Humo y cicatriz (Humo y cicatriz 1) Capítulo 43
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Capítulo 43

Rabia y dolor

Cedric

L a sangre se extendía por la mesa. Cedric vio cómo un goterón se acumulaba en el borde hasta caer lenta y perezosamente al suelo de piedra.

No oía nada más, no veía otros movimientos. Sabía racionalmente que se había desatado el caos. En el momento en que la espada de Evander atravesó el torso de Kit, todo estalló. Cedric estaba seguro de que el grito de Elyria aún rasgaba el aire.

Dos adalides saltaron sobre la mesa. Nox agarró a Evander y se fundió entre las sombras para reaparecer en el otro extre­­mo de la sala, mientras Thraigg sujetaba a Kit antes de que se desplomara en el suelo.

Y, sin embargo, para Cedric, era como si todo el universo se hubiera condensado en un solo instante repugnante. Todo lo que podía ver era el mínimo «oh» que habían formado los labios de Kit, y la traición y el dolor –no solo físico, sino profundo, devastador– en sus ojos desparejados.

La gota de sangre resonó en el silencio al impactar contra el suelo, y sus pensamientos empezaron a chocar unos con otros como si estuviera a merced de una tormenta. Debería haberlo sabido. Debería haber hecho algo. Podría haberlo evitado.

Sabía que algo no iba bien. La repentina aparición de Evander le había desconcertado. Después de veinticinco años de separación, ¿cómo era posible que el fae se mostrara tan tranquilo, todo sonrisas seguras y despreocupación encantadora?

No encajaba: era demasiado perfecto, como si estuviera ensayado.

Había deseado desenvainar su espada desde el instante en que había visto al fae.

Pero Elyria... Se había dado cuenta de que la incredulidad de su mirada se transformaba hasta expresar algo que no era solo alivio ni alegría, sino esperanza.

Se le había cortado la respiración al oír la voz de Evander, y toda la inquietud y desconfianza de Cedric quedó ahogada bajo una capa espesa de algo que no tenía ningún derecho a sentir.

Celos.

Así que se obligó a ignorar su propio criterio, temiendo enturbiar el reencuentro con sus sentimientos personales y achacando aquella corazonada a sus emociones traicioneras.

Nunca volvería a ignorar su instinto.

El resuello áspero de Kit lo sacó de su estupor y lo llevó de vuelta al presente, a aquel huracán de pánico y chillidos.

Podría haberlo evitado.

Elyria cayó de rodillas y acunó la cabeza de Kit en su regazo.

Zephyr, paralizada por la conmoción, vaciló un segundo antes de acercarse a la fae con una luz verde brillante en las manos.

El dolor de Kit era tan intenso, tan violento, que Cedric hubiera jurado que podía verlo: un nubarrón oscuro que latía a su alrededor, como si su propia magia intentara escapar de la agonía.

El olor metálico de la sangre impregnaba el aire.

Y no solo era la de Kit. Un grito hizo que se volviera: Nox y Evander estaban enzarzados en combate.

Evander empuñaba otra espada de acero oscuro que parecía haber sacado de la nada, mientras Nox hacía girar vertiginosamente dos bastones.

Tenía un largo corte en el antebrazo y sus sombras se enroscaban en torno a las piernas de Evander, luchando por contenerlo.

Sin embargo, el fae disipó la oscuridad con un gesto y avanzó sin dificultad alguna.

Un grito atravesó la sala, seguido de un sonido húmedo que le revolvió el estómago a Cedric.

Zephyr había extraído la hoja de acero oscuro del torso de Kit.

Dejó caer el arma en el pavimento de piedra con un estruendo metálico y, sin perder un segundo, Thraigg la recogió y la lanzó contra Evander, soltando maldiciones.

La hoja ensangrentada cortó el aire directa hacia la espalda de Evander, justo al punto entre sus alas.

Cedric contuvo la respiración. Sin embargo, el fae se volvió en redondo en el último segundo y el filo ennegrecido del arma le alcanzó de refilón, en las costillas. Evander siseó de dolor y reculó, tambaleándose.

Ahora , pensó Cedric, empuñando la espada y poniéndose en movimiento. Tenían que contenerlo antes de que derramara más sangre y provocara más dolor. Después averiguarían por qué lo había hecho. Luego, cuando se hubieran asegurado de que Kit estaba bien.

Se negaba a aceptar otra posibilidad.

Echó un último vistazo a Elyria, que susurraba al oído de su amiga, y atacó junto a Thraigg para cerrar filas con Nox..., solo para detenerse en seco cuando Evander soltó una risa oscura y amenazante.

Un escalofrío recorrió la espalda de Cedric. La carcajada resonaba en la sala, fría y siniestra. Evander se había detenido en seco. De su costado manaba una sangre oscura que se acumulaba en el corte.

Pero no era sangre.

Era un líquido negro, espeso como el alquitrán.

Cedric miró boquiabierto cómo aquella sustancia viscosa goteaba y caía al suelo, pero también se enroscaba en las costillas de Evander, reptando como si tuviera vida propia.

Su piel bronceada fue perdiendo el color de la vida a medida que la sustancia se deslizaba por su cuerpo y dejaba a su paso venas negras e hinchadas.

Las alas doradas y brillantes parpadearon como la mecha vacilante de una vela a punto de apagarse.

El grito ahogado de Elyria atravesó el aire cuando aquellas alas, antes magníficas, se desgarraron. Las delicadas membranas se deshicieron como el pergamino viejo y cayeron en copos grisáceos, dejando unos restos deshilachados e irregulares que batieron débilmente.

Aquellas no eran las alas de un fae principesco en la plenitud de su poder: eran las de una criatura corrompida desde hacía mucho tiempo. Las venas se extendían desde sus ojos, y la esclerótica blanca se había vuelto de un negro impío y antinatural.

–No... –Apenas oyó la voz de Elyria entre la risotada maniaca del monstruo que tenían delante.

Se había incorporado y había dado un paso vacilante, indecisa, paralizada por el miedo.

Kit yacía de costado, con los ojos cerrados.

Su pecho subía y bajaba con un jadeo dificultoso mientras Zephyr trabajaba con frenesí para contener la herida.

–Evander, por favor, no –continuó Elyria, dando otro paso. Su voz era muy débil. Cedric nunca la había visto así. Parecía tan frágil...

Evander se volvió hacia ella, con una sonrisa maligna en su rostro surcado de venas oscuras.

–Mi amor –dijo como si la saludara.

Ella se quedó paralizada por la conmoción. Desorbitó los ojos, horrorizada, empezando a comprender.

Cedric apretó la empuñadura de su espada y se puso delante de Elyria, cubriéndola.

–¿Por qué haces esto?

La cruel sonrisa de Evander se amplió de forma repugnante, deformando sus rasgos, antes atractivos, hasta que pareció más un monstruo que un hombre.

–Os encantaría saberlo, ¿verdad, mi lord?

Cedric sintió que se le revolvía el estómago. Evander le devolvía el tratamiento honorífico que le había dispensado antes con un sarcasmo venenoso, haciendo hincapié en el título. ¿Acaso había algún motivo oculto en las palabras del fae oscuro?

Nox cruzó sus bastones en una equis frente a su rostro y taladró a la criatura que tenía delante con la mirada.

–¿Qué eres?

–No estás preparado para saberlo –respondió Evander... Y atacó.

Con una rapidez vertiginosa, su espada de acero negro chocó con los bastones, despidiendo chispas.

Cedric lanzó un tajo para desarmar al fae, pero su adversario era demasiado rápido, demasiado fuerte.

Apartó la espada del caballero con un mandoble, superó la defensa de Nox y le alcanzó en el torso, haciendo que reculara.

Una mancha húmeda se extendió por la ropa oscura de la criatura nocterrian, al tiempo que el fae trazaba un giro en el aire con la otra mano y formaba un escudo de hielo para protegerse del ataque del caballero.

El choque del acero y el hielo resonó en el cráneo de Cedric.

Maldijo entre dientes y giró en redondo para descargar un golpe contra el hombro de su adversario, que alzó su espada negra para protegerse.

El impacto fue tan fuerte que a Cedric le sacudió el cuerpo entero.

Se agachó para esquivar el contraataque mientras Thraigg cargaba con su martillo, gritando.

El fae soltó una carcajada y, de pronto, dejó de danzar con elegancia al compás de los tajos, reveses y gritos de los demás, se adentró grácilmente en una sombra y desapareció.

El martillo de Thraigg no encontró ninguna resistencia, y el enano perdió el equilibrio.

Todos contuvieron la respiración por un instante, conmocionados. De modo que Evander podía fundirse con las sombras... A juzgar por lo que había dicho Elyria, Cedric esperaba que manejase magia aquamante, pero ¿aquello?

Elyria estaba igual de atónita. Cedric retrocedió para acercarse a ella. Thraigg, mientras tanto, se puso de pie e intercambió una mirada cautelosa con Cedric.

Pasaron unos segundos. La confusión se hizo más profunda.

¿Dónde había ido Evander? ¿Había... huido?

No. Quizá los adalides lo superasen en número, pero bastaba con echar un vistazo a Nox, que se agarraba el abdomen, y a Kit y Zephyr, que seguían en el suelo, para comprobar que estaban en gran desventaja.

Kit continuaba inconsciente, pero respiraba con regularidad. Zephyr se secó la frente, se levantó y le dirigió un asentimiento a Cedric. Kit viviría..., al menos, de momento.

Cedric suspiró de alivio y buscó los ojos de Elyria para tranquilizarla un poco, aunque él mismo continuara teniendo la carne de gallina.

Entonces, Thraigg soltó un rugido: Evander se acababa de materializar justo en el mismo sitio en el que había desaparecido, como si, en lugar de atravesar las sombras, simplemente se hubiera escondido en ellas.