Capítulo 30
DAY
Me quedo observando la pantalla, incapaz de apartar la vista de las niñas que desaparecen por la calle con sus cajas de galletas. Es como si fueran un grupo de scouts cualquiera y no las presuntas culpables del asesinato de Terry.
Sin embargo, después de todo lo que hemos descubierto, como dice Jesse, hace tiempo que dejamos de creer en las casualidades.
Todos hemos llegado a la conclusión de que esas niñas deben ser los bebés que Terry vio en GenoLabs y, además de ser nuestros clones, tienen habilidades especiales.
Ya sabemos que una de ellas posee la misma que Neva. Borra la memoria.
—¿Y si una de ellas puede obligar a la gente a suicidarse?
Todos miramos a Row frunciendo el ceño.
—¿Manipulación mental? —pregunto.
—O emocional —sugiere Nao—. Imagina que esa niña del demonio se acerca a ti y tiene la capacidad de manipular tus emociones, hacer que te sientas como el ser más infeliz de la faz de la tierra.
—Tanto como para subir a una azotea y lanzarte al vacío —termina Jesse en voz baja.
—Si tienen esas habilidades, son demasiado peligrosas. A saber lo que podrían estar haciendo ahora mismo bajo el mando de Madre —masculla Row.
—Tenemos que eliminarlas antes de que Madre vuelva a utilizarlas —gruñe Jesse.
Lo miro como si no lo reconociese.
«¿Acaba de decir “eliminarlas”?».
Me pongo en pie tan deprisa que es raro que no me dé un mareo.
—¡Ni hablar!
Él vuelve la cabeza hacia mí.
—Day…
—¡Son niñas, Jesse!
Mi voz sale más emocional de lo que pretendía. Noto cómo las pulsaciones se me disparan mientras señalo la imagen congelada.
—Son asesinas, Day.
«Como nosotras», se me estruja algo en el pecho.
—No me importa lo que creas que son. Ni me importa lo que hayan hecho. Son. Solo. Niñas —mascullo con los dientes apretados.
Nao resopla por lo bajo.
—Os lo dije desde el principio. En cuanto las vi, supe que esas criaturas demoniacas traían problemas. Las olí a kilómetros.
Row baja despacio la galleta que está a punto de mordisquear y la contempla con una expresión de rechazo.
—Ya decía yo que era imposible volverme adicta a esta mierda. Seguro que llevan algún ingrediente satánico.
Neva se abalanza a por la caja que hay encima de la mesa y la abraza contra su pecho.
—Pues, como sea verdad, me vas a romper el corazón. Sobre todo por las de chocolate…
Le lanzo una mirada incrédula.
—¿En serio? ¿Eso es lo único que sacáis de toda esta conversación?
Las tres hacen una mueca en mi dirección.
Siento cómo la rabia me sube por el pecho. Jesse se incorpora. Me inquieta que no haya levantado la voz. Nunca lo hace cuando está convencido de algo.
—No sabes de lo que son capaces.
—Tú tampoco.
—Lo que sé es que Terry se lanzó desde la azotea.
—¿Y a cuántas personas hemos matado nosotras?
—¡No es lo mismo!
—Es exactamente igual. Nos encargan algo y nosotras lo ejecutamos.
—¡Ellas mataron a mi hermano, joder!
Niego con fuerza.
—Alguien les ordenó hacerlo. Dirige tu furia a esa persona. Pero no puedes cargar contra ellas.
Jesse me mantiene la mirada.
—Si estamos en lo cierto y sus habilidades están tan desarrolladas, representan un peligro, no solo para nosotros, para la jodida humanidad.
—Precisamente por eso no podemos tratarlas como si fueran las culpables.
Me acerco hasta él.
—¿Es que no lo ves? Si es cierto… —Cabeceo—. Si de verdad son esos bebés… —«Esto es muy fuerte, joder»—. Entonces, son exactamente igual que nosotras.
El silencio que sigue me resulta ensordecedor y miro una por una a mis hermanas.
—¿Acaso alguien nos preguntó si queríamos convertirnos en lo que somos? ¿O nos dio la oportunidad de elegir en algún momento?
Apartan la mirada.
—Nos utilizaron desde que nacimos. Nos moldearon y decidieron por nosotras. Si esas niñas son quienes creemos, no son monstruos. Son vícti…
Noto cómo mi voz se rompe en esa última palabra.
—Son las asesinas de Terry —concluye Row.
El resto asiente.
Neva interviene con un hilillo de voz:
—¿Qué hacemos entonces?
—Eliminarlas si nos las encontramos —declara Nao—. Day, entiendo que las veas como si fuéramos nosotras, pero no lo son. Madre les habrá lavado el cerebro, quién sabe cuánto, y puede que ya no quede ni humanidad en ellas.
—Nosotras éramos adolescentes cuando matamos la primera vez, ellas no sabemos cuánto lo llevan haciendo —interviene Neva.
Miro a mis hermanas y veo que están todas de acuerdo; en el fondo, sé que tienen razón.
Tras lo que hemos descubierto y la posibilidad de haber dado con una pieza crucial de la que tirar, creo que necesitamos estar cada una con nuestros propios pensamientos y nos vamos cada una a nuestro apartamento.
—No me ha gustado enfrentarnos —escucho a Jesse decir a mi espalda.
Abro la puerta de mi piso. Es él quien la cierra cuando pasa tras de mí.
—No es algo nuevo.
Lanzo las llaves sobre el escritorio y me descalzo.
—Lo sé. Pero se ha sentido diferente.
Me giro hacia él. Coloco mis manos en mi cintura y suspiro.
—Querías matarlas, Jesse. Y sé que tenéis cierta razón, pero por otro lado…
Se humedece los labios antes de responder:
—Lo sé, pero no son solo niñas, son armas. Unas que pueden hacerte daño si descubren que estamos tratando de desmontar GenoLabs.
—Sé defenderme.
—No lo dudo —afirma Jesse—, eso no significa que me guste que tengas que hacerlo.
Es la declaración de amor más rara que he escuchado en la vida y, sin embargo, es una que hace que sonría feliz.