Capítulo 29 #2
Elyria se miró la mano. La magia vibraba en sus venas. La oleada de poder crudo que la invadía era diferente a todo lo que había sentido hasta ese momento. Cantaba en su sangre, incendiando todas sus terminaciones nerviosas.
Algo tiró de Elyria, justo en el centro de su pecho. Levantó los ojos para mirar a los adalides que la rodeaban. La estaban observando con asombro mientras una red luminosa se tejía a su alrededor, uniéndolos. Vinculándolos a ella.
Y entre esos hilos de luz centelleantes, uno brillaba con un tono dorado.
–¿Está funcionando? –preguntó Cedric, con una expresión cercana a la maravilla.
–Sí –susurró ella, aturdida por el poder que los envolvía.
–Solo queda un paso más, ¿verdad? –dijo Kit, dando forma a las palabras que Elyria no conseguía pronunciar.
–Sí... Todos tenéis que usar vuestra magia... juntos. –Elyria respiró hondo y alzó la otra mano–. Llamadla. Lanzadla. Ahora.
No dudaron.
Kit levantó el puño y el agua se arremolinó antes de dispararse entre sus nudillos.
Los mechones malvas azotaron el rostro de Elyria cuando el viento de Cyren sacudió su trenza.
Las sombras florecieron a los pies de Nox.
Una luz curativa brotó de los dedos de Zephyr.
Elyria sintió un ardor en la cara cuando Gael encendió una llama en su mano.
Thraigg gruñó mientras arrancaba una roca del suelo y la apretaba con fuerza en el puño enguantado. Elyria se quedó momentáneamente cautivada cuando la roca se deshizo en polvo y reveló una gema brillante en la palma del enano.
Y entonces, Cedric apretó su talismán de maná y Elyria se iluminó.
Como una estrella ardiente que acabara de nacer, lo sintió todo.
Cada hilo de su magia, la llama, la naturaleza, el agua y el viento mezclándose en sus venas, en su aliento, en su propio ser.
Su sombra interior despertó y se unió al tapiz de magia que nadaba en su interior.
Nunca se había sentido tan poderosa; nunca se había sentido tan viva.
Tan completa.
Se volvió hacia la muralla vegetal y ni siquiera necesitó tirar de los hilos de su magia natural. Bastó con un simple gesto para derretir la ventanita de hielo que les había costado tanto esfuerzo, revelando las enredaderas. Ya no se resistían, ya no luchaban contra ella.
La abertura se ensanchó y las zarzas serpentearon, desenredándose como si suspiraran de alivio. Se doblegaron a la voluntad de Elyria solo con pensarlo.
En cuestión de segundos, un amplio arco se abría frente al grupo.
El poder vibrante, aquella gloriosa mezcla que corría por sus venas, disminuyó tan rápido como había aparecido. Decreció y se hizo más tenue... hasta desaparecer.
Elyria dio un paso atrás, secándose la mejilla con el dorso de la mano.
–¿Veis? ¿Qué os había dicho? –dijo entre jadeos–. Unidad.
Los siete adalides la miraron con incredulidad.
–¿Qué pasa? –preguntó ella, sintiéndose de repente cohibida.
–Eso fue... –Gael dejó la frase inacabada en el aire.
–Estabas... –Zephyr parecía no encontrar las palabras adecuadas.
Nox se limitó a observar a Elyria con su intensa mirada carmesí.
Pasaron varios segundos antes de que Kit se decidiera a hablar.
–Estabas resplandeciente, Ellie –dijo–. En el instante en que la sangre de Cedric cayó en tu mano, fue como... No puedo describirlo. Eras como una aurora viviente. –Hizo una pausa, retorciéndose las manos, y luego bajó la voz–. ¿Fue...? ¿Fue así con Ev?
Elyria se mordió el labio inferior. No. No se había asemejado en nada, ni siquiera se había acercado.
Y no solo por el número de personas o la cantidad de poder involucrado.
La sensación era diferente. Tal vez Kit lo intuyera, porque se dirigió hacia la puerta recién creada sin esperar a su respuesta.
–¿Vamos? –dijo, asomándose al pasadizo que se abría más allá.
El laberinto se alzaba ante ellos: corredores oscuros y sinuosos que se extendían hacia delante y se bifurcaban a izquierda y derecha.
Las paredes parecían estar formadas de las mismas raíces y espinas que la muralla exterior, y ascendían hasta la copa de los árboles.
Era imposible volar para atajar sobre ellos.
Era imposible hacer trampas.
Elyria vio algo que parpadeaba entre las sombras, un movimiento a lo lejos. Pero, antes de que pudiera fijarse, los muros se desplazaron, enrollando los tallos y lianas hasta alterar el recorrido.
–Cómo no –murmuró Cyren, agitando las alas con irritación–. Imposible que fuera un camino recto, ¿verdad?
De repente, Kit se giró y entrecerró los ojos.
–No. Vosotros no –dijo, mirando fijamente un punto detrás de Elyria, que se volvió y se encontró a Leona y Belien inquietantemente cerca. Sintió un escalofrío de advertencia.
–Ya hemos visto suficiente –declaró Leona, dando otro paso hacia la puerta–. Vamos a por nuestra corona.
Gael se interpuso.
–¡Ni siquiera deberíais poder entrar! No habéis ayudado. No habéis hecho nada.
–Eso no es justo –se burló Leona–. Hemos tenido que esperar aquí sentados a que se iluminaran vuestros patéticos cerebros. Ha requerido más esfuerzo del que piensas.
–Me dais vergüenza –dijo Kit–. Ensuciáis más todavía la mala reputación que tienen los humanos.
Belien se tensó.
–Cuidado con lo que dices, bruja pixie.
–Precisamente gracias a una de esas brujas pixies podéis seguir adelante. Que yo sepa, todavía no le habéis dado las gracias.
Leona soltó una risa aguda y estridente.
–Por supuesto, qué grosera soy. Gracias. –Hizo una reverencia burlona–. ¡Aclamemos todos a la poderosa Revivida, adalid de Nyrundelle, asesina de humanos y farolillo viviente!
Elyria crispó la mano. La luz de la magia combinada de los adalides se había desvanecido, pero todavía sentía un leve resto corriendo por sus venas. Chispeaba en sus dedos junto a su sombra, que se encontraba en ese momento totalmente despierta.
Luchó contra el impulso de atacar a los dos humanos. Agredirlos ahora iría en contra de todo lo que acababan de lograr, de todo lo que sabían sobre la forma en que funcionaba el Crisol y lo que exigía de ellos.
A Leona no parecía importarle. Cruzó una mirada con Belien y dio un paso amenazante hacia Elyria.
–En realidad, sí que tenemos algo que agradecerte –dijo.
Elyria frunció el ceño.
–Ah, ¿sí?
–Nos has hecho una demostración preciosa de cómo podríamos equilibrar las fuerzas mágicas cuando la corona esté en nuestro poder. Si todo lo que se necesita es un poco de sangre para ejercer el poder arcanio, tal vez haya esperanza de cambiar las cosas.
Elyria puso los ojos en blanco.
–No es así como funciona, pedazo de...
No le dio tiempo a terminar la frase; en ese instante, Leona agarró su talismán y Elyria apenas pudo gritar antes de salir disparada a un lado.
Kit y Gael se apartaron rápidamente, evitando por muy poco los ataques mágicos que Leona seguía lanzando a diestro y siniestro mientras corría hacia la entrada del laberinto junto a Belien.