Huellas en los fiordos (Hildur 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

La fila de farolas de luz amarillenta cubre todo el pueblo como una red de pescador. En las afueras, las luces se van espaciando hasta desaparecer por completo. Allí donde la luz y la oscuridad se encuentran, laten los corazones azules de los vehículos de emergencia.

Vine en cuanto me enteré de la avalancha. Primero llegaron dos personas en un coche. Poco después llegó el siguiente coche, y otro más.

Un rebaño de personas se mueve por la escena rodeado de grandes montones de nieve. Allí van correteando, de un lado a otro, como corderos que han perdido a su madre. Se soplan las manos, ¡como si sirviera de algo! Deben de tener mucha prisa por empezar a escarbar.

Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio. Eso es lo que dice el Antiguo Testamento.

Mi obra aún no está terminada, pero, hasta aquí, todo ha seguido su curso. Aunque la avalancha ha adelantado mis planes, no me quejo. Así son las cosas cuando estás a merced de la naturaleza. Yo continuaré con mi tarea.

Exhalo la última bocanada de humo y observo cómo se va disipando en la nevada.

Todo avanza en la dirección correcta. Estoy contento y casi me dan ganas de entonar alguna cancioncilla popular. Piso el acelerador, marco el ritmo contra el volante de cuero y empiezo a cantar:

¡Hey, hey, hey! El zorro corre por la hierba

quiere mojar de sangre el hocico

la extraña voz grave de un hombre llora en algún lugar

los forajidos de Ódáðahraun se estarán llevando furtivamente las ovejas de las montañas.

Yo también me marcho furtivamente. En silencio y sin llamar la atención. No me llevo todo el rebaño, sólo un ejemplar. Cuando uno se aparta un momento del resto del grupo, aprovecho la ocasión.