Huir no es de Cobardes CAPÍTULO 12 #2
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CAPÍTULO 12 #2

Aquella tarde caminaban por Hyde Park. El sol comenzaba a descender lentamente y el parque estaba lleno de carruajes, paseantes y familias disfrutando de las últimas horas del día.

—Parece distraída —observó lord Harcourt, haciéndola volver al presente.

—¿Yo?

—Usted —afirmó el caballero.

—Lo siento.

—No se disculpe. —El vizconde sonrió—. Solo me preguntaba dónde estaba sus pensamientos.

Charity estuvo a punto de responder, pero entonces vio una figura familiar al otro lado del sendero y se detuvo. Conocía aquella sonrisa, aquella forma de caminar y esa expresión amable.

—¿Lord Pembroke? —lo llamó Charity y Nathaniel se volvió.

—Lady Charity… —una sonrisa genuina apareció inmediatamente en su rostro.

Aquello la sorprendió, porque no esperaba sentir tanto alivio al verlo, cuando Nathaniel había sido una víctima inocente de toda su historia con Sebastian, y quizás por eso resultaba tan fácil hablar con él.

—No esperaba verlo en Londres.

—Podría decir exactamente lo mismo. —Nathaniel saludó al vizconde con cortesía, intercambiaron algunas frases educadas y después Harcourt, bendito fuera, recordó repentinamente un compromiso con unos conocidos.

Cuando finalmente se marchó, Nathaniel observó a Charity durante unos segundos y sonrió.

—No le agrada demasiado el vizconde...

Ella soltó una carcajada.

—¿Se nota tanto?

—Muchísimo.

—Pobre hombre —suspiró—. Es agradable, educado y razonable, pero… —ella calló, recordando a cierto caballero.

Nathaniel suspiró.

—Pero entonces, definitivamente está enamorada de otro caballero...

Aquello la hizo detenerse porque ya no tenía energía para negarlo. No después de ocho semanas y de incontables noches pensando en el mismo hombre.

—Sí. —La palabra salió suavemente—. Estoy enamorada.

—Ya lo suponía. —Nathaniel no pareció sorprendido en absoluto.

—¿Tan evidente es?

—Solo para cualquier persona con ojos.

Comenzaron a caminar lentamente como viejos amigos y aquello resultó extrañamente reconfortante.

—¿Cómo está Bath?

Nathaniel sonrió.

—Más tranquila.

—¿Sí?

—No.

La respuesta provocó una pequeña risa.

—Lo imaginaba.

—Timothy continúa aterrorizando a la población local, y la cabra sigue robando comida.

—Naturalmente… —dijo ella con nostalgia.

—¿Lo extraña? —finalmente Nathaniel preguntó.

Charity observó el sendero, las hojas, la luz, cualquier cosa menos a Nathaniel, porque la respuesta resultaba demasiado vulnerable.

—Todos los días.

La confesión le provocó una extraña tristeza que apareció en los ojos del joven. No por él, sino por ella; porque notaba que estaba sufriendo.

—Entonces, ¿qué hace aquí?

—¿Qué? —La pregunta la sorprendió.

—¿Qué hace en Londres?

Ella abrió la boca y la cerró, porque de pronto no estaba segura.

Había venido buscando respuestas, distancia, intentando olvidar y había fracasado miserablemente en todo.

—No lo sé.

Nathaniel asintió lentamente, como si aquella respuesta confirmara algo.

—Pensé que diría eso.

—¿Y usted qué haría?

Él sonrió.

—No soy la persona adecuada para responder.

—¿Por qué?

—Porque yo estuve allí.

—¿Allí?

—En el baile.

Charity sintió cómo el corazón daba un pequeño salto.

—Nathaniel...

Nathaniel permaneció en silencio unos instantes.

Hyde Park continuaba lleno de carruajes, damas elegantemente vestidas y caballeros que paseaban sin demasiadas preocupaciones. Los árboles comenzaban a teñirse con los primeros colores del otoño y una ligera brisa agitaba las ramas sobre sus cabezas.

Nada parecía extraordinario. Sin embargo, Charity sentía que el mundo acababa de detenerse.

Nathaniel continuó caminando despacio, permitiéndole pensar. No la apresuró y había algo profundamente tranquilizador en él. Algo que, por primera vez desde que lo conocía, Charity supo valorar de verdad.

—¿Sabes qué fue lo primero que pensé aquella noche del baile? —preguntó finalmente, dejando la formalidad de lado y tuteándola.

Ella levantó la vista.

—¿Qué?

—Que ya había perdido. —Nathaniel sonrió con cierta nostalgia.

—No entiendo. —Charity frunció ligeramente el ceño.

—Cuando te invité a bailar pensé que quizá tendría alguna oportunidad contigo… —Ella abrió la boca para disculparse, pero él levantó una mano antes de que pudiera hacerlo—. No, espera. Déjame terminar.

Continuaron caminando entre los senderos de grava mientras algunos conocidos los saludaban desde la distancia.

Nathaniel esperó unos segundos antes de continuar.

—Mientras bailábamos, comprendí que había llegado demasiado tarde, y no porque Sebastian fuera más apuesto que yo, ni porque sea conde, o porque monte mejor a caballo —sonrió—.

Eso me daba exactamente igual —tragó grueso y suspiró—.

Perdí porque tú ya estabas enamorada. Podías sonreírme, conversar conmigo, aceptar bailar conmigo, pero cada pocos segundos buscabas a otro hombre con los ojos y cuando lo encontrabas... Tu rostro cambiaba.

Charity sintió que el calor subía lentamente por sus mejillas.

—¿De verdad era tan evidente?

Nathaniel soltó una pequeña risa.

—Para cualquiera que no estuviera enamorado de ti, sí.

Ella sonrió con tristeza.

—Lo siento.

—¿Por qué?

—Por haberte hecho creer...

Él negó despacio.

—No. No me hiciste creer nada; las esperanzas me las fabriqué yo solo y, siendo completamente sincero no me arrepiento, porque gracias a ellas descubrí que prefiero perder con dignidad antes que ganar el cariño de una mujer que mira a otro hombre como tú mirabas a Sebastian.

Aquello hizo que Charity sintiera un enorme respeto por él.

Quizás, el destino había sido injusto con Nathaniel, era un buen hombre que habría hecho feliz a muchas mujeres. Simplemente, no era el suyo.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —Nathaniel rompió el silencio—. Y prométeme que responderás con total sinceridad.

Ella asintió.

Nathaniel respiró profundamente.

—Imagina que mañana despiertas, que alguien llama a la puerta y te dice que lord Sebastian Thynne ha decidido olvidarte; que jamás volverá a buscarte, que acepta el rechazo y continuará con su vida e incluso termine casándose con otra mujer…

Se hizo un silencio muy largo tras sus palabras.

Charity sintió un nudo insoportable en la garganta e intentó imaginar aquella escena; a Sebastian caminando junto a otra mujer, riéndose con otra mujer y mirando a otra mujer como la había mirado a ella.

Sintió un dolor tan intenso que tuvo que detenerse; literalmente se quedó inmóvil, con una mano apoyada sobre el respaldo de un banco y respirando con dificultad.

Nathaniel comprendió que no necesitaba seguir preguntando.

—Llegaría demasiado tarde... —La voz de Charity apenas fue un susurro.

Nathaniel sonrió con infinita ternura.

—Eso imaginaba.

Ella levantó lentamente la vista, tenía los ojos brillantes.

—No quiero que lo olvide.

Nathaniel negó despacio.

—Entonces deja de hacerlo esperar.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos porque eran tan sencillas como devastadoras.

Durante semanas, Charity había buscado respuestas complicadas, había analizado conversaciones, recordado discusiones, e intentado decidir si podía perdonar. Pero, sin darse cuenta, había olvidado la pregunta más importante.

¿Quería vivir sin Sebastian?

La respuesta apareció antes incluso de formularla.

No.

Mil veces no.

Nathaniel volvió a caminar y ella lo siguió lentamente.

—¿Sabes qué pienso realmente? —Ella negó con la cabeza—. Que Sebastian cometió un error enorme, muy grande, probablemente el mayor de su vida, pero también pienso que tú llevas un mes y medio castigándolo.

Charity suspiró.

—Lo sé.

—Y creo que ya ha sufrido bastante.

Ella sonrió apenas.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

Nathaniel soltó una pequeña carcajada.

—Porque jamás había visto a un hombre mirar a otro como él me miró aquella noche.

Charity levantó una ceja.

—¿Celos?

—No, pánico.

Aquello la hizo reír por primera vez en muchos días.

—Eso está mejor.

—No te burles.

—Jamás.

Ella volvió a quedarse seria.

—¿Crees que todavía me ama?

Nathaniel se detuvo otra vez, la miró directamente como si la respuesta fuera la cosa más evidente del mundo.

—Creo que ese hombre sería capaz de cruzar Inglaterra entera caminando si creyera que al final del camino vas a perdonarlo.

Los ojos de Charity comenzaron a llenarse de lágrimas.

—¿Entonces...?

Nathaniel respiró hondo.

—Entonces deja que deje de sufrir, y deja de sufrir tú también.

Charity levantó lentamente el rostro con una luz distinta en sus ojos.

—Quiero volver a Bath.

Nathaniel sonrió.

—Me alegra oír eso.

Ella soltó una pequeña risa.

—¿Sabes qué es lo peor?

—¿Qué?

—Que tengo muchísimo miedo.

Nathaniel asintió.

—Eso significa que vale la pena.

Caminaron unos metros más antes de que él hablara nuevamente.

—Curiosamente, tengo previsto regresar a Bath dentro de tres días.

Charity lo miró sorprendida.

—¿De verdad?

—Mi familia organiza una reunión en la finca y prometí asistir —comentó—. Además, debo resolver unos asuntos familiares.

Ella sonrió.

—Qué coincidencia.

Nathaniel inclinó ligeramente la cabeza.

—Mi madre me desheredaría si permitiera que una dama viajara sola semejante distancia.

Charity soltó una carcajada.

—¿Eso ha sido una invitación?

—Ha sido una oferta de escolta.

Ella permaneció unos segundos observándolo y después sonrió con verdadera gratitud.

—La acepto.

Nathaniel hizo una elegante inclinación de cabeza.

—Será un honor.