Capítulo 32
ROW
Cuando Neva nos informó de que Nao estaba en el estudio de tatuajes con Preston y este la estaba apuntando con una pistola, casi me echo a reír.
Sé que es una reacción extraña, pero seamos sinceros, Nao no corre ningún peligro. Ella es muy capaz de defenderse de un policía con más principios que instinto de supervivencia. Además, me encanta que, por una vez, no ser yo la que se ha metido en un lío y necesitar la ayuda de las demás.
Me adentro en el estudio seguida por Day y Neva. Encontramos a Nao y al poli enseguida.
—Hermanita, te veo bien. ¿Te has hecho algo en el pelo o es que te favorece demasiado estar encañonada por una pistola? —me burlo.
Ignoro la mirada asesina de Nao y la confusión en el rostro del poli.
—Row, déjate de tonterías. Esto parece serio —masculla Day.
Me encojo de hombros y doy un par de pasos en dirección a Preston. Tal como esperaba, enseguida deja de apuntar a Nao y dirige el cañón de la pistola hacia mí.
Levanto las manos sin dejar de sonreír.
—Uy, qué miedo… Un policía grande y fuerte con una pistola. No sé si temblar o ponerme cachonda.
—Row… —sisea Nao a modo de advertencia.
—¡Oh, vamos! ¡Le quitáis la diversión a todo!
—No creo que tener a un policía apuntándote a la cabeza sea algo de lo que debas burlarte —comenta Preston.
Le sonrío y me vuelvo a encoger de hombros.
—Créeme, guapo, he estado en peores situaciones. Además, en unos minutos ni siquiera recordarás esta conversación.
—Porque vais a borrarme la memoria, ¿no? —sisea entre dientes.
Pierdo la sonrisa y busco la mirada de Nao.
—¿Lo sabe?
—Me escuchó hablando con Neva por teléfono.
—¡Ya es suficiente! —gruñe el poli—. ¡Vais a decirme exactamente qué es lo que está pasando aquí!
Vuelvo a mirar a Nao.
—Nos vendría bien su ayuda en la investigación. Tenemos que encontrar a esas niñas.
—Row tiene razón —intercede Day—. Él tiene acceso a información que puede sernos útil.
—Además, va a ser casi imposible borrarle todo —advierte Neva—. Hay demasiados cabos sueltos y personas involucradas.
Tras unos segundos en los que parece pensarlo, Nao asiente con expresión resignada.
Sabe tan bien como nosotras que sería casi imposible borrarle a Preston todos sus recuerdos sobre nosotras, Terry y la investigación.
Tiene datos guardados, anotaciones, pruebas de lo que ha ocurrido en estas semanas y otras personas están involucradas. Basta que una de ellas le mencione el caso de Terry o algo que hayamos borrado para que vuelva a estar tras nuestra pista.
—Entonces, ¿lo beso y listo? —pregunto, solo para provocar a Nao.
—¡No, joder! No vamos a matarlo —salta como esperaba.
Se me escapa una carcajada al ver cómo el poli palidece.
—¿Matarme?, pero ¿quiénes sois vosotras?
—Mujeres especiales con habilidades aún más especiales —responde Neva, haciendo un corazón con las manos.
Nao pone los ojos en blanco.
—Está bien —bufa—. Preston, baja la pistola. Vamos a contártelo todo.
—Prefiero seguir con ella en esta posición, pero adelante, hablad.
—Vale, empiezo yo. —Doy un nuevo paso hacia él—. En tu pizarra ponía que sospechas de que Nao usa drogas para crear reacciones en las personas que tatúa.
—¿Y no es así?
—No, exactamente. En realidad… Ella es la droga.
—Row, te estás explicando como un jodido libro cerrado —masculla Nao.
—¿Quieres intentarlo tú?
Ella respira hondo y rodea a Preston para colocarse frente a él.
—Fuimos creadas de manera artificial en un laboratorio por una científica loca. Durante toda nuestra infancia y adolescencia nos mantuvo más o menos encerradas para experimentar con nosotras.
—¿Qué…?
Preston sacude la cabeza.
Aprovecho su momento de confusión para acercarme más y quitarle la pistola sin que pueda reaccionar siquiera.
—Te la devolveré después —digo, y me la guardo en la espalda.
—Eso que acabas de hacer es un delito, pero… ¿cómo lo has hecho tan rápido?
—Fuimos entrenadas desde niñas —responde Day.
—¿Para qué?
Todas miramos a Nao y ella niega sutilmente con la cabeza. Le va a tocar a ella explicarle al poli que nos dedicamos a matar personas. «Buena suerte con eso, hermana».
—La pregunta no es el «para qué», sino el «cómo» —añade Day.
Nao se acerca más a Preston y lo mira a los ojos.
—No solo nos entrenaron física y mentalmente, también nos ayudaron a desarrollar y potenciar habilidades.
—¿Qué habilidades?
—Neva puede borrar recuerdos de la mente de cualquier persona con solo tocarla.
Day percibe las emociones de los demás y hasta llega a sentirlas como propias, y yo…
—Nao hace una pausa—. Yo manipulo emociones y el cuerpo tatuando runas sobre la piel.
Mitigo la ansiedad de ver a tu novio muerto sobre el capó de un coche, quito la acidez de estómago… De todo un poco.
Tras un buen rato en silencio, Preston esboza una sonrisa incrédula.
—¿Me estáis tomando el pelo?
Todas negamos con la cabeza.
—Es la verdad —digo—. Somos bichos raros. Tremendamente atractivas, pero raras.
Preston me mira a mí, frunciendo el ceño.
—¿Y tú qué haces?
—¿Aparte de ser el alivio cómico en momentos de tensión, dices? —Sonrío de nuevo—. Beso de muerte.
Preston me mira extrañado.
—La saliva de Row contiene unas toxinas que, en contacto con las mucosas orales de cualquier individuo, provoca un fallo multiorgánico al cabo de veinticuatro horas —explica Day.
—Lo que la petulante de mi hermana quiere decir es que, si beso a alguien, muere a al día siguiente.
—Eso es imposible —susurra, negando con la cabeza.
—¿Quieres que hagamos la prueba? Según Nao, besas muy bien…
—Ni te acerques, Row —me advierte mi hermana.
Preston empieza a moverse de un lado a otro, se detiene, abre la boca para decir algo, pero enseguida la cierra y vuelve a caminar por el estudio como un jodido león enjaulado.
—Esto es… No puede…, pero es… —Se detiene de nuevo y resopla con fuerza—. ¡¿Cómo es posible que esté dudando de verdad?! —le pregunta a Nao enfadado—. ¡Es una completa locura que cuatro chicas hayan desarrollado poderes mágicos!
—Habilidades sobrehumanas —corrige Day.
—¡Lo que sea, joder! ¡Lo grave es que estoy dudando! Debería llevaros a todas a comisaría y que un juez os obligue a pasar un examen de capacidades mentales.
—No estamos locas —señala Neva.
La miro sonriendo.
—Bueno… Tú muy cuerda no estás. Perdona que te lo diga.
La muy perra ni siquiera lo niega, solo sonríe como la puta desquiciada que es y se encoge de hombros. Preston tiene buen ojo.
Nao se acerca aún más a él y hace algo impropio de ella; le pone la mano en la nuca.
—Preston, estás dudando porque sabes que no mentimos. Tienes un buen instinto, ¿qué es lo que te dice?
—Necesito pruebas. No puedo fiarme de…
—¡Yo te daré pruebas! —exclamo interrumpiéndolo. Me giro hacia Day y la señalo con el dedo—. Levántate la camiseta.
—¿Disculpa?
—Vamos, no seas remilgada. Enséñale las tetas a Preston.
—¡No voy a hacer eso!
—¡Yo no quiero verle las tetas!
Gritan ambos a la vez.
Resoplo y me cruzo de brazos.
—Después Neva le borrará esa imagen de la mente, solo la forma y tamaño.
—¡No!
—Day…
—¿Qué pretendes con todo esto? Lo estás asustando.
—No estoy asustado —replica Preston.
Day lo mira fijamente.
—Sí que lo estás. Lo estoy notando desde aquí, y hace un momento, cuando Nao te ha tocado, te has puesto nervioso y un poco cachondo también.
Me giro para mirar al poli. Parece confuso y un poco asustado también, Day tiene razón. Sin embargo, no termina de estar convencido del todo.
—Day, las tetas, enséñaselas y acabemos con esto —insisto.
—¡No! ¡¿Por qué no se las enseñas tú?!
—Porque yo estoy coordinando la operación. Además, a mí me importa una mierda que me las vea, así que no funcionará igual.
Tras unos segundos en los que no dejo de mirarla concienzudamente, Day chasquea la lengua contrariada.
—¡Está bien, joder! —Bufa con fuerza y se acerca a Preston, sujetando el borde de su camiseta—. ¡Dios! A veces me gustaría que me hubiesen creado a mí sola.
—No eres tan especial —me burlo.
—¿Qué harías tú sin nosotras? —añade Neva.
Por suerte, Nao no toma partido en nuestro debate. Solo se dedica a lanzar miradas en dirección a Preston para analizar sus reacciones.
Day toma una respiración profunda.
—Espero que disfrutes de las vistas, porque Neva te lo va a borrar de la mente enseguida.
—No quiero verte las tetas, de verdad.
—Chicas, esto no es buena id…
Antes de que Nao pueda terminar la frase, Day ya se ha levantado la camiseta y el sujetador y sus tetas quedan al aire, justo delante de la cara de Preston.
Me trago la carcajada que sube por mi garganta al ver la expresión de incredulidad en el rostro del pobre policía. Pocas veces me he divertido tanto en toda mi vida.
—Ahora, Neva, bórrale los últimos segundos a Day —pido.
Ella se acerca a la otra, coloca la mano en su muñeca, que sigue sosteniendo la camiseta, y enseguida se aparta.
—¡Dios, a veces me gustaría que me hubiesen creado a mí sola! —repite Day como si el tiempo no hubiera pasado.
De pronto, mira hacia abajo, y al darse cuenta de que tiene las tetas al aire, suelta un grito agudo y se tapa a toda prisa.
Preston pega un brinco y niega con la cabeza. Yo soy incapaz de contener la risa por más tiempo.
—Hay que repetirlo, creo que aún no está convencido —digo entre carcajadas.
—¡Y una mierda, cabronas! —se queja Day—. Neva, borra la imagen de mis tetas de su mente ahora mismo.
—¡Chicas, es suficiente! —exclama Nao—. Se supone que habéis venido para ayudar, no para convertir esto en un circo.
Miro en dirección a Preston, aún sonriendo, y me fijo en cómo su nuez se mueve al tragar saliva con fuerza.
—Lo está asimilando —nos informa Day.
—¡Oye, no te metas en mi cabeza! —gruñe él.
Neva y yo sonreímos. Puede que nuestro teatrito haya servido para algo más que mi diversión personal y la humillación pública de Day. Al fin nos está creyendo.
Nos quedamos en silencio un buen rato, dejando que Preston digiera todo lo que acaba de descubrir. En cierto momento, yo soy incapaz de seguir callada por más tiempo.
—Vale, ¿ya lo has entendido? No me gustan los silencios incómodos y tenemos más cosas que contarte.
—¡¿Hay más?! —exclama, abriendo mucho los ojos.
Asiento y me acerco a él. Me saco su pistola de la espalda y se la devuelvo.
—Llevas semanas investigando la muerte de Terry y ahora nosotras tenemos una pista, pero te necesitamos para seguirla.
Noto enseguida cómo su expresión cambia. Pone cara de policía que está a punto de empezar una misión a vida o muerte.
—¿Qué pista?
—Antes de que Terry se lanzara desde nuestra azotea, habló con unas niñas vestidas de girls scout.
—¿Qué pasa con esas niñas? Son simpáticas. Yo les he comprado galletas.
—Están deliciosas, ¿verdad? —suelto.
Nao chasquea la lengua y se pone delante de mí para hacerse cargo de la conversación.
—Deja las putas galletas de una vez. El caso es que esas niñas también tienen habilidades como nosotras.
—Más que nosotras —puntualiza Neva.
—Sospechamos que una de ellas tiene la habilidad de manipular las emociones o la voluntad de las personas. Ella obligó a Terry a subir a la azotea y acabar con su vida.
—Son clones nuestros —subrayo.
El poli abre mucho los ojos.
—Clones —repite.
Asiento y me encojo de hombros.
—A Madre no le bastaba con tener a cuatro chicas con habilidades, quería más, así que nos clonó.
—¿Quién demonios es Madre?
—La doctora Agatha Walsh —contesta Nao—. Ella fue la que nos creó, y también a esas niñas diabólicas. Ahora están ahí fuera, siguiendo las órdenes de Madre, y son peligrosas. Tenemos que encontrarlas.
—¿Para eso me necesitáis?
Todas asentimos con la cabeza.
—Además, queremos saber por qué en tu pizarra aparece Evan —añade Neva.
—Porque tiene contactos sospechosos con el superintendente McCain, el policía al que me han ordenado investigar.
—Lo está chantajeando —lo excusa Neva.
—Exactamente, ¿por qué? ¿Qué es lo que hace para él?
Neva se encoge de hombros y niega con la cabeza. No lo sabe, al igual que las demás.
—¿Tú podrías averiguarlo? —le pregunta Day.
—Si lo interrogo, es posible. Pero, por el momento, prefiero mantener un perfil bajo. No quiero que ponga a McCain sobre aviso.
—¿Y si lo hacemos de forma que no parezca un interrogatorio? —sugiero.
—Explícate.
—Una cena en casa. Neva trae a su novio y Nao…
—No termines esa puta frase —me advierte mi hermana, apuñalándome con la mirada.
Le sonrío de manera burlona.
—No es mala idea —murmura Preston.
—Mis ideas siempre son excelentes —me jacto.
—Entonces, ¿vas a ayudarnos? —le pregunta Nao.
Él la mira durante unos segundos, respira hondo y asiente con la cabeza.
Me abstengo de poner los ojos en blanco, porque aquí huele a reconciliación en potencia. Y con armas de por medio, nada menos.
Lo mejor será dejarlos solos.