Hotel Mallois (Hermanas Taylor 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

Jodie Sinclair bufa cuando revisa su hoja de tareas y observa, con disgusto, que vuelve a tener una cantidad de trabajo imposible de llevar por una sola persona.

Esta vez son dieciséis habitaciones y ella sabe, perfectamente, que no acabará su turno a la hora habitual.

Hoy, Jodie, está algo irascible, pasó la noche en su casa y durmió poco.

Le costó conciliar el sueño porque echó mucho en falta el cuerpo caliente de Katherine Taylor a su lado.

Por la mañana se tiró el café encima y, en la estación, el metro se le fue en sus propias narices.

Ahora llega al hotel y se encuentra con semejante cantidad de faena y duda si ir a plantarle cara a Marjorie o, por el contrario, dejar de perder el tiempo y coger su carro para empezar el tour por las habitaciones.

Opta por lo segundo y en menos de diez minutos está cambiando las primeras sábanas.

—¿Comemos juntas? —pregunta Sarah, que se topa con su compañera en uno de los pasillos.

Jodie niega con la cabeza mientras coge una torre de toallas de su carro.

—Hoy no tendré tiempo, me queda la mitad del trabajo y mira la hora que es —explica con gesto de enfado—, llegaré tarde al ático.

Sarah aprieta los labios. Fue la primera en aconsejar a Jodie para que tuviera paciencia, pero ahora cree que la responsable del servicio de limpieza se está pasando.

—Es momento de quejarte, Jodie —dice la otra limpiadora y se planta frente a ella—. Está bien que quieras conservar tu puesto, pero esto es demasiado.

—Lo sé, pero… —Jodie se pasa la mano por la cara y suspira—. No quiero que parezca que me estoy aprovechando ahora que salgo con Katherine.

Sarah frunce el ceño y gira el cuello para comprobar que están solas.

—Antes de que salieras con la señora Taylor, Marjorie ya la tenía tomada contigo, pero ahora parece que ese hecho ha aumentado su molestia —le dice en voz baja—. No es aprovecharte, es hacer valer tus derechos.

Jodie no dice nada, hace una mueca con los labios y Sarah entiende que la conversación ha acabado, así que se despide de su amiga y empuja su carro para seguir trabajando.

Con más de una hora de retraso, la limpiadora atraviesa la puerta del ático y a Katherine se le ilumina la mirada al verla, pero ha tenido una mañana tan ocupada, que la dueña del hotel Mallois no se había dado cuenta de lo tarde que era.

—Hola —dice la rubia mientras se levanta para acercarse a Jodie—. ¿Ha pasado algo?

A Jodie se le olvida lo cansada que está al sentir los labios suaves de Katherine y esa mano que ha posado en su cintura para atraerla más a ella.

—No —susurra la limpiadora con la mirada clavada en los labios de Katherine—. Siento el retraso.

La mediana de las Taylor sonríe porque le encanta el gesto de Jodie siempre después de besarla, como fascinada.

—¿Puedo sentarme unos minutos? —pide la limpiadora, que necesita una tregua.

A Katherine le parece todo muy raro.

—No tienes que preguntarlo, lo sabes —dice y lleva a la limpiadora directa hacia el sofá—. Pero me tienes que contar qué ha pasado.

Otra vez la indecisión de Jodie respecto a Marjorie se hace presente.

Su mente se parte en dos cuando piensa en Katherine como su jefa, pero también como la mujer con la que comparte sábanas.

Si la rubia no fuera la dueña del hotel donde trabaja, Jodie no dudaría en contarle a su chica todo lo que pasa con la tiparraca que tiene como encargada.

—Cariño… —la llama Katherine y Jodie reacciona ante ese mote afectuoso.

—Hoy tuve más trabajo del habitual —explica expulsando el aire por la nariz—. Por eso he llegado tarde, he tenido que acabarlo todo antes de venir.

Katherine permanece impertérrita. Por fuera su expresión es seria, pero por dentro un huracán se apodera de ella y esta vez decide que no va a dejarlo pasar.

—Hablaré con ella —zanja y se pone de pie.

Jodie también se levanta, nerviosa, y la detiene cogiéndola por la mano.

—Solo ocurre puntualmente y…

Katherine levanta una ceja y la interrumpe.

—¿Cuántas habitaciones has hecho hoy? —pregunta con voz glacial.

—Dieciséis —responde Jodie después de pensarlo unos segundos.

—¿Has comido? —vuelve a interrogarla Katherine sin alterarse, pero con ganas de arrasarlo todo a su paso.

—No .

—Entonces, ¿a ti te parece normal que una empleada haga casi el doble de trabajo que debería hacer y ni siquiera tenga tiempo de comer?

Además de salir más tarde de lo que marca su horario —inquiere Katherine, pero sigue hablando—, porque eso no lo quiero en mi hotel, Jodie.

Lo confieso, me jode mucho que te lo haga a ti, pero si fuera a otra empleada, tampoco lo permitiría.

Esto ya es acoso, y no es lo primero que escucho sobre Marjorie, a Mike también le han llegado algunas quejas desde que está haciendo preguntas sobre ella.

Jodie sabe que Katherine tiene razón y que, si ella no fuera una mujer tan controlada, ya se habría enfrentado a Marjorie sin que le importasen las consecuencias, pero, a pesar de ser una mujer de armas tomar, siempre ha tenido como prioridad mantener ese trabajo que tan bien le paga para poder hacer frente a todas sus deudas y responsabilidades.

—Soy consciente de lo que pasa, pero no quiero perder mi trabajo, Katherine —expone Jodie y vuelve a sentarse en el sofá—. Pondré una queja formal con el director, no solo por mí, si no por todas las que la soportamos y tenemos miedo de hablar por si acabamos en la calle.

Katherine se aprieta tan fuerte el puente de la nariz que un calambrazo de dolor le atraviesa la cara. No puede creer que esto esté pasando en el Mallois.

—La queja ya la has puesto, Jodie, y yo misma hablaré con ella —contesta con tal firmeza que la limpiadora no dice nada—.

Necesito que vayas al Magnolis con Mike, el servicio de limpieza lleva toda la mañana allí y quiero que supervises que todo vaya según lo que he pedido.

Aunque antes dile que pare en algún sito que te guste para que comas algo.

Jodie asiente y se levanta para acercarse a Katherine.

Las dos conectan sus miradas y se pierden por unos segundos en la tranquilidad que sienten cuando están juntas.

Se besan con lentitud y, cuando Jodie rompe el beso para marcharse, Katherine la atrae hacia ella, la abraza, le deja otro beso y, ahora sí, la deja ir.

En cuanto la limpiadora sale del ático, Katherine lo hace unos minutos después con el objetivo de encontrar a la jefa del servicio de limpieza. Respira con calma mientras camina por los pasillos de su hotel, lleva dándole vueltas al asunto y lamenta no haber frenado la situación tiempo atrás.

—Señora Taylor —dice Marjorie con sorpresa cuando observa a Katherine entrar en su pequeña oficina y cerrar la puerta tras ella. No suele ser lo normal.

Katherine, con parsimonia, se sienta en una silla frente a Marjorie.

—Quería zanjar unos temas contigo —dice la dueña del hotel y cruza una pierna con elegancia.

—Sí, claro. Usted dirá en qué puedo ser útil —responde Marjorie, mansa.

—Eso sería interesante, parece que hace mucho tiempo que no lo eres —contesta Katherine, dejando a Marjorie con la boca abierta—. He recibido muchas quejas sobre ti y no estoy dispuesta a seguir tolerando tu actitud.

Algo en el cerebro de Marjorie se activa y entiende que algo está a punto de pasar. No sabe si es por puro instinto, pero juega su carta más arriesgada, dispuesta a todo con tal de conservar su puesto de trabajo.

—Si se refiere a la chica esa… Su amiga —su voz consigue un tono de ironía—, está claro que se vale de su condición y, tal como usted ha repetido en varias ocasiones, aquí todos somos iguales. Ella no tiene por qué tener privilegios.

Katherine eleva sus cejas al cielo. No puede creer la cara dura que tiene esa mujer.

—Jodie Sinclair es el nombre de esa chica a la que te refieres.

No es que ella no pueda tener privilegios, es que le tienes el pie puesto en la nuca desde que llegó a este hotel y además de a ella, también te cebas con otras empleadas sin ninguna razón.

Esa no es la política del hotel y como tú te esfuerzas en no seguirla, aquí ya no eres bienvenida.

A Marjorie se le acelera el corazón porque, claramente, su jefa la está despidiendo con palabras sutiles, pero ella no va a pasar por ese aro; lo que ella sabe tiene mucho peso, o eso piensa ella.

—¿Y dónde queda esa política y ética cuando la propia dueña del hotel se acuesta con una de sus empleadas? —dispara la mujer.

Katherine sonríe ampliamente y se acerca, peligrosamente, a Marjorie. La mesa las separa, pero eso no le impide a la encargada de Jodie Sinclair sentir miedo.

—Es una bajeza por tu parte que señales eso, pero como suponía que lo harías, te lo voy a aclarar.

A quién le coma el coño es solo mi problema, no el tuyo —suelta Katherine con palabras malsonantes y se encoge de hombros—.

Lo único que debe preocuparte es conseguir un sitio que te dé trabajo a partir de hoy.

Marjorie palidece, sabe que a su edad es complicado conseguir un puesto estable y sobre todo como el que tenía en el hotel Mallois, donde el horario y la paga eran excelentes y su cargo le confería cierto poder.

—Llevo tiempo dejándote pasar muchas cosas porque, sinceramente, no tengo ninguna queja del servicio que lideras, pero trabajas con personas, Marjorie, y en mi hotel hay algo que se llama respeto y humanidad.

No es porque acoses a Jodie, es porque también parece que te has marcado como objetivo sobrecargar a tu personal tanto que las chicas acaban tan agotadas que prefieren no seguir aquí trabajando.

—Eso no es cierto —se levanta Marjorie de su silla.

Katherine levanta la mano para que la deje hablar.

—Lo es y lo sabes. En los últimos seis meses se han ido más limpiadoras que en todo el tiempo que lleva el hotel abierto.

Mi gente ha investigado y hemos corroborado que se han ido por tu culpa —miente a medias Katherine.

Mike se ha encargado de recabar cierta información, pero era tan ambigua que ella quiso darle una oportunidad a Marjorie hasta que se empeñó en joder a Jodie—.

Te deseo suerte, pero te quiero fuera de mi hotel.

Lamir Kumar se hará cargo de tu finiquito y todo lo relacionado con tu despido.

Marjorie se queda petrificada mientras observa a Katherine Taylor levantarse de la silla y salir de la que hasta hoy es su oficina.

La dueña del hotel Mallois sabe que ha hecho lo correcto, en su hotel no se maltrata a su personal, pero, sobre todo, jamás permitirá que nadie le haga daño a la chica de la que se está enamorando.