Hotel Noir 33. [Rec]2
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33. [Rec]2

KYE

—Jimmy, nuestro otro roadie , nos amenazó un par de veces con sacar a la luz fotos comprometidas —estaba diciendo Jax.

—Comprometidas… ¿en cuanto a qué? —La voz de Foster flotó por el Nexus hasta llegar a donde Kye estaba escondido al otro lado de la puerta.

Escondido era una exageración; era su hotel, no tenía que ocultarse de nadie. Pero, a pesar de no estar preparado para entrar en el bar y enfrentar a su familia de mentirosos, no había podido evitar salir detrás de Foster sin que este lo viera.

—Sexo, drogas… Fueron años locos, estábamos… experimentando, borrachos de éxito…

—Ya, de éxito.

—Foster, estás un poco pasivo-agresivo, ¿no? —intervino su santa madre.

—Yo… Lo siento. Os admiro muchísimo; que me estéis dando esta oportunidad, no solo de grabar el documental, sino de hacerlo con tal honestidad… Os lo agradezco muchísimo, profesional y personalmente; es la hostia, de verdad. Pero… la forma en la que habéis manejado todo esto… Kye…

«Oh, Foster».

—Kye es mi hijo, deja que yo lidie con eso.

«Joder, mamá».

—Bueno, haya paz, no es momento de seguir enfrentándonos entre nosotros. Nunca lo hemos hecho, no así. Tenemos que estar más unidos que nunca.

—Lo dice el exmarido que se ha ido a vivir con mi mejor amigo.

—Lo dice el exmarido que se ha ido a vivir con el que también es su mejor y lo ha sido siempre. Y más que eso.

Su madre cogió aire de forma evidente. Llegó a oídos de Kye, que, en cierto modo, estaba a años luz de ellos.

—Julia, lo siento. Muchísimo —añadió su padre—.

Y como me siento culpable por lo que te hemos hecho, bajo la cabeza ante tus ataques y ruego para que puedas perdonarnos.

Pero… ya son veintisiete años, veintisiete putos años enamorado de Jax, y, aun así, a pesar de haber estado separado del que creo que es el amor de mi vida durante casi tres décadas, no me arrepiento de un solo segundo pasado a tu lado.

Porque te he querido mucho. Te quiero mucho.

Y quiero que estés a mi lado para siempre.

Entiendo que no quieras estarlo, entiendo que me odies, pero, por favor, en algún momento, si logras perdonarme, vuelve a mí.

Porque no somos pareja, hace mucho que no lo somos, pero somos. Sin más, tú y yo somos.

—¡¿Crees que este es el mejor momento para hablar de esto?! ¿Cuando nuestros hijos no nos dirigen la palabra y no sabemos qué coño está pasando? ¿Ante las cámaras?

—¿Me estás diciendo en serio lo de las cámaras?

¡¿Tú, que eres quien se ha empeñado en hacer todo esto así?

! Hemos cedido porque nos sentimos mal, culpables, miserables; porque te queremos, porque te hemos hecho daño, pero seguimos pensando que revelar toda esta mierda en un documental no es la mejor idea.

—Lo sé, ¿crees que no lo sé?

Kye se asomó, no pudo contener más ese estar pero no estar; al hacerlo, vio cómo su madre se pasaba las manos por el pelo, apoyaba los codos en las rodillas y se tapaba los ojos con ambas manos.

—Siempre supe lo que había con Jax —continuó, tras un suspiro—.

Siempre supe que si no me hubiera quedado embarazada de Kye no te habrías decidido por mí.

No os dio tiempo a explorar lo vuestro, a veces era yo quien se sentía culpable por haberme metido en medio…

Mirad, esto ya está hablado y asumido; desde hace muchos años.

Y lo cierto es que no me parece mal hablarlo aquí —señaló una de las cámaras—, porque está bien que el público nos conozca.

Pero vamos a, no sé, a aparcar lo de poner las emociones al descubierto para otro día de grabación…

Ahora hay temas mucho más urgentes que tratar.

—Eso mismo pienso yo.

Todos se giraron hacia la puerta para ver a Kye, que se acercó a la barra, cogió un taburete y lo puso cerca del gran maestro de ceremonias.

Esa persona que había entrado en su vida como una especie de némesis y hacía escasos minutos se había enfrentado a su madre por él.

Era un misterio, una caja de sorpresas, un vuelco en la tripa.

Foster le sonrió y le hizo un pequeño gesto de asentimiento. ¿Aprobación? ¿Orgullo?

—No quiero ser una sombra en mi propia historia. Porque esta también es mi historia, y no pienso escucharla al otro lado de la pared —dijo Kye mirando a todos, uno por uno.

—¿Quieres salir en cámara? —le preguntó Foster con una ternura que no usaba para el resto del grupo.

—No.

Foster se levantó, cambió de ángulo una de las cámaras, se acercó a Kye y, sin advertirle, levantó el taburete con él encima y lo movió un poco hacia la derecha.

Se quedaron mirándose, muy cerca. Foster con una sonrisa tímida que Kye no le devolvió; pero sí le agradeció el gesto llevando una mano a la suya y apretando.

En esos momentos, Foster era su persona favorita en aquel bar, lo que resumía a la perfección la extraña situación en la que se encontraba.

—Kye, queremos que sepas… —trató de decir su padre mientras Foster volvía a su sitio.

—Papá, estoy aquí, es un paso enorme; dejémoslo así por ahora, ¿de acuerdo?

Jax y su padre asintieron con la cabeza. Su madre lo miraba con frustración. Habría mil cosas que quería decir, pero, por una vez, parecía que se iba a callar.

—Estamos aquí —dijo al fin, porque callarse no estaba en su naturaleza—. Te daremos tiempo para que nos perdones, pero estamos en esto juntos, ¿vale? Y te daremos las explicaciones que pidas. No lo hicimos a tiempo, pero queremos creer que no es demasiado tarde.

Tras unos segundos en los que solo se miraron, Kye asintió, y Foster continuó con lo que mejor se le daba.

—Vamos a seguir, no os preocupéis por los cortes, yo me encargo. Jax, sigue contando lo del roadie … Jimmy se llamaba, ¿verdad?

—Sí —contestó Jax, y continuó con su historia—.

Jimmy siguió siendo nuestro roadie cuando Ted…

desapareció. No era mala persona, no de forma evidente.

Y era el mejor afinando mi bajo de cinco cuerdas, pero en los últimos tiempos estaba desfasado, siempre borracho o hasta el culo de coca, así que tuvimos que echarlo.

—Jax suspiró—. No sé si me gusta hablar así de él si de verdad esto llega a ver la luz.

—Podemos editar lo que queráis, puedes no dar nombres.

Habla ahora de lo que te quieras sacar y vemos qué hacemos con el metraje que tengamos al final.

Yo vine a grabar un documental sobre vosotros; vale que ahora se ha convertido en otra cosa y me…

, nos urge resolver qué ocurrió, pero esto sigue siendo por y para Queer Project y su fándom.

Cuando Foster hablaba, se apropiaba del lugar. Era imposible no prestarle atención. Era la voz, el tono, la seguridad con la que decía las cosas… Era su mera presencia; te invitaba a mirar, a escuchar. A claudicar.

—El caso es que Jimmy tocó fondo. Nos intentó hacer chantaje.

Amenazó con enseñar fotos de fiestas, con revelar cosas privadas…

La primera vez, Ray Weary, nuestro representante, le pagó.

A los demás nos pareció innecesario; había firmado un acuerdo de confidencialidad, si decía algo, lo demandaríamos.

Pero el puto Ray, siempre en posesión de la verdad, su verdad, claro, nos dijo que daba igual demandar a posteriori , que si las imágenes salían a la luz nos hundirían…

Ahora lo pensamos y no había nada tan comprometedor; de hecho, hemos recopilado algunas de esas fotos para dártelas, por si quieres mostrarlas o… lo que sea.

—Es nuestra forma de ser transparentes; o algo así —intervino su padre, poniéndole una mano en la rodilla a Jax.

Era impresionante cómo el amor que había existido siempre entre ellos, como una especie de ente etéreo que flotaba en el aire donde quiera que estuvieran, se había hecho tangible y parecía tan natural, tan eterno…

—Y nuestra forma de evitar posibles chantajes futuros —añadió su madre con el pragmatismo que la caracterizaba.

Foster asintió.

—¿Y no supisteis más de él? —les preguntó, apuntando algo en su libreta.

—Sí. Por desgracia —dijo Jax—. Meses después de que muriera West. Estábamos devastados y no teníamos tiempo para gilipolleces. Habíamos echado a Ray unos días antes, así que mandamos a Jimmy a la mierda. Ahí ya no supimos más de él.

—O sí —intervino Foster—. Pudo ser él quien enviara el anónimo. Por eso lo estáis contando ahora, ¿no? Porque sospecháis de él.

—Han pasado demasiados años, no puede ser; no tendría sentido —dijo Kye sin ni siquiera pensar en las cámaras. Su aportación no era más que mera negación, pero no se podía creer que un tío del que ni se acordaba quisiera hacerle daño. ¿Por qué? No tenía sentido.

Foster se giró y lo miró. Querría comprobar si estaba bien y, hasta ese momento, lo había estado; nervioso pero en control (todo el control que un tío con EPT que no se medicaba podía tener).

Aunque había que reconocer (a sí mismo, al menos, no estaba preparado para hablarlo con nadie más) que las pesadillas se habían aquietado con la presencia de Foster.

Muchísimo. De forma paranormal incluso. Y desde luego que no sería él quien le recordara que Dean ya no estaba en la 708 y que, por lo tanto, la habitación estaba libre de nuevo.

Foster King era una especie de Freddy Krueger, pero a la inversa.

El depredador onírico por antonomasia (fuera del lore de Kye, que depredadores oníricos tenía unos cuantos) se había transformado y convertido en una presencia sanadora que, de algún modo, lo acompañaba en su sueño y lo relajaba.

Y era aterrador.

Y una idea estupenda para un libro. Estaba por pedirle la libreta a Foster para anotarla cuando reparó en que todos lo estaban mirando.

Y él, que no aguantaba tal escrutinio, empezó a mover la pierna sin parar en uno de esos gestos inevitables que anunciaban que tenía la ansiedad por la nubes.

¿Controlarla? A duras penas. ¿Identificarla? Como si fuera su hermana gemela.

—¿Qué? —preguntó, a la defensiva, pero sin dirigirse a nadie.

—Que si estás bien.

Fue Foster quién se lo dijo y por eso fue a Foster a quien contestó mal; porque era hijo de su madre y beligerante hasta el infinito.

—Perfecto.

Foster echó un vistazo a su pierna, se quedó con ganas de alzar una ceja (Kye lo sabía, lo sabía como si lo conociera desde hacía una década) y desechó la idea de decir nada más al respecto. Chico listo.

—¿De verdad lo vamos a descartar como sospechoso?

—Sí —confirmó Jax—. Seguro. Yo… Bueno, Juliet y yo…

—¿Qué te está costando tanto, Jax? —preguntó Kye como si no tuviera una preocupación en el mundo. A lo mejor le quitaba a Foster el óscar a mejor actor.

—Vikinguito… —Jax debió de ver la mirada que Kye le dedicaba porque, tras un suspiro, continuó—: Una semana antes de tu accidente, días después de recibir el anónimo, de hecho, hablé con él.

—O sea que sí supisteis de él; y sospechasteis que podía estar detrás del anónimo. —El tono de Foster era curioso, porque aquellos roqueros ante él eran sus ídolos y, aun así, parecía que lo exasperaban. Kye sonreiría si no tuviera el miedo tan metido en el cuerpo.

—No. O sea, sí supimos de él… —Jax suspiró, miró a Kye y alzó las manos—.

Esto no lo considero ni mentira ni traición, pero hemos dicho que a partir de ahora solo verdades y eso vamos a hacer.

—No apartó la vista hasta que Kye no le regaló el asentimiento que tanto parecía pedir.

Sus padres callados, claro, y el tío Jax dando la puta cara—.

Unos días después de lo del anónimo, Julia y yo fuimos a verte a Richmond, ¿te acuerdas?

Al taller de Ozymandias. Allí conocimos a un chico que…

Bueno, voy a resumir, no valgo para esto, borrad mis intervenciones, por lo que más queráis.

—Su padre le sonrió como si fuera la última gota de agua en el desierto y le acarició la mejilla, lo que pareció darle la fuerza necesaria para seguir—.

El chico nos dijo que era hijo de Jimmy, que no había sabido que Kye era quien era hasta hacía poco, que creyó que nunca nos vería…

Sabía lo que había hecho su padre; por lo visto, Jimmy llevaba cuatro años sobrio, y, en una de las terapias, sincerarse había sido vital, catártico y mil mierdas más de las que me alegro pero no proceden. El caso es…

—El caso es —lo cortó su madre porque era lo puto peor y se notaba que llevaba un rato perdiendo los nervios— que el chico se sentía fatal por lo que había hecho su padre, nos aseguró que no había vuelto a las andadas, que cero malas intenciones y que él estaba trabajando allí porque Ozymandias era su ídolo; que cuando logró trabajar para él no tenía ni idea de la existencia Kye ni de quién era hijo —hablaba deprisa, era evidente que se quería quitar la información de encima y Jax había estado dando demasiados detalles que ella no debía de considerar importantes—.

Eso nos llevó a hacerle una visita a Jimmy.

Tiene una tienda de arreglo de guitarras en East Hastings.

Y efectivamente, lo descartamos. No parecía tener nada en nuestra contra y, de hecho, parecía muy avergonzado.

—¿Y quién era ese trabajador? —preguntó Kye entre sorprendido y angustiado porque a veces creía tener un sexto sentido para presentir la mierda.

—David.

—¿Perdona? —dijeron él y Foster a la vez mientras un rayo iluminaba el exterior y un trueno hacía vibrar las ventanas del Nexus.

De puta madre.