Hotel Noir 12. Rec
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12. Rec

REC

KYE

Habían decidido que la primera tanda de preguntas se haría en los sofás negros de piel que estaban delante del escenario.

Foster había pedido permiso para mover una butaca y una lámpara de pie y ponerlas de forma estratégica entre los sillones, de cara al escenario y al neón del Nexus.

Habían colocado a un lado un trípode con una cámara gigantesca y Sally (la chica pelirroja) llevaba otra al hombro y se movía con maestría alrededor.

También habían puesto un par de micrófonos de pie junto a los instrumentos y Sandy (la chica rubia) manejaba el que parecía un plumero gigante.

Antes de sentarse (Foster ya los había distribuido con una soltura y un saber hacer que habían impresionado a Kye) tocaron Mi oscuro pasajero , una canción que había compuesto Jax hacía apenas dos meses y que aún no había visto la luz.

Kye conocía el tema muy bien, pero Foster, al parecer, estaba extasiado con lo que acababa de escuchar.

—Pero ¿qué fantasía es esta? —les preguntó mientras los componentes de Queer Project se sentaban donde les habían dicho.

—¿Te gusta? —preguntó su padre con una sonrisa orgullosa—. Parte de la letra es de Kye. Capítulo tres de Mascarada . Poético y honesto hasta decir basta. Muy Noir. Nos inspiró muchísimo.

Foster se giró para mirarlo, alucinado. Kye estaba sentado en la barra junto a Dani y Eli, y le devolvió la mirada con una ceja alzada.

Entonces empezaron las preguntas. Un comienzo tan predecible como esperado.

¿Por qué el nombre de Queer Project? ¿Cómo se conocieron?

Tanto Eli como él se sabían de memoria todas las respuestas.

Las habían oído tanto en vivo como en vídeo miles de veces.

Pero había algo en el momento… Algo que iba más allá del carisma de Foster King, que era, muy a pesar de Kye, extraordinario.

Era ver a los tres supervivientes de un grupo que había sobrevivido a duras penas a un naufragio emocional y musical.

Era ver a tres miembros de su familia (porque los tres lo eran, el tío Jax había sido tío antes de ser «novio de» e incluso el término «novio» se le quedaba pequeño) juntos por primera vez tras semanas de tensiones y malas caras.

—… fue una revelación brutal —estaba diciendo su padre—.

Recuerdo que mi hermano West trajo un libro de historia queer al instituto; fue el primero de muchos.

Y recuerdo leer a cinco voces Maricas y sus amigas entre revoluciones , de Larry Mitchell.

¿Os acordáis de la primera vez que el libro cayó en nuestras manos?

—preguntó mirando a los dos amores de su vida—.

Nos reuníamos a la salida de clase y nos quedábamos en los jardines de atrás leyendo bajo un árbol, todo muy bucólico.

Jax y su madre sonrieron al escucharlo. Una sonrisa llena de añoranza y de sueños rotos. Y, en el caso de Julia, algo más. Estaba nerviosa, ausente, y, en esa ocasión, Kye no creía que fuera por la relación entre su exmarido y su mejor amigo.

—Y luego vinieron los libros de Audre Lorde y su antología de poemas —dijo ella—.

Nos sentíamos definidos, entendidos. Nos veíamos reflejados por primera vez en las voces de otros.

Y decidimos que queríamos ayudar a cambiar el mundo.

West cogió un boli y escribió en una hoja del cuaderno de Filosofía: « proyecto queer ».

Y, bueno, el mundo no lo cambiamos, pero ese momento, esas palabras, sí que cambiaron nuestra vida para siempre.

—No me pudo creer la enorme suerte que tuvisteis, lo que debió suponer tener esa oportunidad, el poder conocer a alguien con quien identificarte de esa forma. Y en un pueblo tan pequeño… —La voz de Foster estaba cargada de emoción.

—No vivíamos todos en el mismo pueblo —apuntó Jax—. North y West se acababan de mudar a Black Pines, y Julia y yo veníamos al instituto aquí, pero vivíamos en Dull River. Cogíamos todos los días el autobús para ir a clase. Lo mismo que Jon, que venía de Dark Hamlet, otro pueblo de mala muerte.

—Y la suerte no tuvo nada que ver. O yo no lo creo —intervino su madre—.

Cuando no encajas y la sociedad te va empujando fuera del campo, terminas en la banda con el resto de gente a la que han echado.

Los marginados. Y es como una especie de instinto, un reconocerse.

Un paria siempre reconoce a otro. Serendipia lo llamaron en un artículo que nos dedicaron en la revista Rolling Stone cuando logramos nuestro primer número uno, y quizá me guste más ese término que suerte o casualidad.

Kye miró a Daniela, que siempre defendía el concepto de tribu y cómo la gente con «la mirada» tendía a verse y reconocerse en los ojos de otros.

—¿Con quién iba a encajar yo mejor? —continuó su madre—. ¿Con Margot, la pija estirada, hija del alcalde homófobo del pueblo? ¿O con la belleza de piel de ébano, lesbiana y más pobre que las ratas, con la que me di mi primer beso bajo las gradas del campo de fútbol? Porque…

Lo que fuera a decir su madre se vio interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose y unos pasos apresurados dirigiéndose hacia el bar.

Todos se giraron a mirar. A los que estaban en la barra, un simple vistazo al frente les reveló el origen del estrépito: la agente Sommerset, también conocida como «la belleza de piel de ébano, lesbiana y más pobre que las ratas» con la que Julia Colton se dio su primer beso bajo las gradas del campo de fútbol. O Kim, a secas.

—Lo hemos encontrado —dijo la recién llegada con voz apresurada.

—¿Y cómo no me has llamado? —contestó su madre, poniéndose de pie y cogiendo la cazadora que había dejado en uno de los sillones.

—¿Porque has salido tan deprisa esta mañana que te has dejado el móvil en mi casa?

Todos estaban en silencio, pendientes de la interacción, y su padre incluso carraspeó al oír eso último.

—Ni una palabra —dijo su madre en su dirección, apuntándolos tanto a él como a Jax con el dedo índice. Luego, dirigiéndose de nuevo a la agente Sommerset, añadió—: ¿Cómo sabías que estaba aquí?

—No porque tú me lo dijeras, eso está claro.

—Hizo una pausa antes de continuar en un tono quizá un poco más desenfadado—: Ha sido muy sencillo, solo he tenido que seguir el rastro de Eau Sauvage de tu exmarido hasta aquí.

—Ante la mirada atónita de todos los presentes, añadió despacio, como si fueran tontos—: He pasado por tu casa, me lo ha dicho Eden.

—Vale, hum, pues vamos. Eh… Tenemos que posponer esto.

—Pronunció las palabras de manera atropellada, mirándolos a todos pero sin mirar a ninguno—.

Ha surgido algo, es urgente y… ¿Las chicas han firmado ya los contratos de confidencialidad?

—Ante la respuesta afirmativa tanto de ellas como de Foster, continuó—: ¿Especificaba que puede que se os pida que os ausentéis en algún momento durante el documental y que no veáis parte de la cinta hasta el montaje final?

—Sí —contestó la pelirroja—. De todas formas, ya habíamos acordado con Foster que será él quien lo monte todo.

Kye y Eli compartieron sendas miradas de confusión. ¿De qué iba aquello?

—Vale. —Su madre se pasó la mano por la cara y compartió una mirada de complicidad con su padre antes de mirar a Eli y a Kye y añadir—: Tenemos que hablar con vosotros. Es importante.

—¿Qué está pasando? —pregunto Kye, desconcertado.

—Ahora no, tengo que irme. Habíamos querido contároslo antes de empezar a grabar, en privado…, pero ahora tendrá que esperar, tengo que irme, en serio. Luego hablamos. Jax, North, ni media palabra hasta que no estemos todos, que nos conocemos.

Su madre y la agente Sommerset salieron del bar, pero, antes de llegar a la puerta, Kim se giró y le dijo a Kye:

—Por cierto, tu novio el delincuente está fuera.

—No es mi novio.

—¿Pero sí un delincuente? —preguntó ella con la ceja alzada.

—No, tampoco. Pero me he visto en la necesidad de matizar ese puntito antes. No sé muy bien por qué —dijo Kye, la última parte apenas un susurro.

Cuando las dos mujeres desaparecieron, el Nexus se sumió en un silencio extraño y expectante, hasta que North lo rompió.

—Solo para que conste —dijo, y todos lo miraron con interés, necesitando saber—, hice un anuncio para Dior hace unos años y me regalaron cientos de botes de Eau Sauvage. Todavía tengo muchos en casa. —Tras una pausa, más bajito, añadió—: Pero no me echo tanta. Y a Jax le gusta como huele.

Jax apretó los labios para no sonreír y le dio unas palmaditas en la rodilla mientras el resto lo miraba sin saber bien qué decir.

No, si ya lo había dicho antes su hermana: North Colton estaba en este mundo porque tenía que haber de todo.