Hotel Noir 6. El hotel del terror
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6. El hotel del terror

EL HOTEL DEL TERROR

FOSTER

A Foster casi se le escapa la risa ante el ultrajado «¡¿perdona?

!» del escritor rubio de vaqueros pitillo negros.

Antes no se había fijado bien en Kye Colton…

Bueno, a ver, sí, fijarse se había fijado, cómo no hacerlo; pero solo en su cara, en esa belleza que rozaba lo sobrenatural y que su pelo largo y casi blanco resaltaba aún más, si eso era posible.

Y a semejante aura se le sumaba el hecho de que el chico había aparecido en mitad de la noche con la melena y el abrigo ondeando al viento y, claro, Foster se había acojonado un poco.

Porque él era un hombre de luces, de noches brillantes, de barras de bar de apliques dorados abarrotadas de gente anónima; flashes , neones, haces de luz estroboscópica, cortos, intensos y cegadores.

Estar solo en un pueblo perdido del mundo y ver aparecer una silueta entre las sombras no era algo a lo que estuviera acostumbrado, así que no había tenido tiempo de estudiar al chico.

Pero en esos momentos, bajo la luz anaranjada de la cocina, sí podía hacerlo: botas negras de piel por el tobillo, vaqueros negros ajustados, abrigo tres cuartos gris oscuro —que ni se había quitado—, una boca perfecta fruncida en un gesto de desagrado y unos ojos azules que…

miraban a Foster como si quisieran convertirlo en piedra.

Mierda. Otra vez se había desconectado del presente.

Y aquella gente seguía hablando, de él, probablemente.

Su capacidad de desconexión era un don que Foster usaba a menudo, su arma del día a día para no escuchar las mierdas que se decían a su alrededor.

Pero acababa de entender lo que significaba eso del arma de doble filo, porque con aquella familia no quería perderse nada, eran fascinantes.

Y no lo decía como fan de Queer Project —que también—, sino por algo más profundo, más humano, aunque aún no sabía bien qué era.

—Pues mira, no, no puede ser —estaba diciendo Kye.

—El Lake View queda descartado, alguien podría reconocerlo y, aunque al grupo y a El Refugio no les vendría mal la publicidad, es mejor que, por ahora, nadie sepa que está aquí.

Y del hostal de Margot ni hablamos, es una cotilla, en tres horas lo sabría todo el pueblo.

Así que tu hotel es la mejor opción —contestó Julia a la negativa de su hijo.

—Para empezar, mamá, mi hotel aún no está abierto al público.

—¿Y para continuar? —se le escapó a Foster.

— Para continuar , tengo tantas pegas que nos pasaríamos la noche entera hablando de ello, cosa que —el muy cretino fingió tener un escalofrío, como de repelús— no me apetece nada.

—Vaya mal carácter tienes, vikinguito .

La mirada del rubio de «uy, lo que me ha dicho» hizo sonreír a Foster y reír a Eli.

Qué bien le caía esa chica; acababa de decidir que sería su aliada, su escudera.

Aunque antes tuviera que contarle lo del chico de la fiesta.

¿Era muy joven para saberlo? ¿Iba a reconocérselo públicamente a alguien que no fuera Celia? Tenía que llamar a Celia, por cierto…

—Niños, calma, empecemos con buen pie.

—Un poco tarde para eso —murmuró Kye antes de añadir—: Y que no, que en el Noir no se queda, punto.

—Es perfecto —insistió Julia—, como has dicho, está cerrado al público y aún te quedan un par de meses antes de abrir, tiempo más que de sobra.

—Ahí tienes, otra pega: tengo a gente trabajando en la planta de arriba, lo verían.

—Tienes a Gus y a sus cuatro hijos, que no solo son de confianza, sino que además ya han firmado un contrato de confidencialidad.

—¿Por qué? ¿Qué pasa en ese hotel si aún no está abierto? Ahora sí que quiero ir, tacha eso, necesito ir. Por favor.

—Tiene un bar en la planta baja al que vamos de vez en cuando a ensayar y a tomar unas cervezas. Por eso les hicimos firmar un ADC —fue Jax quien respondió a Foster, sonriendo ante la emoción que seguro pudo percibir en su voz.

—¿De vez en cuándo? —contratacó Kye—. Todos los días desde hace un mes. Vais más al Nexus que a cualquier otro bar del pueblo.

—Ay, yo aún no he ido. Estoy deseando ver cómo ha quedado —esa fue Eden, la abuela.

—Trajeron el cartel el otro día, abuela, no sabes qué bien ha quedado. —La ilusión en la voz de Eli era más que evidente.

—A ver si me paso un día de estos y lo veo.

A esa gente se le había vuelto a olvidar que Foster estaba ahí: alucinante.

—Vamos a centrarnos, por favor.

«Gracias, Julia», pensó Foster, «que se nos dispersan y yo no tengo alojamiento».

—Eso, centrémonos y busquemos a Foster King un sitio donde quedarse que no sea mi hotel.

—Kye, mira, siento que haya sido tan precipitado.

Papá, Jax y yo queríamos haber hablado con Eli y contigo antes, pero hemos tenido que adelantarlo y…

—Julia se pasó una mano por la cara, cansada, frustrada—.

Tenemos que hablar con vosotros, eso, por un lado.

Por otro, habíamos pensado que podíamos hacerlo en el Nexus.

La iluminación, el sitio en sí, poder tocar, que sea privado… , lo tiene todo.

—Podéis hacerlo en el bar, ningún problema, pero…

En esos momentos, North —seguido de Eden— volvió a entrar por la puerta trasera.

Había salido un rato antes a llevar unas fotos que le había dado su madre a la casa que, por lo visto, compartía con Jax; pero al entrar él en la cocina se hizo el silencio.

Todo el mundo empezó a intercambiar miradas con distintos grados de tensión, cariño y comprensión.

Quizá era eso lo que a Foster le llamaba tanto la atención: la comprensión que emanaba de cada uno, aunque por dentro parecieran bullir en el cabreo más absoluto.

«Ser comprendido tiene que ser bonito», pensó Foster antes de que Julia, tras una larguísima mirada a su ex, continuara hablando:

—Kye, por favor, significa mucho para mí.

Estoy teniendo un día de mierda, tengo que volver a salir en tres minutos y llevo más de veinticuatro horas sin pasar ni un segundo con mi hijo pequeño.

—Al decirlo, miró con ternura al niño de los dos nombres y luego dirigió una mirada, avergonzada pero breve, a su hija—.

¿Podrías no ponerte beligerante, aunque solo sea por hoy, y dejar que Foster duerma en tu hotel? ¿Por mí?

Parecía que el rubio iba a volver a negarse, pero la ceja alzada de su hermana —que parecía tener muchísimo significado, a juzgar por el gesto de resignación de Kye— y el resto de ojos fijos en él y pendientes de su reacción hicieron que terminara por ceder y, en un suspiro cuyo eco resonó por toda la casa —y puede que por todo el pueblo, porque dramático fue un rato—, dijo:

—Por esta noche, pero mañana hablamos.

Las respiraciones que todo el mundo parecía haber estado conteniendo salieron a la vez y el silencio que había reinado instantes antes se disipó de golpe. Fue como ver desaparecer una capa espesa de niebla.

—Yo me voy ya, no tengo casi batería en el móvil, si no pudiera cargarlo, llamadme al teléfono de la agente Sommerset, estaré con ella.

Tras decir aquello, Julia dio un beso a cada uno de sus hijos, con mayor o menor éxito, todo había que decirlo.

El pequeño se aferró a ella como un monito; costó separarlo de su madre y North tuvo que intervenir, llevándose al niño con él y haciendo amago de lanzárselo a Jax, que se puso en una posición muy teatral para recibirlo como si fuera un balón de fútbol americano, lo que logró arrancar una carcajada al más pequeño de los Colton.

La adolescente guerrillera bajó la cabeza lo justo para que el beso de su madre aterrizara en su pelo; fue un gesto de enfado, pero no rechazó el beso; fue más bien un «estoy enfadada contigo, pero sigo queriendo tu cariño».

Y el escritor se dejó hacer, pero sin mucha ceremonia.

—¿Con quién dice que va a estar? —preguntó la abuela a nadie en particular y nadie en particular contestó.

—Nosotros nos vamos, quien quiera venir a cenar a casa está invitado. He hecho canelones de atún —dijo Jax.

—Mamá, nos llevamos al enano. Lo traemos a dormir —ese fue North.

—¡Sííí! —gritó Westy encantado.

—A mí guardadme un poco, que, en cuanto deje a Foster instalado en el hotel del terror, me paso a comer algo —dijo Eli.

—¿A qué te refieres con «hotel del terror»?

— preguntó Foster con un poco de miedo, que no hizo sino aumentar cuando vio la sonrisa maliciosa que le estaba dedicando el rubio—.

¿Qué has querido decir? —insistió a Eli mientras ella cogía una cazadora de cuero negra que había sobre el respaldo de uno de los sofás.

El escritor seguía sonriendo y, aunque North ya había salido por la puerta con Westy a los hombros y con Eden intentando ponerle una cazadora sobre el pijama al pequeño, Jax se había quedado atrás y miraba a Kye divertido.

¿A qué se debía tanta sonrisita? En aquel momento, la complicidad de esa gente no le parecía tan fascinante, qué va, de hecho, lo estaba poniendo un poco nervioso.

—Mi hermano es escritor de novelas de terror y, por cierto, no lo confundas con horror en su presencia porque o le da una apoplejía o te da una masterclass sobre el tema; y yo te lo puedo resumir en cuatro palabras: son…

prácticamente… lo… mismo —dijo Eli haciendo un silencio teatral entre cada palabra mientras se ponía una bufanda naranja alrededor del cuello.

Esa chica era estupenda, cada vez le gustaba más, y encima había logrado que tuviera muchísima curiosidad por saber la diferencia entre ambos géneros o subgéneros o lo que coño fueran—.

Pues el hotel de mi hermano es temático, basado en sus novelas.

Cada una de sus habitaciones, por ahora solo tiene terminadas dos, será una escena de uno de sus libros.

Ya sabes, sangre, monstruos…, esas cosas.

—¿¿Perdona??