Hoy (Arpías 2) Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

Les dedica a sus hermanas una mirada. Es imposible que en algún momento de sus vidas no se hayan planteado la posibilidad de que algo no cuadra.

Obedecen a Madre, tal como nos han enseñado, pero las dudas… Esas no se apagan por mucho que lo intentes.

Me pongo en pie y me sobresalto cuando Row hace lo mismo, pero con una pistola en la mano, apuntando en mi dirección.

—Solo voy a coger el portátil de la bolsa. —Levanto las manos.

—Por si acaso, Lameculos. —Sonríe de forma espeluznante.

«Maldita tarada…».

Corro la cremallera y saco mi ordenador. En los viajes no suelo facturar, prefiero ir ligero de equipaje y comprarme lo que necesite para después, si es necesario, desecharlo.

Aquí llevo encriptada toda la documentación que he ido recabando durante todos estos años.

Es mi bien más preciado. Mi seguro de vida. Aunque de poco le sirvió a Terry, ya que al final consiguieron matarlo.

Inserto varios códigos y contraseñas hasta acceder a la carpeta clasificada.

—Vaya, Jesse… Tienes más cosas en común con Evan de las que imaginaba —comenta Neva ante mi destreza informática.

—La diferencia es que al pobre incauto le tienes frito el cerebro.

Le guiño un ojo y me parece ver cómo un pequeño rastro de culpa empaña su mirada.

—Por lo menos dejo que recuerde lo bien que lo pasamos juntos, que es lo importante —murmura en voz baja.

Neva debe agradecer que nadie sepa realmente de lo que es capaz. Si algún día Evan descubre su habilidad… Bueno, supongo que para nadie es plato de buen gusto que la persona con la que tienes una relación amorosa te borre los recuerdos como si eliminase archivos de la papelera del ordenador.

—Me hubiese gustado tener más pruebas antes de mostrároslo, pero dadas las circunstancias…

Giro el ordenador y dejo que se empapen de todo lo que he encontrado, que no es poco.

Lo examinan con paciencia, leyendo cada palabra, concentradas. Conforme avanzan, sus rostros adquieren expresiones de rabia.

Las dejo asimilarlo y que lo revisen tanto cuanto quieran.

He tardado años en recabar toda esta información. Archivos antiguos sobre el proyecto del que somos fruto, transacciones de grandes sumas de dinero justo antes de que nos ordenaran matar a un político o a algún pez gordo…

—¿Esto es real? —pregunta Neva, cabeceando—. ¿Hemos estado asesinando a gente inocente?

—No. La mayoría son unos malnacidos, pero, de vez en cuando, Madre nos encarga alguna muerte que no entra dentro de esos parámetros. Le pagan para que asesinemos a gente importante.

—Hija de… —sisea Row, y aprieta la mandíbula con fuerza.

—Esto es lo que Terry grabó esa noche.

Le doy a reproducir. El vídeo apenas dura cuarenta y siete segundos y observo cómo se quedan sin aliento al ver a Tobías, Newman y Monroe alrededor de las incubadoras de los bebés.

Después empiezan las alarmas. La imagen se mueve mucho. Apenas se ve nada, pero se escucha la respiración acelerada de Terry. Después detonaciones, gritos y se alcanza a ver cómo Tobías es alcanzado por una bala en la cabeza y cae desplomado antes de que el vídeo se corte.

—La voy a matar —decide Row.

No hace falta que la mencione para saber que se refiere a Madre.

—¿Cómo has sido capaz de estar todos estos años poniéndole buena cara, Jesse?

¿Eso que aprecio en el tono de Nao es compasión? Porque se le parece.

«Pero es imposible», me digo. Ella nunca se ha permitido mostrar sus emociones.

Neva se acerca a mí y me sorprendo cuando me envuelve entre sus brazos en un reconfortante abrazo.

—Deberías mostrarle todas estas pruebas a Day —me susurra al oído—. Yo siempre aposté por vosotros.

Dejo un beso en su cabeza en señal de agradecimiento. Ni se imagina lo que significan sus palabras para mí.

—¿Qué pasa con los encargos a partir de ahora? —pregunta Nao, rompiendo el momento.

Me separo de Neva y me paso una mano por la nuca.

—Eso, más que nunca, debe seguir igual que hasta ahora —les pido—. Estamos cerca. No podemos levantar sospechas.

Row suelta una risa.

—No pienso seguir siendo una jodida sicaria para esa mujer.

La entiendo más de lo que piensa. Esa ha sido mi vida estos últimos ocho años.

—Créeme cuando te digo que comprendo lo que sientes —respondo cansado—. Pero la mayoría de esos objetivos siguen siendo escoria. Pederastas, traficantes, asesinos… Nada de eso cambia.

Row me observa, desconfiada, y al final asiente a regañadientes.

—Más te vale no estar mintiendo, Jones.

—Ya no tengo energía para seguir ocultando nada. No después de la muerte de Terry.

Neva me frota la espalda.

—Vamos, Casanova —dice, dándome una palmada en el culo—. Ve a buscar a la chica. Que al menos salga algo bueno de todo este desastre.

Pongo los ojos en blanco.

—Day, ahora mismo, probablemente quiera clavarme una de sus jeringuillas.

—Sí, aunque eso no significa que no quiera besarte después —añade Row, divertida.

—O estrangularte mientras te besa —puntualiza Nao.

Cabeceo divertido.

Qué sádicas son. Y, por extraño que parezca, las adoro. Son mi única familia.

Me dirijo hacia el montacargas pensando que, tratándose de Dayane, cualquiera de las opciones que han planteado las chicas es posible.

Viniendo de ella, soportaré la que elija.