CAPÍTULO 3 – ZOEY
El sol del mediodía atraviesa las persianas del salón, pero el calor no consigue quitarme el frío que se me ha metido en las entrañas.
No he dormido ni un solo segundo. He pasado la noche sentada en la esquina de la habitación, mirando hacia la puerta bloqueada, saltando con cada chasquido de la madera y sintiendo cómo el cansancio me devoraba por dentro.
Esta mañana antes de que amaneciese, me he decidido a bajar.
Tengo las dos manos pegadas a la taza de café humeante para intentar que dejen de temblar.
Estoy considerando seriamente la opción de hacer las maletas, subirme al coche y regresar a la ciudad antes de que caiga la noche.
Salir de este puto pueblo y volver a mi vida.
Pero entonces la pantalla de mi teléfono se ilumina con una ráfaga de notificaciones sacándome de mis pensamientos; un chat de grupo en el que ayer me incluyeron las chicas.
MÍA : ¡Eso! Bajemos al mercadillo de la plaza, están poniendo los puestos de Halloween y el ambiente es increíble. ¿Te pasamos a buscar o te vemos allí?
Me quedo mirando los mensajes. Mi primer impulso es decirles que no, que me voy del pueblo. Pero si la propia policía se burló de mí anoche jurando que es una broma pesada de Halloween, contárselo a mis amigas y marcharme corriendo me hace sentir ridícula, cobarde y paranoica...