CAPÍTULO 4 – ZOEY
Son las cuatro de la tarde cuando el sol empieza a descender con calma sobre las copas de los pinos que rodean la mansión. La casa está sumida en un silencio denso, roto únicamente por el viento golpeando las ventanas viejas del piso superior.
Tras lo ocurrido en la buhardilla, me he pasado dos horas sentada en la bañera, dejando que el agua caliente me limpiara la piel mientras intentaba asimilar que ese monstruo ha estado tocándome, apretando mi cuerpo contra el suyo y respirándome en el cuello.
Pero si ese desequilibrado piensa que, después de lo de esta mañana, voy a quedarme acurrucada en una esquina esperando su próxima visita, lo lleva claro. No voy a ser su presa fácil. Así que he llamado y ahora me están cambiando las cerraduras de las puertas de entrada a la mansión.
«A ver como entras ahora hijo de puta».
Esta noche es el baile de máscaras, una de las noches más esperadas de Halloween.
He dudado mucho en si debería ir o no. No quiero más sustos, sorpresas ni intrusos en mi casa.
Pero he venido a esto, a disfrutar con mis amigas y revivir mi época favorita del año en mi pueblo, con mi gente.
Así que finalmente decido que un demente no va a conseguir que me encierre y me esconda como una víctima asustada.
Si quiere guerra, me va a encontrar. Si él juega a esconderse en las sombras, yo haré que salga.
Me planto frente al espejo del vestidor. La elección del atuendo no es casualidad: es una declaración de intenciones, una mezcla de provocación y armadura.