Hoy (Arpías 2) Capítulo 37
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Capítulo 37

Nao

Evan y Neva vuelven a los quince minutos mejor avenidos.

Vienen cogidos de la mano y con cara de haber hecho las paces, dos veces…

Se sientan otra vez y observan la tarta intacta con cara de hambre. Row le sirve una porción a cada uno sin preguntar.

—Coméis y os calláis —ordena—. Es tarta de mi abuela.

—Tu abuela no existe —apunta Day.

—Mi abuela es internet. ¿Algún problema?

—Ninguno.

Preston elogia la tarta con énfasis y lo miro de reojo con algo parecido al orgullo. Luego me roza la pierna con la rodilla por debajo de la mesa y yo se la rozo de vuelta.

«Podría acostumbrarme a esto».

El móvil de Evan suena de nuevo y vuelve a colgar al tal Dojo.

Neva nos dice que es el dueño de una tienda friki de Chicago que le ha conseguido una nueva figura de Star Wars y está ansioso por entregársela.

Yo, si fuera ella, vigilaría que en realidad Dojo no tuviera unas buenas tetas y supiera chuparla bien.

Cuando casi todo el mundo ha terminado la tarta, Jesse deja la cuchara sobre el plato reluciente y mira a Day.

—Bueno, es hora de hablar de GenoLabs y las puñeteras niñas scout… —dice, mirando a Neva—. ¿Puedo hacerlo delante de Evan?

—Sí… —responde ella insegura—. Ya está metido en esto. Creo que es hora de que lo sepa todo de una vez.

—¿Saber qué? —pregunta Evan.

Neva respira hondo.

—Tendría que habértelo contado hace tiempo, pero no lo hice porque no quería ponerte en peligro.

—Neva, me estás asustando.

Row, desde su silla, levanta la mano.

—¿Puedo contárselo yo?

—¡No! —contestamos todas a la vez.

—Vale.

—Evan, mírame —pide Neva con tacto—. Las cuatro… tenemos habilidades especiales.

—¿Como qué? Y hacer collares de macarrones no cuenta por mucho que te empeñes.

—No. Son cosas como… —Neva busca la palabra—. Como poderes.

Jamás usamos esa palabra para referirnos a nuestras habilidades, pero es justo la que necesita oír un friki y amante de series paranormales como Evan, que abre los ojos fascinado.

—¿Poderes tipo Marvel?

—Algo así.

—¡¿Me estáis tomando el pelo?! —Nos mira a todos.

—Por desgracia, no —responde Day—. En realidad, te has enterado muchas veces, pero Neva te ha tenido que borrar la memoria después.

Se hace un silencio horrible y Evan la mira como la miraría cualquiera que no entiende cómo eso es posible.

—Lo hice por tu bien —se justifica Neva deprisa—. No quería ponerte en peligro. ¡Tú eres mi parte normal del día, Evan! Contigo puedo ser una chica feliz y despreocupada que no tiene que lidiar con tener una habilidad especial porque fui creada en un laboratorio.

—¡¿Os crearon en un laboratorio?! —exclama entusiasmado.

—Sí. A todas…, y nos han estado utilizando para eliminar a gente que nosotras pensábamos que se lo merecía.

—¿Eliminar gente? —pregunta asustado.

—Mala gente —aclara Day—. O eso pensábamos hasta ahora. Queremos acabar con el laboratorio que nos creó porque hemos descubierto que, aparte de crearnos a nosotras, también nos clonaron.

—¡¿Qué?! ¡¿Clones?! —exclama con los ojos desorbitados.

Si no corriera el riesgo de romperme la mandíbula por falta de uso, soltaría una carcajada.

Es curioso que Evan y Preston hayan reaccionado de manera tan distinta a la misma información. El novio de Neva parece incluso emocionado con la noticia.

—Joder…, ¿y qué poderes tenéis?

—Los llamamos habilidades —corrijo seria.

—Me parece alucinante. —Se moja los labios y mira al resto de los chicos—. ¿Desde cuándo lo sabéis vosotros?

—Desde hace veinticuatro horas —admite Preston.

—Yo me crie con ellas —expone Jesse—, pero los hombres del proyecto no desarrollamos ninguna habilidad.

—Los hombres solo sirven para una cosa… —masculla Row maliciosa. Todas la miramos mal y levanta las manos.

—¿Hay más chicos?

—Había —contesta Jesse en un tono que hace que Evan entienda que ya no queda ninguno.

—¿Qué habilidades desarrollasteis vosotras? —pregunta Evan.

—Yo leo emociones —empieza Day—. Sé cuándo alguien miente. Percibo qué está sintiendo de verdad detrás de lo que dice.

—¿Eres una máquina de la verdad? —cuestiona Evan, blanco.

—Algo así. Llevo dos años sabiendo que, cuando me dices que te gusta mi corte de pelo, en realidad piensas que parezco una escoba.

—Yo nunca he dicho eso.

—Pero lo has pensado.

—Joder… —Se pone las manos en la cara, preocupado.

—Yo doy unos besos mortales —expone Row—. Literalmente. Si beso a una persona, muere a las veinticuatro horas de un fallo multiorgánico.

Evan se queda petrificado.

—No te preocupes —añade Row—. No te voy a besar. Eres demasiado friki para mi gusto.

—Gra… Gracias.

—Puedes estar tranquilo. —Levanta el pulgar Row.

Me cruzo de brazos. Es mi turno.

—Yo tatúo sentimientos. Si te dibujo una runa con mi aguja, puedo provocarte lo que yo quiera. Que te calmes. Que te entre pánico. Diarrea… Lo que sea.

—¿Diarrea? —repite Evan, abriendo mucho los ojos.

—Doy fe —confirma Preston abochornado.

—¡Joder, tío!

—Y, aun así, me quiere —digo sin pensar. Todos me miran y analizo lo que acabo de decir—. ¡O sea…! ¡Quiero decir…! ¡Que, aun así, le gusto! Con caca y todo.

Todos se ríen mientras intento no morirme. Lo que viene siendo mi normalidad.

—Y yo borro la memoria —declara Neva.

Evan se queda mirándola con intensidad. Y todos sabemos lo que está a punto de decir.

—Entonces…, ¿me has borrado muchas cosas?

—Algunas.

—¿Cuántas veces?

—No las he contado.

—¿No las has contado o has perdido la cuenta?

—Evan, escúchame, solo he borrado lo que podía perjudicarte.

—¿Como qué?

—A veces te dabas cuenta de que pasaba algo raro, pero no quería meterte en un lío que condicionara nuestra relación.

—Joder, Neva… ¿Por qué lo hiciste? Lo habría encajado.

—Lo sé, pero…

—Decidiste por mí.

—Lo siento mucho.

—Repetidas veces.

—Sí, pero hoy te lo estoy contando. Porque ya no hay manera de protegerte si no lo sabes. Lo de McCain te lo ibas a comer tú solo. Y las niñas de las galletas le han cogido el gusto a matar a nuestros novios. Ya no estás a salvo, Evan…

El aludido mira a Neva de una forma diferente.

—Necesito tiempo para procesarlo, pero no quiero que vuelvas a borrarme la memoria. Por favor…

Las cuatro nos miramos sabiendo que, si no reacciona bien, se la tendremos que borrar. Por su bien y por el nuestro.

—De acuerdo, hablemos de las niñas… —interviene Jesse.

Neva desliza la mano por encima de la mesa y se la coge a Evan. Él se la aprieta sin mirarla.

Jesse coge aire para empezar.

—He estado investigando posibles localizaciones de dónde pueden tener escondidas a esas niñas.

—¿Y? —pregunta Row.

—Hay una zona restringida en GenoLabs, una a la que ni siquiera yo tengo acceso. Tiene sentido que Madre haya decidido mantenerlas allí, las puede vigilar de cerca.

—Igual que hicieron con nosotros —masculla Day.

—Sí, pero esas crías son mucho más peligrosas, aunque parezcan inofensivas —señala Row.

—A mí nunca me lo han parecido —remarco—. Os dije que me daban mal rollo.

Preston cierra los ojos como si la información fuera surrealista.

—¿Estáis seguros de todo esto?

—Segurísimo —replica Jesse—. Cassandra Cole no recuerda a las scouts porque alguna de las niñas le borró haberlas visto y todo ese espacio de tiempo.

Obligaron a saltar a Terry antes de entrar en la escena de la cámara.

Aún no sabemos qué habilidades tienen las otras dos.

Teniendo en cuenta que sus habilidades están mucho más desarrolladas que las vuestras, pero siguen el mismo patrón, es posible que la clon de Row pueda matar de maneras que ni siquiera podemos llegar a imaginar.

—Y Madre las maneja a su antojo —remato yo.

Preston respira hondo. Y Day y Jesse se miran entre sí.

—¿Cómo vamos a acceder a esa zona restringida? —pregunta Preston.

—Es casi imposible hacerlo sin levantar sospechas —responde Jesse.

—¿Y cuál es el plan? —pregunta Row. Su pregunta fetiche.

—El plan es cortarle la financiación a Madre —expone Jesse.

—¿La financiación? —cuestiona Preston.

—Sí. GenoLabs no funciona sin dinero. Recibe financiación privada de muchos accionistas privados, pero hay uno que cubre el ochenta por ciento del presupuesto del laboratorio.

Si ese accionista desaparece, Madre no podrá seguir adelante con sus experimentos.

Se quedará sin recursos y sin instalaciones.

—¿Sabes quién es el accionista? —pregunta Preston.

—Thomas Hutcher —responde Jesse, sacando un informe.

Preston se queda muy quieto.

—¿Hutcher? ¿El CEO de Hutcher Technology?

—Sí, lo conocí en la gala de recaudación de fondos de hace un par de meses.

—Hay que eliminarlo —sentencia Day.

—¡Me lo pido! —exclama Row entusiasmada—. Tengo ganas de besar a alguien. Espera…, ¿no será un viejo gordo y calvo?

—Es este. —Le enseña Day en su teléfono.

—¡Hostia…! Adjudicado. Lo hago yo.

—Todo tuyo.

Row alza un pequeño puño en el aire, como si acabara de meter un gol en el minuto de descuento. Y se sirve más vino con la otra mano.

—Esperad… —interviene Preston perplejo—, ¿estáis hablando de matar a alguien?

Se hace un silencio incómodo. Uno de los pocos que he tenido en mi vida. Estaba esperando a que Preston saltase desde que hemos mencionado que hemos matado a gente. Pero se ha callado para que hablemos más y más. Hasta que no ha podido más.

Row lo mira con la boca llena de tarta. Evan le lanza una mirada de soslayo a Neva.

—Sí. Hablamos de que voy a cargarme al accionista cañón.

—Pero… Yo soy policía.

—Enhorabuena. ¿Y?

—Y que estáis planificando un asesinato delante de mí. Eso me hace… cómplice.

Todos nos miramos alarmados. Yo me apresuro a ponerle una mano en el muslo.

—Tápate los oídos, cariño.

—Nao…, hablo en serio. ¿No entendéis el conflicto que esto me plantea?

—Claro que lo entendemos —responde Day tranquila—. Y eres libre de dejar que te borremos la memoria para olvidarlo todo. Porque vamos a hacerlo con o sin ti, Preston.

—Estás con nosotras o contra nosotras, poli —subraya Neva. Y Evan la mira como si acabara de descubrir que su novia es una psicópata de manual, porque lo es.

Tengo la sensación de que Evan no va a conservar recuerdos de esta noche durante mucho más tiempo. Es una pena. Pero no está preparado para esto. Y el poli… está por ver.

Preston se aparta de mi toque y mira a Neva a los ojos. Luego a Row y a Day. También a Jesse. Y, por último, a mí.

—No me podéis poner en esta posición.

—Te has puesto tú solito al perseguir a una Arpía —dice Jesse.

—¿Arpía?

—A.R.P.I.A. Agencia de Respuesta y Programación de Individuos Avanzados.

Y aquí entra Row con la voz más tranquila que le he oído en toda la noche.

—Mira, poli, nos caes bien, que quede claro, pero si te pones quisquilloso con esto, luego te borramos la memoria para que te vayas a casa con tu alma de Capitán América intacta. No hay problema.

—Lo haré —dice Neva servicial—. Esta vez con tu consentimiento. Tú decides.

Preston nos mira una a una otra vez.

Y, entonces, Day, la única persona en esta mesa capaz de aguantar una negociación de muerte sin ponerse sangrienta, se inclina hacia él y le dice con voz de fiscal:

—Antes de que decidas, quiero que pienses una cosa.

—Te escucho.

—Están clonando bebés en un laboratorio como si fueran ratas. ¿Eso te parece bien?

—No.

—¿Y estás de acuerdo en no hacer nada?

—No, pero hay otras formas que no implican matar a gente inocente.

—¿Te parece inocente un tipo que juega a ser Dios? Porque nosotras somos víctimas directas suyas. Y detrás vendrán más. Creo que tenemos todo el derecho del mundo a impedir que sigan haciendo lo que nos hicieron a nosotras. Ojo por ojo.

Preston respira hondo y resopla. Está claro que en sus férreos principios el ojo por ojo no es admisible.

—Este es el precio de amar a una Arpía, Preston —afirma Jesse, encogiéndose de hombros—. Es lo que hay. ¿Estás dispuesto a asumirlo?

Yo me tapo la cara con las dos manos porque no quiero saber la respuesta. ¿Ha dicho AMAR? Voy a cargarme a Jesse lentamente. Porque sea lo que sea lo que conteste Preston, va a doler.

Pero solo se escucha silencio. Uno largo. Y separo los dedos poco a poco.

Preston me está mirando. A mí. No a Day ni a Row ni a Neva. A mí. Con la cara de un hombre que acaba de cruzar una línea que sabe que ya no podrá descruzar y que ha decidido que la cruza por… ¿amor?

—Vale… Estoy dentro —dice solamente. Y a mí se me cae algo por dentro. Algo que llevaba sujeto con pegamento instantáneo extrafuerte desde los diez años.

—¿Estás seguro? —pregunta Day.

—No, pero me habéis dicho que elija y he decidido.

Row levanta la copa feliz.

—¡Perfecto, brindemos! ¡La noche no hace más que mejorar!

Los siete levantamos las copas y solo se oye el ruido del cristal chocando. No he querido mirar a Preston. Soy incapaz.

Pero cuando dejo de nuevo la copa en la mesa, él vuelve a apoyar la rodilla contra la mía por debajo de la mesa. Y yo, sin pensarlo dos veces, le cojo la mano por debajo del mantel.

No le digo nada. Solo se la aprieto. Y él me la aprieta de vuelta.

Y entre la vergüenza y el asco que me da toda la escena, hay algo escondido que no puedo mencionar en voz alta, ni siquiera pensarlo, pero está ahí. Con la llama encendida. Y los dos lo notamos.

Cuando la cena termina, Evan y Neva se van escaleras arriba. Row termina de recoger la cocina. Su cocina que no quiere que nadie toque ni para limpiar. Y Day y Jesse hablan cogidos de las manos, decidiendo qué hacer.

En ese momento, Preston me coge el codo y me acerca a él.

—Esta noche he comprobado una cosa…

—¿Cuál?

—Que tengo un instinto increíble. Siempre he pensado que tenías pinta de asesina… —Nos sonreímos, no obstante, de pronto, se pone serio—. Pero… ¿soléis matar gente habitualmente?

—Cuando toca.

—Eso no me lo habías contado.

—Te dije que no esperases una relación normal, pero no estás obligado a quedarte. Puedes elegir.

Me mira con una intensidad distinta.

—No, no puedo elegir. Porque quiero estar contigo… Y eso está por encima de todo.

Cierro los ojos un segundo. Y hago que se agache para besarlo en la boca. Delante de mis hermanas y de Jesse. Y soy consciente de que es la primera vez que beso a alguien en público sin que me importe nada más.

Cuando me aparto, le digo en voz baja:

—Bienvenido a las Arpías, poli.

—Voy a necesitar mucho vino.

—Tranquilo, tenemos de sobra.