Hoy no, Satán Capítulo XXXIV #2
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Capítulo XXXIV #2

Arrugo la frente. Sé de sobra de qué van esas cosas. No necesito que Nate se haga el interesante explicándomelas.

—Es que no las estaba usando —me defiendo—. Además, tú sabes de sobra quién soy yo. Y la verdad es que no creo que lo que he hecho sea un gran problema.

—¿Cómo iba a olvidarme? —Su voz suena oscura y me habla en un tono demasiado bajo—. Me lo dejaste todo clarísimo en el puente, no te preocupes.

Siento que me rompo por dentro. El dolor que refleja su cara me atraviesa la piel e intento hacer de tripas corazón.

—O sea que esto es lo que te pasa. —Me subo las gafas y lo miro a los ojos—. Sabes que todo lo que le dije a Ferus era mentira, ¿no? Necesitaba que confiara en mí. Si sospechaba, no nos dejaría salir de allí nunca. Sí, te lancé al río, pero te recuerdo que yo me tiré detrás.

—Sí, lo hiciste. —Se yergue—. Porque me necesitabas para que te trajera hasta tu mamá. Eso es lo único que he sido para ti en todo este tiempo. Y está bien, Devica. Vale, de acuerdo. Lo acepto. Pero eso no quiere decir que me guste.

Me escondo bajo las alas. Sus palabras me duelen más que este sol cegador. Casi no me sale la voz, y las frases sin acabar me rasgan la garganta.

—¿Qué me estás queriendo decir?

—Que me quedó todo muy claro durante la caída.

Vi que lo tenías todo muy bien planeado.

Te conoces el Infierno mejor que nadie, pero preferiste que fuéramos por todas esas parcelas.

E intencionadamente te hiciste daño en Nix.

Pero antes me besaste. Y me invitaste a meterme en tu cama.

No sé cómo fuiste capaz de llegar tan lejos.

Si ya me había pillado por ti. Si te hubiera ayudado de cualquier forma.

Abro la boca, pero no logro articular palabra. Las lágrimas brotan de mis ojos. Me conoce tan poco que de verdad piensa que lo seduciría por un billete a la Tierra. Veo que el tiempo que pasamos juntos en el castillo no significó nada para él. Mientras que para mí lo significó todo.

Me arde la garganta. Me envuelvo con mis brazos y me clavo las uñas a un lado.

—A mí también me pilló por sorpresa aquel beso.

Jamás había besado a nadie, Nate. Yo solo quería estar contigo, demostrarte lo mucho que me importas.

—Respiro, muy nerviosa—. Y yo no conozco el Infierno tan bien como te piensas.

Mi padre hizo siempre todo lo posible por ocultarme las partes más crueles porque sabía que, en cuanto viera lo que se hace ahí abajo, jamás querría desempeñar su trabajo.

Por eso mismo solo me enseñó hasta donde él quería que viera.

Nate niega con la cabeza.

—Pero lo vi en tus ojos, Devica. Vi lo mucho que odias a los humanos. El asco que te dan los caminantes oscuros como yo.

Me duele el estómago. Sabía desde el castillo de hielo que llegaría el momento de tener que dejarlo ir. Y su enfado me pone las cosas más fáciles. Pero es que no quiero que nos despidamos así, no quiero que se vaya pensando las cosas más horribles de mí. Las más horribles de nosotros.

—Te equivocas. —Le toco el brazo y se retuerce para que lo suelte.

Tengo el corazón hecho pedazos—. Me dijiste el nombre del parque cuando aún estábamos en el castillo y me explicaste dónde encontrar a mi madre.

No te necesitaba aquí conmigo, quería tenerte aquí, a mi lado.

Salté detrás de ti sin saber si mis alas harían o no su función.

Podíamos haber muerto ambos devorados por el fuego, pero me dio igual y me arriesgué para intentar sacarte de allí.

No podía soportar la idea de que volvieras de nuevo a la parcela 13.

Habría hecho lo que fuera por asegurarme de que no volverían a meterte allí, incluso cuando eso significara hacerte daño.

Pero lo siento, porque sé que te hice daño.

Y te prometo que era lo último que quería.

Baja la mirada al suelo y pasa una y otra vez la bota por la estrella ya de por sí desgastada del suelo.

—No lo había pensado así.

Vuelvo a quitarme las gafas, y le levanto la cara agarrándole el mentón para que me mire a los ojos.

—Todo lo hice por ti. Siento mucho no haberte contado mi plan antes, pero es que no hubo tiempo. Creo que eres inocente, Nate. Eres uno de los buenos, y te mereces salvarte, y no me importa lo que yo pierda para ayudarte a conseguirlo. Ni tan siquiera me importa perderte para que lo consigas.

Nate busca mi mirada con el rostro tenso.

—Estoy intentando perdonarte, Dev, pero necesitaré tiempo.

La chica que vi ahí abajo me aterrorizó, y no estoy seguro de que vaya a ser capaz de confiar en ti de nuevo.

Ya conoces mi historia. Todos los que me querían se marcharon.

Y mucha gente de la que teóricamente iba a cuidarme veía en mí más una nómina que a una persona.

Y el revivir todo ese dolor me mató. Ahora entiendo por qué hiciste lo que hiciste, pero no te viste en ese puente.

Tú no viste la frialdad de tus ojos. Te habías pasado todo el trayecto intentando demostrarme que tú no eras la hija de tu padre, y en cuestión de segundos todo el castillo de naipes se vino abajo.

Me suelto la mano y cierro los ojos, y respiro hondo unas cuantas veces seguidas.

—Nate…

—Mira… —Comienza a moverse otra vez—. Te prometí que te llevaría hasta ese parque para que me sacaras de allí. Y tú ya has cumplido con tu parte del trato, y ahora cumpliré yo con la mía. Pero nos ceñiremos a tu plan original y nos separaremos en cuanto estemos allí.

Sus palabras se me clavan por dentro como si un puñal me hubiera atravesado las costillas —que, dicho sea de paso, es un castigo vigente en la parcela 13—, pero en esta ocasión su voz es el filo cortante. Nate ha conseguido partirme en dos sin valerse de ningún arma.

Abro la boca para protestar, pero opto por apretar los dientes con fuerza.

Está equivocado respecto de mis intenciones, pero tiene toda la razón en lo de separarnos.

Mi padre o Ferus, o incluso ambos, no tardarán en venir a por mí.

Y es mejor que no me encuentren cerca de Nate para que no se lo lleven de vuelta a él también.

El cabreo de Nate me duele, pero hará más sencilla la despedida. Se merece paz por una vez en su vida.

Y a mí no me quedará otra que asumir el hecho de que la persona que una vez vio algo bueno en mí ya no lo vea.