25. Sé lo que hicisteis el último verano #2
Las caras de pena de los tres miembros de Queer Project al escuchar sus palabras no sorprendieron a Foster; eran de esperar.
Lo que habían contado, la forma en la que lo estaban manejando, el trasfondo que habían dejado ver de una vida que lejos estaba de ser idílica, era un mazazo difícil de asimilar así, sobre la marcha.
Lo que sí le sorprendió fue la desolación absoluta en la expresión de Jax.
Quizá —y eso lo suponía él porque era muy de suponer y de desolación creía saber algo— porque a Jax lo que lo unía a sus vikingos era un amor incondicional dado por la cercanía y los años, y cuando ese tipo de amor se ponía a prueba, cuando se mermaba la confianza que llevaba años fraguándose, asustaba pensar en los posibles desenlaces.
Él no estaba atado a Eli y Kye por ese hilo de sangre —fino pero potente— con el que sí contaban Julia y North.
A él podían romperle el lazo a golpe de tijera, y el miedo a que eso pasara podía ser el motivo de su devastación.
Foster siempre había vivido con ese miedo al tijeretazo aun con una unión biológica, así que creía entender a Jax.
—Yo tampoco —añadió Eli rato después, sacando a Foster de su divagación y acentuando la pena en los rostros de los otros—.
Porque, además, en medio de esta piscina de mierda a la que nos acabáis de tirar, hay otra cosa flotando, una que me está poniendo todavía más mala, si eso es posible; y es que no puedo quitarme de la cabeza el hecho de que, por vuestra culpa, Dean haya tenido que pasar por todo lo que ha pasado. Cómo habéis permitido que su hermano…
—¿Quién es Dean? —preguntó entonces North, desconcertado.
«Ay, Dios».
Vuelta a los rayos y truenos. La tormenta que se había espesado sobre sus cabezas, oscura pero silenciosa, había vuelto a encenderse y todo era electricidad y ruido. Mucho ruido.
Jax y North se miraron, luego miraron a Julia, que suspiró, pasándose las manos por los vaqueros una y otra vez, como si tratara de quitarse unas manchas que solo ella veía.
—¿Juliet? —inquirió Jax.
Era curioso, en la última hora, Foster había descubierto que Jax casi siempre la llamaba así: Juliet. Lo decía con cariño, le salía natural y resultaba bonito incluso en mitad del caos reinante y a pesar de las connotaciones trágicas que tal nombre siempre tendía a evocar.
—Dean es el chico que vino a El Refugio a hablar conmigo el viernes. El que desapareció.
—¿Y lo han encontrado? ¿Por qué sabe Eli quién es?
—Mamá, ¿en serio aún no se lo has contado?
—Iba a hacerlo ahora; necesitaba tiempo.
¿No lo entendéis? —Por primera vez, Julia sonaba desesperada, su voz llena de impotencia—.
Tenía que hablar con Kim, ver a qué me enfrentaba, pensar en…
cómo solucionarlo. Lo estoy haciendo todo mal y no sé qué consecuencias puede tener esto para mí, para todos nosotros.
Solo quería unas horas para tratar de arreglar algo.
Por eso os pedí que me dierais tiempo; os dije que yo hablaría con ellos —dijo señalando a Jax y North con la mano en un gesto exasperado—.
Y eso iba a hacer. Solo que creí que lo haría en un ambiente más propicio, sin toda esta tensión.
—No entiendo —intervino North, girándose para mirar a su exmujer—. ¿El chico ha aparecido? ¿Dónde está? ¿Qué ha pasado?
—Lo tengo yo. Me lo llevé ayer del hospital. Está aquí, en el Noir.
—¡¿Qué me estás contando?! ¿Tú estás loca?
—¿Por qué estaba en el hospital? ¿Qué coño ha pasado? ¿Cómo has metido a los chicos? ¿Cómo no nos has dicho nada, cómo…?
—¡Basta ya! —gritó Julia poniéndose de pie—.
Iba a hacerlo ahora mismo, ¿vale? Llevo desde ayer con Kim, siguiendo una pista falsa que ni ella se cree porque no es imbécil y sabe que tengo algo que ver con la desaparición de Dean.
¿Creéis que no sé a lo que me he expuesto llevándomelo?
¿Creéis que alguien aceptaría que llevara un centro de menores si esto se supiera?
¿Creéis que no sé que podría enfrentarme a una pena de cárcel?
Me la estoy jugando, y eso sin contar que le estoy mintiendo a alguien que me importa o podría importarme o yo qué sé.
El caso es que estoy jugándome que no quiera entrar en mi vida. Kim es demasiado íntegra para mí.
Quizá fuera por el hecho de que por primera vez estaban siendo conscientes de la implicación legal de lo que Julia había hecho —y ellos como cómplices, pero Foster prefería no pensar en eso—, quizá por las lágrimas que le caían por las mejillas sin parar, tan extrañas en unos ojos tan orgullosos, pero Kye se limitó a inhalar un par de veces y a decir con voz relativamente suave:
—Solo os voy a decir dos cosas. La primera es que no quiero veros.
Salid ahora de mi hotel y no volváis. —Cuando pareció que su padre iba a responder, Kye alzó una mano y lo detuvo—.
No, no sé cuándo estaré listo para volver a veros.
La segunda es que sé dónde puede esconderse Dean, ya lo he organizado.
Ultimaré los detalles esta misma noche y lo sacaremos de aquí.
En el Noir no se puede quedar. Y que conste que no lo hago por vosotros en absoluto, lo hago por él y lo hago por mí.
Ya soy lo bastante cómplice, no quiero que me hundáis más en el fango.
Eso último lo dijo mirando a Julia, que se secó las lágrimas con la manga de su camisa de cuadros blancos y negros y alzó la cabeza en un intento de recomponerse.
—Llevábamos tiempo queriendo decirte la verdad, sacarnos esto del pecho —dijo Jax cuando Kye empezó a caminar hacia la puerta del Nexus—. Siento que haya salido así, no era nuestra intención hacerte daño, todo lo contrario. Creíamos que te estábamos protegiendo.
—La verdad llega años tarde, tío Jax; y, según parece, vosotros también os habéis estado ocultando cosas.
—Miró a su padre, a su madre y de nuevo a Jax—.
Me la pela que necesitarais sacaros toda esta mierda del pecho, porque ese es vuestro puto problema, es vuestra conciencia la que queríais limpiar.
Al final, lo que habéis hecho es abriros en canal, de urgencia y sin el instrumental adecuado, y nos habéis sangrado encima toda la suciedad que llevabais dentro.
—¿Dónde vas a llevar a Dean? —se arriesgó a preguntar North, la inseguridad evidente en su voz.
—No, no nos lo digas —intervino Julia antes de que su hijo pudiera contestar; si es que iba a hacerlo—. Confío en ti. Si supiera dónde está tendría que mentir a Kim y no tengo intención de hacerlo. Ya no más.
—A buenas horas. —Kye la miró con pena y rabia, ambas contenidas a duras penas. Luego, para todos, añadió—: Quiero que os vayáis enseguida, no era broma. Y cerrad al salir. Las puertas del Noir quedan cerradas para vosotros hasta nuevo aviso. Las de mi casa también.
Entonces se metió las manos en los bolsillos y se fue.
El Nexus se quedó unos minutos en silencio. Foster pensó en apagar las cámaras y los micros, pero decidió dejarlos encendidos. Ya tendría tiempo de pensar en qué hacer y cómo. La presencia de las Dos Eses, por el momento, estaba descartada, desde luego.
Eli se acercó a su padre, que se había vuelto a sentar en el sofá, y, guardando la distancia, tomó asiento a su lado.
Jax fue hasta Julia, sentada en el brazo de otro de los sofás con los codos en las rodillas y la mirada fija en el suelo. Le dio un golpecito en el pie con la punta del suyo.
—¿Cómo has llegado hasta este punto, Juliet? ¿Por qué no has contado con nosotros?
—No lo sé, Jax, no lo sé. Han sido dos días de locura, no podía pensar con claridad, no quería tener que contaros lo que había hecho porque sabía que no estaríais de acuerdo, que os acojonaríais, que me encerraríais en el sótano de casa si hacía falta. Tenía miedo.
—¿Miedo de nuestra reacción? ¡Llevamos veintisiete años juntos en esto!
—North no parecía tener intención de bailar el son de paz que había intentado marcar su novio—.
Toda la información que nos diste fue que había desaparecido un chico.
Y luego nos dijiste que cuidáramos a Eli, que nos contarías más.
Esto fue el sábado, Julia, ¡el sábado! Hoy es lunes. Mira, no me lo puedo creer.
Eli miró a su madre con detenimiento, luego a Jax.
—Por eso viniste con los canelones al hotel; no querías que volviera sola a casa.
Jax se lo confirmó con un leve asentimiento, avergonzado; ni siquiera esa buena acción le quitaba de encima el peso de la inadecuación de todo lo demás.
North estiró el brazo para darle una palmada en el muslo a su hija y, cuando ella lo miró con cierta frialdad —o no con el calor que siempre había brillado en sus ojos al mirar a su padre—. retiró la mano de inmediato.
Verlos llegar a algo parecido a un acuerdo podía ser bonito de presenciar; necesario, incluso; pero la cabeza de Foster era un torbellino de ideas y preguntas.
Su subconsciente había tomado el mando y abría y cerraba las metafóricas cajas de su mente buscando cada instrumento a su alcance, cada libreta, cada conocimiento o experiencia que alguna vez tuvo y escondió.
—¿Por qué Kye? —no pudo evitar preguntar mientras hacía girar su silla y se quedaba mirando el letrero luminoso del Nexus. Luego se dio la vuelta, de nuevo de cara a «su público», y repitió la pregunta—: ¿Por qué él?
—¿Cómo que por qué él? —le preguntó Julia a su vez.
—Si de verdad el anónimo tiene que ver con lo que ocurrió en el verano del noventa y cinco, ¿por qué atacar a Kye?
Se hizo el silencio durante unos instantes.
—No sé, pero tiene sentido, ¿no? —contestó Jax—. Es el hijo de Julia, su obsesión.
—Podría ser, pero ¿por qué ahora? ¿Y por qué no atacaros a ti o a North? O a la propia Julia. ¿Por qué tantísimos años después?
Cuando nadie contestó, Eli se puso de pie y dijo:
—Hay miles de cosas de las que hablar, miles de cabos que atar, pero no va a ser ahora.
Yo no me he quedado aquí porque os haya perdonado.
Puede que esto no me afecte a mí de forma tan directa como a mi hermano, pero yo estoy con Kye a muerte, y lo que habéis hecho…
Así que yo también me voy, pero antes quiero asegurarme de que los tres salís de aquí.
Julia fue a decir algo, pero Jax se inclinó sobre ella, le agarró la barbilla con suavidad y negó con la cabeza. Los tres se levantaron.
Foster se quedó apagando las cámaras y los micros, y siguió con la mirada la retirada de los miembros de Queer Project y de Eli, que caminaba en silencio tras ellos.
—Voy a cerrar por dentro —dijo la pequeña de los Colton.
—¿Perdona? —preguntó Julia con tono grave.
—Voy a subir con Dean. Voy a pasar la noche aquí. Dile a la abuela que me he quedado con alguna compañera estudiando. Luego le mando yo un mensaje.
—¿Qué? No, ni hablar. Hoy ni siquiera has ido al instituto y…
—¿En serio, mamá? ¿Te parece mal que después de ayudarte a secuestrar a un menor, recién salido de otro secuestro, por cierto, que parece coña, no haya ido a clase de empalmada y sin dormir?
¿A hacer una redacción sobre la importancia de la familia y su trascendencia en la elección de un futuro profesional?
He estado con ese chico desde que nos lo llevamos del hospital y me parece a mí que mucho tiene que cambiar la cosa para que no siga con él hasta que se vaya a dónde sea que se va a ir.
—No…
North agarró a Julia por la cintura, desde atrás, como si temiera que fuera a lanzarse sobre su hija y echársela al hombro.
—¿Este chico es de fiar? —le preguntó Jax a Eli ignorando a sus dos amigos a su izquierda.
—Ahora mismo, más que vosotros.
—Jax, tú no puedes decidir si…
—Sí puede; puede casi tanto como tú y yo, que tampoco es que estemos haciendo esto de puta madre. ¿Tú confías en él?
—Sí —contestó Julia con firmeza.
North no necesitó nada más, ninguna otra pregunta; al menos no delante de ellos, lo que hablaran en el coche, en casa o en ese jardín que los separaba aún estaba por ver.
—Te puedes quedar esta noche —le confirmó a su hija—.
Cierra por dentro, Dani puede entrar con su llave y supongo que Kye la llamará, siempre le cuenta todo.
Prométeme que recurrirás a ella para lo que sea; o a tu hermano o —miró a Foster un instante antes de añadir— a King.
Sé que ahora no soy tu persona favorita, pero escríbeme antes de dormirte y escríbeme cuando te levantes.
Eli asintió con la cabeza, nada más. Jax abrió la puerta y dejó pasar a North y a una cabreadísima Julia antes de salir él y cerrar la puerta tras ellos .