Capítulo 6
Según la palabra de Dios, el perezoso no ara a causa del invierno; pedirá, pues, en la siega, y no hallará.
Hoy ha empezado el otoño y he arado. He arado tanto que me duelen las manos. Me siento en una roca a la orilla del mar y descanso un poco mirando el paisaje. Estoy cansado, pero con la mente clara y llena de energía.
Por fin estoy aquí. Al fin ha llegado el momento de llevar a cabo el plan que he trazado desde que lo perdí todo. El plan que me ha mantenido a flote en las épocas más difíciles.
Salomón tardó siete años en construir su templo. Yo he tardado siete años en trazar mi plan. Los siete años que han transcurrido desde que se marcharon.
Hoy he visto una manada de orcas. Es extraño verlas tan cerca de la orilla a estas alturas del otoño. Ésta ha sido la señal de que ha llegado el momento de hacer realidad la primera fase de mi plan.
Me fumé un cigarro tranquilamente mientras observaba la danza de las orcas.
De color blanco y negro, tienen un aire apacible, como las adorables acróbatas de los acuarios, pero las apariencias engañan.
Las orcas son torpedos que cazan en grupo.
Son depredadores a los que les gusta jugar con sus víctimas.
A veces, cuando atacan a una ballena, se divierten martirizándola durante mucho tiempo.
Cuanto mayor es el mamífero, más tarda en llegarle la muerte.
La víctima de hoy era grande pero murió rápido. A ver, yo no soy un depredador y no cazo en grupo.
Mis buenas acciones me indican que voy por el camino correcto.