Hotel Noir 35. [Rec]3 #2
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35. [Rec]3 #2

—Dicen que ese día estuvo en un bar bebiendo, cerca de la estación del SkyTrain de Main Street —dijo Julia con voz temblorosa.

Seguía doliendo tantos años después. Foster se imaginaba que era como un puñal clavado en el pecho; te hacías las camisas y chaquetas a medida para que la empuñadura encajara con la ropa de cada día, pero la hoja seguía bien clavada—.

Lo encontraron muerto al día siguiente en la furgoneta en la que repartía comida a los indigentes de la zona.

—¿Dicen? —preguntó Foster.

—¿Qué? —Julia lo miró con el ceño fruncido, sin entender su pregunta.

—Que has dicho que «dicen que ese día estuvo bebiendo»; me parece una elección de palabras curiosa.

Julia se quedó mirándolo durante unos segundos, pero la intensidad en su mirada fue tal que parecieron horas. Un trueno sonó a lo lejos. Otra vez no; no más tormenta, no más presagios grises.

—Es que si no me lo hubieran dicho, no me lo hubiera creído —dijo ella al fin—.

Una recaída así, de la nada, bebiendo en un bar aleatorio, un día aleatorio…

, ¡inyectándose heroína! —Julia sonaba cada vez más enfadada; era un rasgo curioso que Foster venía observando: se enfadaba consigo misma sin necesidad de intervención de terceros.

Sus cabreos escalaban y escalaban…—. West no consumía heroína.

Lo hizo en contadas ocasiones en los años posteriores a la muerte…

, o a la desaparición, qué coño sabemos ya…

, de Barrett. La usaba como apagón momentáneo, pero un día esa desconexión le dio un susto y lo dejó. Sin más. Sus venenos eran otros.

—Y también los había dejado —dijo Jax desde el escenario, sentado en un taburete, con el bajo en posición pero sin tocarlo. ¿Le relajaría? Sin duda lo hacía, era su escudo ante esa conversación.

—No quiero sonar repetitivo ni insensible, una vez más, pero ¿de verdad no hablasteis de esto? ¿Qué dijo la policía?

—¿La policía? —preguntó North extrañado—.

La policía no habló con nosotros. Llamaron a mi madre del hospital.

Fue un momento frío y espantoso, y me emborraché hasta vomitar.

Eli solo tenía nueve años cuando se encontró a su padre tirado en el baño después de que le dijeran que su tío se había muerto.

Dios, ningún niño tendría que ver algo así, que experimentar ese horror…

North se tapó la cara con las manos y Jax tardó un parpadeo en estar a su lado. Julia los observaba, aunque parecía ver a través de ellos, con la mirada perdida, en otro tiempo y lugar.

—¿En qué estás pensando, Foster? —le preguntó ella cuando pareció volver en sí—. Te contratamos para rodar nuestro acto de sinceridad, no para… investigar o lo que sea que estás haciendo o pretendes hacer. ¿Crees que West no se suicidó?

—Tú tampoco lo crees, Juliet, ninguno de nosotros lo ha creído nunca —intervino Jax antes de que Foster pudiera contestar—. Fue una sobredosis accidental, fue…

Foster no quería decir lo que pensaba, no quería hundir más barcos con proyectiles cargados con ideas locas y equivocadas. No quería dar voz a sus miedos porque aumentarían el terror de los miembros restantes de Queer Project, del resto de los Colton, de Kye.

Dios, Kye… ¿Cómo iba a enseñarle esta grabación triste y desastrosa?

—Yo… no sé nada. Y tampoco sabía que me iba a encontrar con todo esto.

Pero pienso y… No sé… ¿Si las muertes de West, Jon y Maryon hubieran ocurrido ahora?

Quiero decir, con lo que sabéis ahora; con el anónimo, el ataque a Kye, el intento de secuestro de Dean…

¿No tendríais dudas? Vosotros habéis tenido años para asimilarlo, años entre medias para no vincular unos hechos con otros, pero a mí me lo estáis soltando todo de golpe y… pienso cosas.

—Mírate —dijo Julia poniéndose en pie y rodeando la butaca de piel en la que había estado sentada. Se agarró con ambas manos al respaldo y añadió—: Suenas como Weary. Al final todo eran teorías conspiranoicas, muertos vivientes viniendo a por nosotros…

—¿Por qué? ¿Qué decía Ray Weary? ¿Por eso lo echasteis?

—Lo echamos porque trajo a las cámaras al funeral de West, porque vendió nuestro dolor, porque empezó a acosarnos con dar conciertos de luto, grabar discos de luto…

Quería vender una imagen que no queríamos dar porque no teníamos ganas de nada —explicó North—.

Lo de las acusaciones y las paranoias vino tras la muerte de Jon y Mar.

No le dimos crédito entonces, no queríamos verle; pero nos llamaba, nos mandaba correos y…

—Eh, Vikingo, ahora no te vas a fustigar por las locuras de un adicto a la coca y al éxito —le dijo Jax—. Quería vender amarillismo, quería seguir ganando pasta con su gallina de los huevos de oro, eso éramos para él…

—Pero… —Cuando Julia habló, cuando usó ese «pero» para contraponer lo que estaba diciendo Jax, el silencio en el Nexus se solidificó.

Todos la miraron—. Lo que dice Foster podría tener sentido.

Con lo que sabemos ahora… ¿sus locuras no parecen…

menos locuras? ¿No cobran sentido? Si Ted Barrett sobrevivió…

—No. No, no, no, no… —North se levantó y empezó a dar vueltas alrededor de del sillón y las butacas que conformaban el plató improvisado.

«Se sale de cámara», pensó Foster. Acto seguido, se sintió sucio y miserable por pensarlo. Quizá esa era su forma de lidiar con el miedo. Unos hacían música, otros escribían monstruos y él… era un gilipollas superficial que buscaba buenos planos.

—Yo tampoco quiero pensarlo, North, pero no podemos cerrarnos a nada.

—Sí, podemos, porque si eso es así, si llevamos ocho años negando una evidencia, somos nosotros quienes hemos traído el peligro a Kye, a Eli…

—¿Podría hablar de ello con Ray Weary? ¿Me daríais permiso?

El silencio tronó una vez más y su ruido se apoderó del bar, desde el suelo hasta el techo.

—Ray murió.

—¿Cuándo? ¿Cómo? —Las preguntas se sucedían en la cabeza de Foster, un pensamiento en particular. Pum, pum, pum. Golpeando, queriendo salir.

—Hace unos seis años. Unos meses después del…

accidente de Jon y Maryon —dijo Julia, y ese titubeo en «accidente», como tantas veces le había ocurrido a Kye al principio cuando hablaba del suyo, hizo que a Foster se le helara la sangre—.

Fue en una pelea de bar o algo así. Nos enteramos tiempo después.

—Tres muertes en el transcurso de… ¿cuánto, menos de dos años?

¿De verdad no os parece… raro? —Foster se contuvo de decir «sospechoso»; también se abstuvo de gritarles: «¿En serio nunca habéis pensado que algo no cuadra?

¡¿En serio me habéis llamado a mí para que indague en un pasado que parece desenterrarse solo? !».

—Fueron accidentes, Foster —dijo North tratando de sonar calmado pero lográndolo a duras penas—.

¿No has oído hablar de «el día que murió la música»?

El 3 de febrero de 1959 murieron Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper en un accidente.

Los Allman Brothers, accidentes de moto ambos, bajista y guitarrista, con un año de diferencia entre uno y otro.

Y casi en el mismo lugar. ¿No es raro eso?

Pero fue. Pasó, existió. O Lynyrd Skynyrd…

—Ey, ya, cariño. —Jax le agarró las manos a su novio, que gesticulaba frenético, tratando de dar sentido a muertes sin sentido, a destinos fatídicos, a tragedias a las que llegaban tarde.—. Lo hemos entendido —dijo, calmándolo y dándole suaves besos en los nudillos.

Sí. Lo que decía North era cierto. No eran el primer grupo de música marcado por la desgracia. Pero ese «pum, pum, pum» que le repiqueteaba en la cabeza le estaba abriendo un boquete del tamaño de un puño. E iba a terminar saliendo.