Hotel Noir 24. El incidente #2
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24. El incidente #2

Foster se giró para mirarlo. Seguía sentado en el borde del taburete, todo su cuerpo en tensión, los ojos fijos en su madre.

Eli era una réplica casi exacta a su lado.

Ambos hervían en frustración, saltaba a la vista, y eso no hizo sino cargar más la tormenta que se acercaba a pasos agigantados; hasta se olía la lluvia en el ambiente.

—No, no fue a la cárcel. —Fue Jax quien contestó, dejando respirar un poco a Julia, cuya expresión mostraba una vulnerabilidad que Foster no había visto jamás en ella.

Parecía dolida; no, dolida no, avergonzada.

Qué ridiculez, la víctima era ella.—. Ray, Ray Weary, nuestro agente y road manager, le siguió la pista de cerca.

En teoría lo tenía vigilado y amenazado.

Nunca se iba a volver a acercar a nosotros.

North bufó, Julia lo miró; Jax le puso una mano en el hombro a su novio.

—¿Qué fue de él? —preguntó Foster.

Aunque iba a editarlo todo, la electricidad que flotaba en el ambiente e iba golpeando de una pared a otra de forma incesante necesitaba un hilo conductor y, al fin y al cabo, para eso era para lo que él estaba ahí.

—Volvió aquí —respondió North—. Bueno, no a Black Pines exactamente, a algún otro pueblo del valle del Fraser. Tuvo un hijo, Ray nos dijo que se había reformado, que había formado una familia, que no había nada que temer.

Esa vez fue el turno de Julia de bufar.

—No sé cómo lo creímos entonces ni cómo estuvimos años creyéndonos sus mierdas.

Tuvo un hijo con Maeve McNulty; a ella la echaron de casa por puta e impía y terminaron con un bebé en unas casas de mala muerte a las afueras de Chilliwack.

Él cayó más en las drogas y terminó abandonándolos; se rodeó de camellos y delincuentes, y todo fue en picado desde ahí.

—¿Maeve McNulty? —preguntó Kye con voz afectada—. ¿La madre de Liam y Maeve?

—No, su tía. No la llegasteis a conocer. Era la pequeña, solo tenía quince años cuando el cabronazo ese la preñó y le arruinó la vida. Murió poco después. Una desgracia.

—No sabía que era una chica del pueblo. Ni que había muerto —dijo North extrañado.

Por la cara de Jax, él tampoco lo había sabido.

—Me enteré tiempo después —dijo Julia, que, si su intención era mostrarse arrepentida por no haber compartido esa información, no lo logró; en absoluto.

Parecía a la defensiva, como casi siempre—.

Los McNulty taparon todo bastante bien, pero Ray siempre había sabido quién era, y, después del…

incidente, yo necesité saberlo todo y le obligué a contármelo.

West incluso los buscó; fue poco antes de morir, se obsesionó tanto…

—Nos estamos desviando —dijo Eli—. No es que no me interese saber que fue de la tía del novio y la novia de Kye, pero ¿podemos volver a lo de «en el verano del noventa y cinco matamos a un hombre», por favor?

Tengo la ansiedad por las nubes y prefiero saber eso y seguir haciendo preguntas desde ahí.

¡¿El novio y la novia de Kye?!

«Céntrate, Foster. Que van a hablar de un posible asesinato. A-se-si-na-to . La vida amorosa del rubio puede esperar».

Jax, North y Julia compartieron una mirada y en una conversación silenciosa parecieron decidir que sería ella quien lo contara. Para ser honestos, parecía la más informada de los tres.

—Casi dos años después de que ocurriera aquello, en medio de nuestra segunda gira, volvimos a Black Pines a tomarnos un descanso y a visitar a Eden y al padre de Jax.

Habíamos tocado en Vancouver, Seattle, Portland y San Francisco y, antes de empezar la siguiente etapa de la gira en Toronto, teníamos unos días para nosotros.

Yo acababa de enterarme de que estaba embarazada de ti —dijo, mirando a Kye con una pequeña sonrisa—.

Fueron unos tiempos un poco locos. Estando aquí nos ofrecieron alojarnos en el Gran Hotel Scenic, en las cataratas Demon Falls, y aceptamos encantados.

En esos días, además, se celebraba el solsticio de verano y la zona era un hervidero de vida, había hasta un circo ambulante y…

La ambientación estaba siendo una delicia en lo que al documental respectaba, pero un vistazo rápido a las caras de Kye y Eli dejó claro que la narración evocadora de su madre les estaba arañando los nervios y dejándoselos en carne viva.

Julia también debió de verlo, porque, sin más dilación, fue al grano:

—Una noche, Jax y North se fueron a visitar al padre de Jax y yo me quedé con Jon y West. Estaba rendida y tenía náuseas, así que mientras ellos jugaban en el casino de la planta baja del hotel yo me acosté en la habitación que compartía con North.

Me desperté por el aporreo de la puerta y, creyendo que volvían borrachos, me levanté a abrir. No eran ellos.

Julia acababa de palidecer de forma evidente y fue ahí cuando Foster se dio cuenta de que estas divagaciones, tan impropias en alguien tan directa y asertiva como ella, no eran más que una forma de ganar tiempo, de no llegar a la parte de la historia a la que quizá no quería enfrentarse; no les estaba regalando bonitos detalles para poner a su público en situación, aunque la idea de las cámaras hubiera sido suya y aquel fuera, de alguna forma, su espectáculo.

Y que North extendiera la mano para infundirle fuerzas y ella se la cogiera confirmó sus sospechas: había llegado el momento que llevaban esperando y temiendo tantos años; ese era el motivo por el que Julia había accedido a hacer el documental.

—Ted Barrett estaba al otro lado. No tuve tiempo de reaccionar, irrumpió en la habitación, fuera de sí, sin parar de decir cosas como que había venido a buscarme, que nos íbamos a ir juntos, que formaríamos una familia…

Yo gritaba, le pegaba, traté de llamar a recepción.

Él arrancó el cable del teléfono de un tirón y, de un puñetazo, me lanzó a la cama.

Empezó a meter ropa en una maleta, sin parar de hablar sobre sus delirantes planes de futuro.

Intenté varias veces llegar a la puerta, que, con las prisas y el estado en el que estaba, no había cerrado.

Grité, lloré, aullé. Recuerdo cómo repté por el suelo, intentando alejarme de él; cómo me agarró por las piernas y empezó a tirar de mí, arrastrándome…

——Julia no lloraba, casi ni le temblaba la voz, pero su narración era frenética y eso le daba quizá más fuerza y más cercanía que cualquier otra cosa—.

No hacía más que pensar que acababa de descubrir que estaba embarazada y que ese tarado me iba a hacer perder el bebé.

Fue entonces cuando Jon y West aparecieron en la habitación y fueron a por él.

Jon le tiró una lámpara para quitármelo de encima y West lo apartó de mí.

Forcejearon y, cuando Ted intentó liberarse, se cayó por la ventana.

No sé… No sé si has visto alguna vez cómo era el Scenic —añadió, dirigiéndose a Foster—, lleva muchos años cerrado, ahora es un hotel fantasma, pero era una auténtica maravilla: alto, imponente sobre las cataratas de Demon Falls; sus habitaciones eran salientes esféricos en la fachada, como burbujas de acero y cristal flotantes.

Cayó desde allí hacia abajo, se precipitó al vacío sin que West, que tendió la mano en el último momento, pudiera retenerlo…

—Fue un accidente —dijo Eli en un susurro—. ¿Culparon al tío West de su muerte? ¿Cómo…? ¿Cómo no íbamos a saber algo así?

—No, nunca encontraron el cuerpo —contestó Jax con serenidad y aprensión, si es que ambas cosas podían coexistir en un tono de voz.

—¿Cómo que nunca encontraron el cuerpo? —preguntó Kye, levantándose del taburete—. ¿Llamasteis a la policía?

Eli también se puso de pie y ambos se acercaron a sus padres y a Jax, pero sin llegar a sentarse en los sillones. Si fue por no salir en cámara o porque en esos momentos esos tres no parecían poder dar consuelo a nadie, Foster no lo sabía.

—Nos llamaron a nosotros y a Ray. Y sí, también a la policía —contestó North con voz dura porque el tono de Kye no había estado exento de reproche.

—¿Me estáis diciendo que el tal Ted Barrett podría seguir vivo?

Ya no había rastro de ese reproche velado, ahora su voz era puro pánico, y Foster no pudo evitar ponerle una mano en la espalda. Kye no se apartó; puede que no lo sintiera; puede que se lo permitiera; puede que incluso lo necesitara.

La tensión en el aire era potente.

Trueno. Uno, dos… Relámpago.

—Es muy improbable. —Cuando Jax vio que sus palabras no habían sosegado a nadie, porque, para ser sinceros, era una mierda de explicación, continuó—: Se buscó muchísimo, durante semanas, meses.

En nuestro caso, fueron años, estábamos obsesionados, os lo aseguro.

West leía los sucesos de toda la prensa de la zona nada más levantarse.

Salía antes siquiera de tomarse un café y volvía con una pila de periódicos bajo el brazo que analizaba minuciosamente con un cigarro en la boca.

Tengo esa imagen grabada en las retinas y, a veces, cuando pienso en él, es su recuerdo de esos días el que me viene a la cabeza.

Sin afeitar, bebiendo antes incluso de que saliera el sol, el cenicero lleno de colillas, la obsesión en su mirada perdida.

Y duele de la hostia; recordar esos meses duele de la hostia.

El Nexus se sumió en un silencio tan oscuro que durante al menos un minuto cubrió por completo los rayos que crepitaban en el ambiente y trepaban luminosos hasta el techo.

Jax, algo más recompuesto, con North pegado a su costado, siguió hablando:

—Mil novecientos noventa y cinco fue un año gélido, como está siendo este, de ahí que el solsticio de verano se celebrara por todo lo alto.

Las bajas temperaturas habían retrasado el deshielo de la capa de nieve que se había acumulado durante la temporada de invierno y, cuando a principios de julio las temperaturas subieron a lo bestia y empezó a llover sin parar, los ríos y arroyos se desbordaron y los sistemas de diques, que estaban hechos una mierda, no lograron contener las aguas.