Hoy (Arpías 2) Capítulo 15
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Capítulo 15

ROW

Cuando entro en el estudio de tatuajes de Nao, sigo sintiendo cómo una mano invisible me asfixia hasta dejarme sin aliento.

Necesito librarme de esta maldita sensación antes de cometer alguna locura.

Mi hermana alza la vista de lo que sea que está dibujando y frunce el ceño.

—¿Qué haces aquí? —inquiere.

No es que esperara una gran bienvenida. Con Nao nunca hay palabras bonitas ni saludos amistosos.

En cualquier otro momento me burlaría de ella con algún comentario sarcástico, pero hoy no. Estoy demasiado alterada.

Le lanzo las llaves de la moto y ella las coge al vuelvo.

—He venido a devolvértelas.

—Espero no encontrar ni un rasguño en mi bebé.

—No lo hay.

Estrecha la mirada sobre mí.

Day es la empática de la familia, pero nadie es capaz de leer a las personas como Nao, y sin habilidades especiales.

La muy hija de perra es capaz de detectar cosas que los demás pasamos por alto.

—¿Estás bien, Row? El objetivo…

—Ya ha sido eliminado —la corto.

Se cruza de brazos y vuelve a hacer ese gesto con la mirada.

—Te recuerdo que tú aportas el sarcasmo y la falta de estabilidad emocional a la familia. La de las frases cortantes y respuestas con monosílabos soy yo. Dime qué te ocurre.

—Nada. —Me quito la chaqueta y empiezo a caminar hacia la zona donde están las camillas—. Necesito una dosis.

Escucho el resoplido de Nao a mi espalda y, antes de que pueda terminar de sentarme sobre la camilla, ya la tengo delante.

—Sabes que esto no es como un supermercado, ¿verdad?

Ignoro su regañina y empiezo a buscar un lugar en mi brazo que no esté cubierto de tinta.

Sé que pronto tendré que empezar a borrar tatuajes más antiguos para colocar otros. Me estoy quedando sin espacio. Y repasar los existentes no funciona de la misma manera.

—Aquí —digo al localizar un sitio cerca del codo izquierdo, es pequeño, pero tendrá que servir.

—Row, no puedes seguir enmascarando todas tus emociones bajo los tatuajes. Eso no es sano.

Arqueo una ceja en su dirección y juro que, si no estuviese notando que la culpa me desgarra el pecho como un maldito cuchillo hundiéndose en mantequilla, habría soltado una sonora carcajada.

—¿Desde cuándo me das lecciones de moral? Ese es el trabajo de Day.

Mi hermana suspira y niega con la cabeza.

—Sabes que va a doler como el demonio, ¿verdad? —Asiento.

Prefiero que sea así. El dolor es un buen aliado para enmascarar la culpa. Entre eso y la habilidad de Nao, saldré de aquí como nueva.

Me tumbo bocarriba en la camilla y trato de respirar hondo, pero apenas logro llenar mis pulmones.

—Asegúrate de clavar bien la aguja. Espero que este me dure algo más que el del otro día.

Nao no dice nada mientras prepara todo el material y se pone los guantes, aunque sé que se está conteniendo para no soltarme una mala contestación.

Ahora mismo no necesito sus regañinas, solo que apague el dolor que siento en el centro del pecho, y ella lo sabe.

—¿Estás lista? —Inspiro hondo por la nariz y asiento—. Bien, allá vamos.

La primera pasada de la aguja sobre mi piel me obliga a apretar la mandíbula para no gritar.

Los codos son las zonas más dolorosas para hacerse un tatuaje, al menos en mí es así. Sin embargo, tras unos segundos, noto cómo mi cuerpo empieza a relajarse.

Intento dejar la mente en blanco. Ya puedo llenar mis pulmones de aire.

Y entonces regresan los recuerdos, aunque ahora ya no duele tanto.

—Dímelo, Row. Sé que Alyss estuvo contigo ayer por la mañana. ¿Qué fue lo que pasó? —me preguntó Madre.

Sorbí por la nariz y negué con la cabeza.

—¿Se va a poner bien? Estaba fría —susurré.

En el fondo sabía que no, que Alyss jamás volvería, pero necesitaba que alguien me lo dijera.

Aún podía sentir su piel helada en la punta de mis dedos. La zarandeé, pero no despertó, y sus ojos… ¿Por qué no brillaban como siempre?

—¡Row, céntrate! —El grito de Madre me sobresaltó—.

Ayer Alyss hizo lo mismo de todos los días.

Su analítica estaba perfecta. Lo único que no sabemos es lo que ocurrió en el tiempo que estuvo desaparecida por la mañana.

En las cámaras de seguridad se la ve entrando a vuestro dormitorio y después salisteis juntas y muy sonrientes. ¿Qué pasó allí?

—Nada —gimoteé.

—¡Deja de mentir!

Me encogí y un nuevo sollozo rasgó mi garganta.

—Fue solo un beso, lo prometo —confesé con la voz tomada por el llanto.

Madre se puso de pie y me miró con los ojos muy abiertos.

—¿Qué has hecho, Row?

—Fue solo un beso —repetí—. ¿Se va a poner bien?

Negó con la cabeza.

—Alyss está muerta. No va a volver, y ya sabemos cuál es tu habilidad.

—Row, sal de ahí. —La voz de Nao consigue sacarme de mis recuerdos.

La miro con la respiración acelerada y el corazón latiendo a toda velocidad.

—Estoy bien —susurro con un hilo de voz.

—Intenta relajarte o no podré continuar.

Asiento, con la mandíbula tensa y los puños apretados.

Vuelvo a respirar hondo y esta vez me centro en atraer otros recuerdos a mi mente.

El día que nos mudamos al complejo; la primera vez que Nao y yo nos emborrachamos; Neva y yo burlándonos de Day por sus discusiones con Jesse, que son lo más parecido a unos preliminares que he presenciado nunca… Buenos recuerdos, de esos que hacen desaparecer la culpa y el dolor.

Durante unos minutos dejo que esa sensación me invada y borre todo lo demás, y antes de que pueda darme cuenta, Nao se detiene y empieza a limpiar la zona de piel que acaba de tatuar.

—¿Ya está? —pregunto.

—Sí. Me alegra que hayas podido tranquilizarte, aunque estoy segura de que tu crisis va a pasarme factura.

Me incorporo en la camilla y la observo mientras recoge todo el material usado.

Una leve punzada de culpa me sacude el pecho.

Odio que, para que yo pueda seguir siendo una persona funcional, mi hermana deba cargar con todas mis mierdas.

Sé que para ella es distinto, lo siente de manera diferente, pero, aun así, me gustaría no tener que hacerlo.

—Gracias —le digo cuando vuelve a mirarme.

Arruga la nariz y estrecha la mirada sobre mí.

—¿Ahora vas a ponerte sentimental? Dime que no me he pasado con la dosis.

Río y niego con la cabeza.

—Lo digo en serio. No sé qué haría sin ti.

—Pues lidiar con tus mierdas de una manera más sana, eso seguro, pero no seré yo quien te juzgue. ¿Ahora puedes contarme qué ha pasado con el objetivo?

—Ya te lo he dicho. Mañana estará muerto —respondo mientras me pongo en pie. Espero a que me cubra el codo con un plástico protector y me coloco la chaqueta—. Ese hijo de puta no volverá a hacer daño a ninguna chica.

Nao se queda callada unos segundos y, tras chasquear la lengua, se gira de nuevo hacia mí.

—Sabes que ninguna de nosotras te culpa por lo que pasó con Alyss, ¿verdad? Ni siquiera Neva.

Otra vez esa punzada de culpa me atraviesa el pecho.

«Merezco que me culpéis. Yo lo hago», pienso, pero solo asiento con la cabeza.

Como ya esperaba, Nao no sigue insistiendo. Si nos llevamos tan bien es justo porque nos mantenemos alejadas la una de los asuntos de la otra. Ya tenemos suficiente con que Neva y Day gasten sus energías en intentar arreglarnos.

—¿Has conseguido sacarle algo más al poli buenorro? —inquiero para cambiar de tema.

Mi hermana hace una mueca y se gira para tirar a la papelera los restos del material y las agujas usadas.

—Aún no lo he visto. Se supone que llegará en… —Echa un vistazo al reloj y frunce el ceño—. Tres minutos exactamente, aunque no sé si aparecerá.

—Si Day está en lo cierto, vendrá. Ella piensa que el chico está loco por ti.

—Qué suerte la mía —masculla en tono sarcástico.

—Tampoco es tan malo. Admite que el poli tiene un polvazo. Yo me presentaría voluntaria a seducirlo. Tiene pinta de ser de los que te dan unos buenos meneos en la cama.

Por una milésima de segundo, casi me parece ver cómo mi hermana se sonroja.

Estoy a punto de burlarme de ella, pero decido no hacerlo. Me ha ayudado mucho hoy, y solo por eso lo dejaré pasar.

—Lo único que quiero de él es saber qué información maneja sobre la muerte de Terry. Tenemos que encontrar respuestas. Él no pudo lanzarse desde la puta azotea por su propia voluntad.

—Sí, no tiene ningún sentido. ¿Crees que podrás sacarle algo? Y no me refiero a lo que guarda en las pelotas —añado antes de que pueda responder. La mirada asesina que me lanza me hace sonreír—. Bueno, chica, si quieres, sácale eso también.

—Vale, has agotado mi paciencia. Lárgate —ordena, señalando la salida.

—¡Vamos, Nao! Solo estaba bromeando.

—Y yo te estoy echando. ¡Fuera!

Pongo los ojos en blanco, y sin dejar de sonreír, me dirijo a la puerta.

Estoy a punto de salir cuando esta se abre de golpe y el poli se atraviesa en mi camino.

Deslizo la mirada por sus hombros anchos, el pecho fornido, un abdomen que apuesto que sirve para rallar queso y, más arriba, un rostro tallado por los mismísimos dioses del Olimpo.

«Definitivamente, yo le sacaría lo que guarda en las pelotas».

—Tienes suerte de que le gustes a mi hermana —digo, esbozando media sonrisa.

Él frunce el ceño, confuso.

—¿Disculpa?

—Que eres un afortunado, poli. —Le doy una palmadita en el pecho—. Si te hubieses interesado por mí, ya te habría besado, y eso nunca trae nada bueno.

Antes de que pueda asimilar lo que acabo de decir, lo esquivo y salgo del estudio mucho mejor de lo que entré hace un rato.

Sabía que Nao me ayudaría a lidiar con mis problemas sin hacer preguntas.

Ahora solo espero que sea capaz de lidiar con los suyos, porque ese poli tiene algo que la pone nerviosa y no es nada fácil que eso le ocurra a mi hermana.