Hotel Mallois (Hermanas Taylor 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

Jodie no puede creer la desfachatez de la banquera y un avispero empieza a revolotear por su cabeza, aturdiéndola.

Annie Cohen es, sin duda, una de las mujeres más espectaculares que ha visto Jodie y no lo dice por su físico, sino por la fuerza que emana.

No le hace falta decir una sola palabra, con sólo existir es suficiente para que el mundo esté a sus pies. Es esa clase de mujer.

—¿A dónde vas? —pregunta Sarah cuando Jodie pasa a su lado casi corriendo.

La limpiadora se detiene en seco, cree que, si no vomita lo que piensa, acabará en el calabozo esta tarde.

—Annie acaba de salir del hotel y por el gesto que hizo… No sé qué pensar —se lamenta Jodie—. Creo que se han acostado.

Sarah se remueve, incómoda, porque ella piensa que es muy posible teniendo en cuenta que la gente poderosa se cree con derecho a hacer lo que quiere sin pensar en las consecuencias, pero prefiere no verbalizar lo que le cruza por la cabeza.

—Tranquila, no te dejes llevar por el cabreo que sientes —aconseja Sarah mirándola a los ojos—. Habla con la señora Taylor antes de hacer nada.

Jodie quiere que esos pensamientos oscuros salgan de su mente, pero le cuesta mucho controlar lo que le está martilleando el cerebro.

Asiente de forma mecánica, le toca el hombro con cariño a Sarah y avanza a pasos más pausados.

En cuanto se sube al ascensor y llega a la última planta del hotel Mallois, corre como si un perro rabioso de cuarenta kilos fuera tras ella.

Saca la tarjeta magnética y entra al ático intentando aparentar una tranquilidad que no siente.

Katherine, que está concentrada revisando unos documentos en su mesa, levanta la mirada, se quita las gafas y ensancha una sonrisa que derretiría, en segundos, al Monte Rainier.

—Hola —dice la dueña del hotel Mallois y se queda en su sitio admirando a Jodie. No podría gustarle más la chica.

—¿Qué tal? —pregunta de forma casual la limpiadora, pero a leguas se nota que algo le pasa. Los nervios son muy difíciles de ocultar.

—¿Ha ocurrido algo? —pregunta Katherine y avanza con rapidez hacia su chica, temiendo que a su madre le haya pasado algo.

Jodie la mira y ese fuego que le quemaba el pecho, ahora ha bajado unos palmos para instalarse en su vientre. Katherine está preciosa con un traje blanco inmaculado, pero lo que más le gusta es que no está en bata ni tiene el pelo mojado como Jodie pensó que la encontraría.

—No, no, todo está perfecto —una niña de cinco años mentiría mejor.

Katherine entorna la mirada y la deja clavada en Jodie. No está dispuesta a ceder, sabe que algo pasa. La limpiadora esquiva los ojos azules como puede, pero, aunque quisiera mantener la cordura, le cuesta bastante.

—¿Qué tal la reunión con Annie? —pregunta Jodie, acercándose al tema.

Katherine ladea la cabeza y su mirada se intensifica .

—Bien, como siempre. Hemos podido zanjar varios temas del nuevo hotel que me traían de cabeza.

Silencio. Katherine no dice nada más —con toda la intención— y a Jodie no le queda más remedio que soltarlo.

—He visto a Annie entrando al hotel y… —Jodie hace una pausa para respirar—. La he visto salir dos horas después. Me habías dicho que te reunirías con ella en el banco.

Katherine la mira con dureza mientras asiente y Jodie siente que ha llegado a un límite que ella ni siquiera debería tocar.

—¿Estás celosa? —pregunta Katherine asomando una sonrisa que hace enfurecer a Jodie.

—No, no lo estoy —contesta la limpiadora con el ceño fruncido—, pero sé lo que había entre vosotras… Después de estar en tu ático unas horas, atraviesa el lobby del hotel, me guiña un ojo y se marcha sin más.

Katherine reprime una carcajada, no es algo que le deba divertir, pero Annie Cohen es una cabrona cuando quiere, y eso que ya tiene cuarenta y cuatro años, aunque no por eso pierde ese aire gamberro.

—Ven conmigo —pide Katherine y avanzan hasta la cocina.

En un movimiento rápido, sube a Jodie al mármol y se pega a ella—.

No tienes por qué preocuparte por ella, ya lo hemos hablado.

Nunca hemos tenido nada serio, lo nuestro era algo carnal, pero ambas tenemos claro que más allá de eso, nada funcionaría. Ahora somos tú y yo, Jodie.

Jodie se engancha por un momento a esas facciones que ahora siente tan suyas. Sabe que ha reaccionado así de esa forma tan inmadura por el miedo a perder a Katherine, ella podría competir con las piernas infinitas de Annie Cohen, pero jamás contra su poder y dinero.

—Lo siento, yo …

Katherine la silencia mordiéndole los labios y atrayéndola más hacia ella.

—Dejemos este tema. Recuérdalo, cariño, somos tú y yo —repite Katherine mirándola a los ojos.

Jodie afirma y se abraza a la mujer que la vuelve loca, tanto, que por primera vez en su vida ha montado un servicio de vigilancia —de poco presupuesto porque solo eran ella y Sarah en sus ratos libres— para cronometrar el tiempo que la ex amante de Katherine estaba en el ático.

Suelta un suspiro y se separa de su jefa.

—Voy a comenzar a limpiar, no quisiera quedarme sin trabajo —bromea Jodie e intenta bajar del mármol. Katherine se lo impide.

—El ático está impoluto —dice la rubia—. Hoy no harás nada, quiero comentarte un tema. ¿Por qué no te pones algo cómodo y te espero en la terraza?

Jodie acepta, además de estar agotada, es verdad que la casa de Katherine no tiene ni una mota de polvo. Cada día que está allí se esfuerza en limpiarlo a conciencia y su jefa tiene la gratitud de mantenerlo en el mismo estado.

Veinte minutos después, y tras una ducha, Jodie sale a la terraza y se sienta junto a Katherine, que le entrega un té de canela que últimamente le gusta mucho. Toma un sorbo de la bebida y le hace una seña a Katherine para que le comente eso tan importante.

—¿Qué te parece Blake Johnson para el puesto de jefa del servicio de limpieza?

Jodie no tiene que pensarlo.

—Me parece perfecta. Cuando entré al Mallois, trabajamos varios meses juntas, tiene mucha experiencia, es cordial con los compañeros y sobre todo entiende las necesidades de cada uno. Tenerla como responsable directa fue una maravilla .

Katherine afirma y bebe un sorbo de té.

—Marjorie propuso cambiar la estructura del servicio, nos explicó que no era necesario tener coordinadoras si ella estaba a la cabeza y podía dirigirlo todo —Katherine hace una mueca—. Desde luego, un error por mi parte aceptarlo.

—Si estás pensando en Blake, creo que sería un gran acierto —se reafirma Jodie, intentando sacar a Marjorie de la conversación. Esa mujer le genera mal cuerpo.

—Ha pasado varios de los filtros que hemos considerado para la nueva jefa del servicio.

Lamir habló con ella para saber qué pensaba sobre un ascenso y está más que dispuesta.

Solo me faltaba tu opinión para confirmar que Blake es la indicada.

Además, me gusta el hecho de que sea más joven que Marjorie, según su ficha cumplió los treinta y cinco hace poco, quizá ese cambio también sea bueno entre el personal y se sientan más cómodos tratando con alguien que no nació en el pleistoceno.

Jodie sonríe divertida mientras imagina a Marjorie convertida en dinosaurio.

Aunque lo que más le gusta es que Katherine la involucre en estas decisiones, porque solo le reafirma que lo de ellas va en serio.

Se siente de nuevo estúpida por actuar así ante la visita de Annie y abre la boca para volver a disculparse, pero su jefa se adelanta.

—Ya zanjado este tema, quiero hablarte del más importante —dice Katherine y deja la taza en la mesilla—.

El hotel Magnolis tiene que comenzar la próxima semana con la preapertura, esto significa tener a todo el personal contratado para que se hagan con las instalaciones antes de la apertura oficial dentro de dos meses.

Ya tenemos cerrados muchos contratos y los responsables de cada servicio tienen que estar en unos días en el hotel para coordinarlo todo.

Me falta un jefe de cocina, Jodie, y por más que le he dado mil vueltas, no veo a nadie más indicado que tú para ese puesto .

Eso Jodie no se lo esperaba. Katherine levanta la mano para que no hable.

—Sé lo que vas a decirme, pero eres una excelente cocinera y una jefa increíble.

Te vi dirigir un servicio sin preparación previa aquel día en el salón privado.

Tienes grandes ideas y tus platos son de escándalo, además, ya tienes experiencia.

Te quiero para mi hotel porque ese es tu lugar y porque no puedo seguir soportando que mi chica venga a mi casa a limpiar en vez de a verme.

No me malinterpretes —dice Katherine para explicarse bien—, no me importa a qué te dediques, pero te presento una oportunidad que nos beneficia a las dos y creo que allí serás más feliz, en tu cocina.

Jodie lleva tanto rato con el corazón acelerado que sentiría que puede morir de un infarto si no se encontrara en el hotel con más desfibriladores de toda Nueva York.

Es una mezcla de felicidad, miedo e ilusión que hace que su cabeza se embote y no pueda pensar con claridad.

Claro que sería feliz en la cocina del Magnolis, siendo ella quien dirija el servicio, innovando con platillos, volviendo a su lugar.

Le cuesta pronunciar palabra y cuando lo hace, suelta la frase más tonta que ha dicho en su vida.

—¿Me lo puedo pensar?

Katherine repite el gesto de hace un rato, ladea la cabeza y la enfoca con su azul más brillante.

—¿De verdad necesitas pensarlo? —pregunta, conocedora de la respuesta. Porque Jodie se muere de ganas de volver a una cocina, pero los nervios la están traicionando.

Jodie se despoja de la incertidumbre por un momento. Esos ojos están cargados de hechizos.

—No, no necesito pensarlo. Quiero ser la jefa de cocina del hotel Magnolis —dice y sabe que esa respuesta ha valido la pena. La sonrisa más bonita del mundo, se expande frente a ella.