Capítulo 39
ANCLA CERO
T eo tardó dos días y medio, no tres, en romper el cifrado. Apareció en la puerta de la Clínica Santos con los ojos rojos de cansancio, la misma ropa del día anterior, y un olor a café que sugería que llevaba bebiéndolo sin parar desde que Lena le entregó el disco.
—Lo tengo. Y necesitáis verlo todos juntos, no solo yo contándooslo.
Algo en su tono me hizo entender, antes de dirigirnos al taller, que lo que había encontrado era peor de lo que cualquiera de nosotros había imaginado.
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—Ancla Cero no es un plan de contingencia para Kade —empezó, con la pantalla girada hacia nosotros, con un diagrama de flujo que ninguno entendía del todo—. Es un plan de contingencia para Synapsis entera.
—¿Qué quiere decir eso?
—Que si la empresa llega a estar en riesgo real de colapsar, legal o públicamente, el protocolo se activa automáticamente. Fuerza la finalización de todos los Anclajes en proceso, completos o no, viables o no.
—¿Completos y no viables? —preguntó Lena—. ¿Qué le pasará a cada persona si se fuerza a finalizar el anclaje sin que el cuerpo esté preparado?
Teo no contestó de inmediato, y ese silencio fue, en sí mismo, toda la respuesta que necesitábamos.
—Los archivos lo llaman «colapso dual». Ninguna de las dos conciencias sobrevive intacta. Ni la que entra, ni la que ya estaba.
La habitación se quedó completamente en silencio.
Pensé en Iris. En todos los nombres de la lista que todavía no sabían que existían, en cada persona que en ese mismo momento llevaba semanas o meses o años compartiendo cuerpo con alguien más, sin saber que su vida entera dependía de que Synapsis nunca se sintiera suficientemente acorralada.
Pensé en Bruno, ajeno por completo a que su nombre podría estar en esa lista.
—¿Cuántas personas hay en proceso de Anclaje ahora mismo?
—Al menos cuarenta y tres casos activos. Cuarenta y tres personas que morirían, literalmente, si Kade decide que ya no tiene nada que perder.
—Entonces cada cosa que hemos estado planeando para exponerlo públicamente... —empezó Ren, sin terminar la frase.
—Podría ser exactamente lo que active el protocolo —terminé yo—. Si acorralamos a Kade lo suficiente, cuarenta y tres personas podrían morir por nuestra culpa.
—Entonces no podemos exponerlo —susurró Dante—. Nunca. Eso significa que gana él, ¿no?
—No necesariamente —dijo Teo—. El protocolo necesita autorización manual. No es automático del todo. Alguien tiene que introducir un código específico. Solo dos personas saben ese código, según los archivos: Kade, y quien ocupa la dirección de operaciones médicas.
—Alma.
—Si ella se niega, o revoca su propia autorización, Kade no puede activarlo solo. Necesita las dos firmas.
—O encuentra la forma de sustituirla en el sistema —advirtió Ren.
Marqué el número de Alma con los dedos temblando. No contestó al primer intento. Ni al segundo. Al tercero, descolgó y su voz sonó agitada, sin aliento.
—Mara. Iba a llamarte ahora mismo. Creo que alguien acaba de intentar entrar en mi cuenta del sistema.
—¿Conseguiste bloquearlo?
—Por ahora. Pero va a insistir, y tiene recursos que yo no tengo.
—Necesitamos que revoques tu propia autorización del protocolo Ancla Cero. Ahora, antes de que consiga otra vía de acceso.
—¿Sabéis lo que es Ancla Cero?
—Lo sabemos todo.
—Entonces sabéis que revocar mi autorización significa renunciar a todo mi nivel de acceso, no solo a Ancla Cero. Es el mismo permiso que me permite entrar en el equipo especializado para la reintegración de tu madre. No puedo renunciar a una cosa sin perder la otra.
No lo había pensado. El peso de esa consecuencia me robó el aire un segundo entero.
—Tiene que haber otra forma.
—Puede que la haya. Dadme unas horas. Pero necesito que sepas que si tengo que elegir entre completar la reintegración de tu madre y evitar que cuarenta y tres personas mueran, ya sé cuál es la elección correcta. Y espero que tú también.
Colgó antes de que pudiera contestar, dejándome sola con una decisión imposible que ya no era solo mía.
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—¿Qué ha dicho? —preguntó Lena, en cuanto volví al taller.
—Que nos va a dar una respuesta en unas horas. Y que si tiene que elegir, va a elegir salvar las cuarenta y tres vidas.
—Es la decisión correcta —dijo Ren—. Aunque duela escucharlo.
—Lo sé. Pero eso no hace que duela menos.
Teo cerró el portátil despacio.
—Hay algo más. Encontré una nota adjunta al protocolo, añadida hace dos semanas.
Alguien había empezado a preparar el terreno para activarlo antes de que supiéramos que existía.
El nombre de usuario coincide con el de Kade.
Lleva planeando esto desde antes de la rueda de prensa.
Probablemente desde antes de que rechazaras su oferta en sala doce.
La oferta de alianza nunca había sido más que una formalidad, un gesto vacío antes de la amenaza real que había tenido preparada desde el principio.
—Entonces no tenemos una semana. Tenemos el tiempo que tarde en decidir que ya no le sirve de nada seguir esperando.
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Alma llamó esa noche, más tarde de lo prometido.
—Ya está hecho. Revoqué mi autorización hace dos horas. El sistema me bloqueó de inmediato. Ya no tengo acceso a todo lo relacionado con Ancla Cero.
—¿Y lo de mi madre?
—También me bloqueó de eso. Lo siento, Mara. De verdad lo siento. Pero hay cuarenta y tres personas que siguen respirando esta noche gracias a esa decisión, y no pienso arrepentirme, por mucho que duela.
—Gracias. Por elegir bien, aunque te costara tanto.
—No sé si esto significa que Kade viene directamente a por mí. Ten cuidado. Más del que has tenido hasta ahora.
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Le conté a mi madre solo parte de la verdad esa noche.
—Está bien —dijo—. Vamos a encontrar otra forma. Y aunque no la encontremos, prefiero seguir siendo quien soy ahora, contigo y con Dante, que arriesgar la vida de gente que nunca tuvo la oportunidad de elegir nada de esto.