CAPÍTULO 6 #3
—Voy a saludar a unas amigas —excusó rápidamente con una sonrisa cómplice dirigida a Nathaniel.
—Abuela... —protestó Charity, pero ya era demasiado tarde.
La traidora ya se alejaba y entonces Nathaniel ofreció su brazo.
—¿Me concedería la primera danza? —preguntó con amabilidad.
Charity sonrió y aceptó.
—Con mucho gusto.
Tomó la mano del caballero que la guio a la pista de baile y, por primera vez en esos días, se permitió no pensar en Sebastian y en aquel beso.
***
Sebastian supo que había cometido un error en el momento en que decidió asistir. Lo comprendió mientras el carruaje avanzaba hacia la residencia de los Pembroke, y mientras atravesaba la entrada principal. Sin embargo, terminó de comprenderlo cuando entró al salón de baile y la vio inmediatamente.
No tuvo que buscarla. Su mirada la encontró antes incluso de que fuera consciente de ello.
Lady Charity Bellerose estaba en el centro de la pista girando, sonriendo, bailando en brazos de otro hombre y algo desagradable se instaló en su pecho.
Algo que no experimentaba desde hacía años.
Celos. Una emoción absurda, indigna y completamente irracional.
Permaneció inmóvil junto a la entrada durante unos segundos, observándola, mientras Nathaniel Pembroke sostenía una de sus manos y guiaba la contradanza con evidente entusiasmo.
Charity reía. ¡Reía! Y aquello resultaba sorprendentemente irritante porque él no era la causa; una conclusión profundamente ridícula. Sin embargo, ahí estaba de nuevo ese detestable sentimiento que lo había obligado a mantenerse lejos de ella en esa semana.
La luz de los candelabros se reflejaba sobre el cabello oscuro de Charity mientras giraba entre las demás parejas. El vestido color marfil que llevaba parecía hecho para moverse con ella, flotando suavemente alrededor de sus tobillos a cada vuelta.
Y sonreía ¡Dios! Sonreía.
Sebastian apretó ligeramente la mandíbula porque aquella semana había sido una estupidez. Una larga y elaborada estupidez.
Desde el beso junto al camino había tomado una decisión que, en aquel momento, le había parecido sensata: mantener distancia y permitir que la atracción se enfriara hasta recordarse que Charity Bellerose era una joven impulsiva que había huido de Londres para escapar precisamente de un compromiso con él, y sobre todo, recordarse que él no era un muchacho incapaz de gobernar sus emociones.
Era lord Sebastian Thynne, un hombre que había administrado propiedades, resuelto disputas, salvado una finca de la ruina y tomado decisiones difíciles desde una edad en la que la mayoría de los hombres todavía pensaban únicamente en caballos y fiestas.
Podía controlar un sentimiento. O eso había creído.
Durante días evitó Ashbourne House, encontró excusas perfectamente razonables para no pasar por allí y se convenció de que el recuerdo de Charity terminaría disipándose.
Pero no lo hizo porque seguía recordando el modo en que pronunciaba su nombre cuando olvidaba estar enfadada, la manera en que lo desafiaba sin temor, la forma en que se reía y cómo lo miró después del beso.
Lo peor de todo, era la forma en que había comenzado a ocupar sus pensamientos cuando no estaba presente, algo que ninguna mujer había conseguido en años, quizás nunca.
Por eso había permanecido lejos; porque empezaba a sospechar que no quería olvidarlo todo y aquello era mucho más peligroso de lo que imaginó.
Volviendo a la realidad del momento, Sebastian observó a Nathaniel inclinarse para decirle algo al oído y vio la sonrisa de Charity, cómo ella respondía y la facilidad con que conversaban.
Algo desagradable se instaló en su pecho y de pronto comprendió algo que no le molestaba Nathaniel, ni otros caballeros. No realmente.
Nathaniel era exactamente el tipo de hombre que cualquier familia elegiría para una hija; el tipo de hombre que Charity debería considerar, y eso era lo que le resultaba insoportable: que pudiera hacerlo, que pudiera elegirlo.
Sebastian desvió la mirada apenas un instante, solo uno, porque la verdad comenzaba a resultar incómodamente evidente que no estaba interesado en Charity y no sentía simple atracción o solo deseo como quiso creer.
La situación era algo peor, mucho peor, porque por primera vez desde que tenía memoria, había empezado a imaginar un futuro incluyendo a otra persona y aquella persona estaba girando en brazos de otro hombre.
Cuando la música al fin terminó, los bailarines comenzaron a dispersarse, pero Nathaniel seguía junto a ella demasiado cerca y muy cómodo, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Sebastian observó cómo Charity levantaba la vista y sonreía otra vez, y entonces dejó de luchar contra la evidencia.
Ya había intentado mantenerse lejos y ser razonable.
Había intentado actuar como el hombre prudente y correcto que siempre había sido, pero había fracasado miserablemente, porque el verla en brazos de otro hombre, le resultó suficiente para comprender una verdad muy simple: ya era demasiado tarde para retirarse, y si iba a perder aquella batalla, al menos pensaba luchar por ella.
Entonces, comenzó a caminar.