CAPÍTULO 16 #3
—Prometo que cuando llegue ese día serás uno de nuestros invitados de honor.
Los ojos del niño brillaron como dos monedas nuevas.
—¿Y Laila también?
Todos rompieron a reír.
Charity miró a Sebastian, que fingió pensarlo unos segundos.
—Supongo que, después de todo lo que ha hecho por nosotros, sería una descortesía dejar fuera a la auténtica responsable de esta historia.
La cabra baló orgullosa y Timothy levantó ambos brazos como si acabara de recibir el nombramiento más importante de toda Inglaterra.
—¡¿LO OYERON?! ¡LAILA VA A LA BODA!
Las carcajadas resonaron por todo Ashbourne House y ninguno de los presentes imaginó que, antes de que terminara la tarde, aquella noticia ya estaría recorriendo las calles de Bath con una velocidad que ni el carruaje más rápido habría podido igualar, porque en las pequeñas ciudades, los secretos podían guardarse durante años, pero un secuestro romántico seguido de una boda inminente...
ese tipo de noticias, simplemente habían nacido para convertirse en leyenda.
FIN.
EPÍLOGO
Un año después
La primavera había regresado a Bath.
Los prados que rodeaban Longleat House volvían a cubrirse de flores silvestres, los árboles recuperaban lentamente sus hojas y el aire olía a tierra húmeda después de la lluvia de la noche anterior.
Charity permanecía sentada sobre la vieja cerca de madera que separaba el jardín del prado principal, balanceando distraídamente un pie mientras observaba a Sebastian al otro lado del campo.
Seguía siendo exactamente igual, o casi.
Continuaba levantándose antes del amanecer, seguía recorriendo sus tierras cada mañana, preocupándose demasiado por sus arrendatarios y demasiado poco por sí mismo, y convencido de que ella no notaba cómo la miraba cuando creía que estaba distraída.
Sonrió.
Un año de matrimonio no había conseguido quitarle aquella costumbre.
—¿Otra vez lo estás mirando?
La voz de Margaret apareció detrás de ella. Charity volvió la cabeza sonriendo.
—Todavía no me canso.
Su abuela soltó una risa.
—Eso mismo decía yo de Edmund.
Las dos permanecieron unos segundos observando el campo. Sebastian hablaba con dos granjeros mientras Atlas pastaba tranquilamente unos metros más allá.
De pronto levantó la cabeza, como si hubiera sentido que lo observaban.
Sus ojos encontraron inmediatamente los de Charity, y sonrió de la forma en que seguía provocándole exactamente el mismo efecto que el primer día.
Margaret suspiró con satisfacción.
—Jamás imaginé que terminaría saliendo tan bien.
Charity apoyó cariñosamente la cabeza sobre el hombro de su abuela.
—Yo tampoco.
Un ruido de pasos apresurados llegó desde el camino principal. Las dos mujeres giraron la cabeza al mismo tiempo y Timothy apareció corriendo, como si el mundo estuviera a punto de terminar.
Un año más alto, más desgarbado, pero exactamente igual de escandaloso.
Y detrás de él... la cabra, naturalmente.
—¡LADY CHARITY!
Ella empezó a reír antes incluso de que llegara.
—¿Qué ocurre ahora?
El niño apenas consiguió recuperar el aliento.
—¡Laila tuvo un cabrito!
Charity abrió mucho los ojos.
—¿De verdad?
Timothy asintió con entusiasmo.
—¡Y le puse un nombre!
Margaret sonrió divertida.
—¿Cuál?
El niño respondió con absoluta naturalidad.
—Sebastian.
Las dos mujeres estallaron en carcajadas, mientras el verdadero Sebastian llegaba caminando desde el prado, sin entender por qué todos reían.
—¿Me he perdido algo?
Timothy señaló orgulloso a la pequeña cabra blanca que acababa de aparecer detrás de Laila.
—¡Ahora hay dos Sebastian!
El conde observó al diminuto animal, después al niño y finalmente miró a Charity.
Ella ya no podía contener la risa.
—No pienso preguntar.
—Será lo más prudente.
Sebastian suspiró resignado.
—Supongo que este es el precio por haber secuestrado a mi esposa.
Timothy asintió con absoluta convicción.
—Sí, y todavía le salió barato.
Las carcajadas volvieron a llenar el campo.
Sebastian rodeó la cintura de Charity con un brazo, y ella apoyó la cabeza sobre su hombro exactamente igual que tantas veces durante aquel último año.
El viento movió suavemente las flores del prado, las campanas de la iglesia comenzaron a sonar a lo lejos y Bath seguía siendo el mismo.
Charity levantó la vista hacia el hombre que amaba.
—¿Sabes una cosa?
—¿Qué ocurre, esposa?
Ella sonrió, porque aquella palabra seguía provocándole mariposas.
—La primera vez que recorrí el camino hasta Bath estaba huyendo, y la segunda vez, volví porque te amaba.
Él tomó su mano y entrelazó los dedos con los de ella.
—¿Y ahora?
Charity contempló el horizonte, la casa, los jardines, los campos y a las personas que habían terminado convirtiéndose en su familia.
—Ahora estoy donde debo estar…
Sebastian la besó con la tranquilidad de quien ya no tenía miedo de perderla, mientras Timothy corría detrás de dos cabras llamadas Laila y Sebastian, convencido de que aquella era la mayor aventura de su vida.
Charity, sin embargo, comprendió que el destino había sido mucho más sabio que ella porque había huido creyendo que escapaba de una prisión, y había terminado encontrando un hogar.