Hydra 13. De vuelta al mar
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13. De vuelta al mar

De vuelta al mar

¿Sabías que un barco puede llevar dentro mercancía, motos, coches y camiones, todo a la vez?

¡Camiones! ¡Estamos flotando por la costa este del Peloponeso, sobre una placa de acero y aluminio que lleva dentro un puto camión!

He disimulado mi asombro al verlo, puesto que a nadie más parecía impactarle.

He subido a la planta más alta. Aquí corre el aire.

Sirenas, dragones marinos y ninfas de agua salada salían a la superficie a saludarme.

Yyo… Yo no tenía ningún tipo de duda: existían.

Aquellos personajes fantásticos me dedicaban sonrisas y saludos, y yo les correspondía.

Me quedaba con ellos hasta la hora de irme, asegurándoles que volvería al día siguiente a la misma hora.

Ahora ya no veo sirenas. Pero sí que sigo disfrutando de estar en lo más alto, con el aire enredándose en mi pelo y vislumbrando la estela que dibuja el barco sobre el manto de colores fríos.

Quedan tres horas para que el sol se ponga y yo tan solo puedo pensar en la cantidad de emociones que he experimentado hoy. En lo poco acostumbrada que estoy a vivir tanto en tan pocas horas. En lo que se siente al dejar que las lágrimas barran una emoción reprimida.

He sentido angustia, nervios, nostalgia, dudas…, pero ahora mismo estoy bien. Estoy tranquila. Estamos bien. Respiro hondo y siento que podría quedarme en este mecer eternamente, relajada, sin preocupaciones.

Aunque, si te soy sincera, se me pasa la tranquilidad cuando pienso en la cantidad de cosas que voy a tener que hacer al llegar a Hydra.

Comprar ropa y comida, alquilar un coche, buscar puntos de interés, ubicar la policía, los bomberos y el centro de salud, por lo que pueda pasar. ¡Muchas cosas, muchas listas!

Iré por partes, poco a poco. Mañana será otro día. Hoy mi única misión es llegar sana y salva al Airbnb. Vamos fluyendo.

Lo retiro, estoy deseando pasar esta página y escribir: «Lista de la compra primera semana».

No, no importa. He sacado el diario para recordarme que, desde aquí arriba, todo está en calma, siento paz y un leve aturdimiento que me quiere dormir.

A pesar de la incertidumbre, de querer gritarle al mar que me he vuelto loca, de tener un camión debajo y de que puede que haya visto alguna sirena de lo cansada que estoy mentalmente después del día de hoy, siento paz.

Por primera vez después de meses siento que estoy en el lugar correcto, aunque solo sea por haberme quitado la espinita, por estar comprobando si este es un camino sólido que poder recorrer.

Respiro tan profundo que el aire entra en mí como si la vida comenzase ahora. Mi primera inhalación pura después de muchas. Una inhalación cargada de incertidumbre y miedos, que se van en forma de exhalación devuelta al océano.

No está siendo fácil. No sé cómo se sale de este bucle mental, pero siempre podré seguir respirando una y otra vez.

Ysonreír. Sonreír por ver el sol caer un día más, desde esta nueva perspectiva.

Este paisaje no tiene nada que envidiar a los edificios de Madrid.

Un horizonte recto, limpio, es algo que no veía desde hacía mucho tiempo.

Yqué belleza, qué natural e inmensa belleza.