de mierda.
¡Ahí está el puto problema! ¡Que es un maleducado y una persona en la que no tendría que volver a pensar!
Por el contrario, lo único que hago es idear excusas para ir al puerto y poder ver de nuevo su rostro.
Tiene unos ojos que volvería a reconocer en cualquier parte y unas pestañas negras y largas que no son de este mundo.
¡Qué horror, qué estoy diciendo! ¿Por qué no me pasa esto con Sebas?
No, no, cambio la pregunta: ¿por qué con él?
No es distinto a otros tíos. Es guapo, chulo y escurridizo.
Ese perfil ya lo conozco y, por mucho que me guste para una noche, no me cala de esta forma.
No tiene sentido que mi cuerpo tiemble y se desarme ante él.
Quizá sea esa presencia. Ojalá pudiera describirla con palabras.
Mirarle es como ver una película. Se mueve despacio, distinto al resto.
Su mirada es profunda y su rostro no expresa emoción.
No me deja entrar, deducir o predecir. Lo que vaya a hacer o decir es un misterio que no parece querer desvelar.
Quizá sea justo eso lo que me ha mantenido en vela desde que le vi.
No puedo permitirme ser vulnerable. Eso es lo único que te hacen este tipo de distracciones: debilitarte.
Vine con unos objetivos que cumplir y un plan establecido.
Por mucho que quiera encontrarme de nuevo con él, necesito alejarme.
Me distrae, me descoloca y, lo peor de todo, me hace perder el control.
De la situación y de mi ser. Cuando termine de comprender qué es lo que me pasa con esta persona, me enfrentaré a ello.
Pero necesito procesarlo y mentalizarme de que lo de ayer no volverá a ocurrir.
Hoy iré al local del sauce. Debo seguir avanzando. Preguntaré por la dueña y, con suerte, ella podrá contarme más cosas sobre el lugar y sobre la postal.
Nada de distracciones ni de tensiones inesperadas. Tan solo quería escribirlo para poder procesarlo. Pero ya está. Cerramos este tema para siempre y continuamos.