Capítulo 33 #3
Elyria sintió un cosquilleo de irritación en la nuca; empezaba a agotarse la poca paciencia que le quedaba.
Tenía que reconocer que su reacción no estaba siendo del todo racional; debería haberse sentido halagada por el interés de Nox.
¿Acaso no quería saber más sobre su poder?
Pues en ese momento tenía delante a una autoridad indiscutible en el arte noctimante, alguien con un profundo conocimiento de la magia que ella deseaba conocer.
Pero Elyria no era ningún espécimen interesante objeto de fascinación; ya había pasado demasiado tiempo bajo el escrutinio de los demás. Lo único que quería era espacio y tiempo para separar sus sentimientos de su magia.
Tiempo que no tenía y espacio que no iba a obtener, al menos en aquel lugar.
–¿Qué quieres de mí, Nox? –preguntó, deteniéndose en seco.
–¿Qué quieres tú, Revivida? –replicó Nox al instante–. ¿Por qué sigues conteniéndote?
–Déjalo estar –advirtió Elyria–. No sé qué crees saber, pero...
–Sé más de lo que piensas –la interrumpió Nox, bajando la voz hasta convertirla en un susurro. Las sombras a su alrededor parecieron temblar y oscurecerse–. Podría ayudarte. No somos tan diferentes tú y yo. Sé que...
Elyria dio un paso al frente y sintió su propia oscuridad ondulándose al borde de su campo de visión.
–Crees que sabes algo. Todos creen saber mucho sobre la poderosa Revivida. No es así. No tienes ni idea.
–¿No?
La magia nocterrian volvió a alzarse y se arremolinó alrededor de Nox como un manto. Palpitaba, como si aquella sombra tuviera un latido propio y ansiara cruzar el espacio que había entre Nox y Elyria para envolverla.
Elyria se puso en guardia. Con el corazón disparado, esperó el gélido contacto del poder de Nox. Aguardó a que la cubriera y le arrebatara el aliento.
Pero eso no sucedió.
Porque, justo cuando parecía que aquel extraño enfrentamiento iba a pasar a mayores, oyó la voz de Cedric, serena pero firme:
–¿Va todo bien por aquí atrás?
Tanto Elyria como Nox se giraron hacia el caballero. Se encontraba a unos pasos, con la mano posada en la empuñadura de la espada y una expresión indescifrable en el rostro.
Nox dio un paso atrás y su aura sombría se desvaneció.
–Por supuesto, sir Thorne –dijo, haciendo una reverencia que a Elyria le pareció burlona. Cedric, sin embargo, no se dio cuenta o no le importó.
Sin más, Nox se fundió entre las sombras y reapareció en el túnel junto a los adalides que iban en vanguardia, ajenos a lo que acababa de suceder.
Elyria sacudió la cabeza, debatiéndose entre la irritación contra Nox y la fascinación por haber visto su magia en acción.
Claro que había oído hablar del arte de fundirse en las sombras; lo conocía, en teoría.
Pero hasta ese momento, en sus dos siglos de vida nunca lo había visto con sus propios ojos.
No pudo evitar preguntarse si ella podría hacer lo mismo con su sombra.
–Veo que te dedicas a hacer amigos –comentó Cedric, interrumpiendo sus pensamientos. Los hombros de Elyria se destensaron un poco.
–No sé qué problema tienen conmigo.
–A mí se me ocurren varias cosas...
–Ja, ja. Desternillante.
–Sabía que te haría gracia.
Elyria tenía una pulla en la punta de la lengua, pero lo que se le escapó fue una exclamación ahogada. Cedric se había parado en seco de pronto, y la fae se protegió levantando rápidamente los brazos para no chocar con él.
Sin embargo, eso implicaba apoyar ambas manos contra la espalda desprotegida del caballero... y los duros músculos que la formaban.
Bajó los brazos rápidamente, con las mejillas encendidas, pero Cedric no parecía haberse dado cuenta. Miraba fijamente al frente y se apretaba el pecho con el puño, trazando círculos distraídos.
–Por los cuatro infiernos, ¿qué estás mirando?
No respondió. No fue necesario. Elyria se dio cuenta de que la vergüenza no era lo único que provocaba el ardor de su rostro.
Una ola de calor abrasador y pútrido le golpeó la cara. El hedor de humo y azufre le inundó la nariz, y la frente se le perló de sudor. Cedric y ella avanzaron lentamente, entrecerrando los ojos para protegerse del resplandor.
Le pareció oír la voz de Kit, pero no expresaba pánico ni preocupación; el tono más bien decía: «¿Quieres darte prisa, joder?». Sin embargo, no estaba muy segura. En ese momento, lo único que podía ver era el nuevo obstáculo del laberinto.
Y menudo obstáculo.
Kit, Cyren, Gael, Zephyr, Thraigg y Nox formaban una hilera al final del túnel.
El cielo se abría sobre sus cabezas como si finalmente hubieran logrado salir del laberinto subterráneo.
Pero el paisaje que se extendía ante sus ojos no era una extensión de hierba, árboles y cielo azul, como al comienzo de la prueba.
Era un enorme lago. Frente a ellos, había al menos cien metros hasta la otra orilla. A los lados, su extensión era aparentemente infinita.
Y estaba en llamas.
Elyria miró a ambos lados, intentando averiguar qué se suponía que debían hacer. No había ningún camino. Ningún puente. Solo un océano de lava en ebullición.
¿Y al otro lado?
–Noctis, llévame –gimió Elyria–. Otra maldita puerta.